Black fue uno de los asesinos cazarrecompensas más temidos del Clan Luna Negra, hasta que un desamor y el alcohol lo empujaron al Bosque Oscuro, donde debía morir.
Pero sobrevivió… pagando un precio.
Un collar sellado con un anillo lo convierte en el guardián espiritual de Daily, la nueva y más joven líder del clan Yshir, cuyo poder es más una maldición que una bendición. Ex cazadora de monstruos y demonios, Daily está convencida de que el amor es una estupidez innecesaria.
Atados por un sello divino que ninguno pidió, deberán convivir mientras fuerzas hambrientas de poder, monstruos, demonios y antiguos secretos se alzan. Fingir que no sienten nada será parte del trato… porque cuanto más intenten romper el vínculo, más cerca estarán de perderse a sí mismos.
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Donde empieza el vínculo
No hubo anuncio.
No hubo despedida.
Daily simplemente caminó.
La residencia del clan Yshir dormía bajo una quietud tensa. Las antorchas espirituales iluminaban los corredores de piedra con una luz azul tenue, reflejándose en los vitrales antiguos que narraban la historia de la diosa que impuso el sistema de clanes.
Durante siglos, ese lugar había sido símbolo de orden.
Esa noche se sentía como una jaula.
Daily avanzó sin escolta.
Solo vestida con ropa de viaje oscura, ligera, preparada para moverse sin ser detectada.
Su padre sabía.
No la detuvo.
Néstor la observó desde la terraza más alta mientras ella cruzaba el patio central.
No hubo palabras entre ellos.
No eran necesarias.
Porque él también lo había sentido.
El tirón.
Ese quiebre invisible en el equilibrio.
El vínculo activado no era una formalidad política.
Era real.
Y ahora estaba incompleto.
Daily cruzó el portal menor que conectaba el territorio del clan con el mundo exterior. El aire cambió al instante. Más frío. Más pesado.
Cerró los ojos.
Respiró.
Ahí estaba.
Una línea tenue.
Un hilo casi imperceptible que tiraba desde algún punto lejano.
No sabía el lugar.
Pero sí la dirección.
El anillo no estaba en su mano.
Y aun así lo sentía como si ardiera bajo su propia piel.
Como si algo dentro de su pecho latiera con un ritmo que no era suyo.
Dio el primer paso fuera del territorio protegido.
El suelo respondió.
No con luz.
Con vibración.
La conexión no era mental.
Era física.
Cada vez que avanzaba, el hilo se tensaba.
Dolía.
Pero no era un dolor que quisiera cortar.
Era uno que necesitaba seguir.
Caminó durante horas hasta dejar atrás las zonas habitadas.
El bosque la recibió con ramas altas y sombras largas. El viento susurraba entre los árboles como si murmurara advertencias.
No tenía mapa.
No tenía coordenadas.
Solo tenía esa sensación creciente.
En algún momento se detuvo.
El dolor en su pecho aumentó de repente.
No como una punzada.
Como un eco.
Cerró los ojos.
Y lo vio.
No claramente.
Fragmentos.
Oscuridad.
Cadenas.
Un destello carmesí inestable.
Su respiración se volvió más profunda.
No era una visión externa.
Era memoria compartida.
El vínculo estaba intentando completarse.
—¿Dónde estás…? —susurró, sin saber si hablaba con él o consigo misma.
El viento se agitó.
Las hojas del bosque se elevaron en una espiral breve.
Su energía respondió instintivamente.
Un círculo de luz tenue se expandió bajo sus pies.
No había activado nada conscientemente.
El sello estaba reaccionando solo.
Eso la hizo entender algo que el Consejo aún no comprendía:
El anillo no eligió por estrategia.
Eligió por resonancia.
Se arrodilló un instante, apoyando una mano en el suelo.
Sintió la dirección con mayor claridad ahora.
Más al este.
Más profundo.
Y más peligroso.
Porque la energía que rodeaba el hilo no era neutra.
Era densa.
Artificial.
Alguien lo estaba conteniendo.
Su expresión cambió.
Ya no era solo preocupación.
Era determinación.
No iba como líder del clan.
No iba como sucesora obligada.
Iba como el otro extremo de un vínculo que ya estaba marcado.
Se levantó.
Y entonces ocurrió algo que no esperaba.
El dolor desapareció por un segundo.
Reemplazado por una sensación distinta.
Calor.
Como si alguien hubiera intentado sostenerse desde el otro lado.
Sus dedos se cerraron en el aire.
—Resiste —murmuró.
No sabía si él podía oírla.
Pero sabía que, de alguna forma, la conexión estaba viva.
La noche avanzó.
Las estrellas comenzaron a cubrir el cielo.
El bosque se volvió más denso.
Y el hilo se hizo más fuerte.
Ya no era una intuición.
Era una dirección.
Y cuanto más avanzaba, más claro se volvía algo inquietante:
No solo ella seguía el vínculo.
El vínculo también la estaba guiando.
Y en algún lugar oscuro, sellado por fuerzas que no pertenecían a su clan…
Black respiraba dentro de un círculo de contención que comenzaba a agrietarse.
Porque el sello no estaba incompleto.
Estaba despertando.
Y cuando ambos extremos se encontraran…
No sería el equilibrio lo que regresaría.
Sería algo nuevo.