Una noche.
Un error que no recuerdo.
Y ahora… estoy embarazada.
No sé quién es el padre.
Pero él sí sabe quién soy yo...
Espero te guste.📌💢
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Capítulo 21
Aylin no durmió bien.
No era por el cansancio.
Era por la decisión.
Desde la tarde anterior, algo había cambiado en su cabeza. Ya no era solo evitar el problema… era saber que tenía que enfrentarlo.
Y eso la tenía inquieta.
Se sentó en la cama, aún en silencio, mirando el reloj.
—Hoy… —murmuró.
No terminó la frase.
Pero la idea estaba clara.
En la cocina, su mamá ya estaba despierta, revisando el celular mientras tomaba café.
—Mira quién decidió aparecer —dijo sin levantar la mirada.
Aylin suspiró, pero se acercó igual.
—Buenos días.
—Ajá… hoy suenas más viva.
Aylin abrió la nevera, pensó un segundo… y sacó yogurt.
Su mamá levantó la vista de inmediato.
—Ok, esto sí es nuevo.
—¿Qué?
—Estás comiendo sin que te obligue. Estoy orgullosa.
Aylin rodó los ojos, pero esta vez no discutió.
Se sentó.
Comió despacio.
Y eso… no pasó desapercibido.
Su mamá la observó en silencio unos segundos.
—¿Ya decidiste algo?
La pregunta fue tranquila. Sin presión.
Aylin dejó la cuchara en el vaso.
—Sí.
Silencio.
Su mamá no habló. Esperó.
—Pero no hoy —añadió Aylin.
—¿Entonces cuándo?
—Pronto.
Su mamá asintió lentamente.
—Bueno… mientras no me salgas con una sorpresa en el hospital, todo bien.
Aylin no pudo evitar soltar una pequeña risa.
—Qué exagerada.
—Te conozco.
Y ahí estaba otra vez ese equilibrio: ligera… pero atenta.
El camino al trabajo se sintió más largo de lo normal.
Aylin iba mirando por la ventana, perdida en sus propios pensamientos.
No estaba asustada.
Pero tampoco tranquila.
Era… ese punto incómodo donde sabes que algo importante va a pasar.
Y no puedes evitarlo.
Cuando llegó a la oficina, todo parecía normal.
Demasiado normal.
Se sentó, encendió el computador… pero no avanzó.
Su mente estaba en otra parte.
—Aylin.
Cerró los ojos un segundo antes de mirar.
Kael.
—Necesito que vengas.
Directo. Como siempre.
Ella asintió sin discutir.
Se levantó y lo siguió.
Dentro de la oficina, Kael cerró la puerta.
No habló de inmediato.
La miró.
Y esta vez… no era una mirada de análisis.
Era más… directa.
—¿Ya estás mejor?
Aylin sostuvo su mirada.
—Sí.
Verdad.
—Bien.
Silencio corto.
—Tenemos que revisar unos cambios del proyecto.
Aylin asintió, acercándose al escritorio.
Kael le mostró algunos documentos, explicando lo necesario.
Trabajo.
Solo trabajo.
Y eso… ayudó.
Porque por unos minutos, Aylin dejó de pensar en todo lo demás.
Se concentró.
Respondió.
Opinó.
Y él la escuchó.
De verdad.
—Esto no está mal —dijo Kael al final.
Aylin alzó una ceja.
—¿Eso fue un cumplido?
—Fue una observación.
—Claro.
Pero no sonaba molesta.
Cuando terminaron, Aylin no se movió de inmediato.
Kael lo notó.
—¿Algo más?
Ahí estaba.
El momento.
Aylin dudó.
Un segundo.
Dos.
—Sí.
El ambiente cambió.
No drástico.
Pero sí… más serio.
Kael dejó los documentos a un lado.
—Te escucho.
Aylin respiró hondo.
Pero no dijo nada.
Aún no.
—No es fácil —murmuró.
Kael no interrumpió.
Solo esperó.
Y eso… le dio espacio.
—Lo que te pasa… —añadió él—, ¿tiene que ver con lo que no me estás diciendo?
Directo.
Pero sin presión.
Aylin lo miró.
Y por primera vez…
no quiso evitar la pregunta.
—Sí.
Silencio.
Real.
Kael asintió levemente.
—Entonces dime qué es.
El corazón de Aylin se aceleró.
Pero no retrocedió.
—No puedo explicarlo todo ahora.
Kael no se molestó.
—Empieza por algo.
Simple.
Eso… la ayudó.
Aylin bajó la mirada un segundo.
Su mano se tensó ligeramente.
—Estoy… pasando por algo que va a cambiar muchas cosas.
Kael no reaccionó de inmediato.
Pero su mirada no se apartó.
—¿En qué sentido?
Aylin levantó la mirada otra vez.
—En todos.
Silencio.
Kael se recostó apenas en la silla.
Pensando.
—¿Es algo grave?
La pregunta fue diferente.
Más… personal.
Aylin negó suavemente.
—No.
Pausa.
—Pero es importante.
Kael asintió.
—Entonces no lo estás manejando bien.
No fue ataque.
Fue conclusión.
Aylin soltó una pequeña exhalación.
—Lo sé.
Y eso…
ya era mucho.
Porque antes no lo habría admitido.
El silencio volvió.
Pero no incómodo.
Más bien… cargado.
Como si ambos entendieran que estaban en medio de algo que aún no tenía nombre claro.
—No voy a presionarte —dijo Kael después.
Aylin lo miró, sorprendida.
—Pero tampoco voy a ignorarlo.
Ahí estaba otra vez.
Firme.
Pero justo.
Aylin asintió.
—Está bien.
Cuando salió de la oficina, su corazón seguía acelerado.
Pero ya no era solo nervios.
Era… decisión.
Porque esta vez…
sí había empezado.
No había dicho todo.
Pero tampoco había huido.
Y eso…
era un cambio real.
Esa noche, en su habitación, Aylin se sentó en la cama.
El silencio la rodeaba.
Pero ya no era pesado.
Era… claro.
Se llevó la mano al vientre, como ya era costumbre.
—Siete semanas…
Lo dijo en voz baja.
Más consciente que nunca.
Cerró los ojos un momento.
—Ya no puedo seguir aplazándolo…
No a su mamá.
No a Kael.
No a ella misma.
Abrió los ojos lentamente.
Y esta vez…
no había duda.
—Mañana.
Una sola palabra.
Pero suficiente.
Porque ahora sí…
iba a decirlo.