María, enamorada del príncipe de sus sueños como toda doncella, todo a su alrededor caera cuando descubra que no todo lo que creía, era real, y la desilusión la lleva a tomar una decisión, un sacrificio que cambiará su vida y la de todos los reinos.
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CAPÍTULO 22
Aquiles volteo su cabeza, tratando de ocultar su vergüenza y claro que eso no pensaba aceptar todo lo que le dijo; después de unos segundos de silencio, molesto se da media vuelta y dice. – Estás diciendo tonterías, mejor cállate y ve por Mía para que la cuide el resto del día, yo tengo cosas que hacer como para perder tiempo con esa mujer inservible.
Jack no dejaba de reírse de él y eso solo hacía que sintiera vergüenza, pero al mismo tiempo lo hacía sentirse molesto; no le respondió nada más, aunque si lo escuchó decir. – Aquiles, el amor no es tan malo, aunque te haga sentir mariposas en el estómago.
Aquiles enfurecido cierra la puerta de su camerino con fuerza, no le gustaba nada lo que le estaba diciendo y molesto se va a la cubierta; mira a todos lados por un momento y enfurecido empieza a decir. – A todos los quiero aquí en la cubierta.
Sus hombres rápido se pusieron en fila de un lado y las mujeres del otro lado a todos los tuvo en filas por casi 30 minutos sin decir nada, estaba pensando en lo que Jack le dijo, pero lo que más lo tenía molesto era que ella le hablaba a Carlos; estaba sumergido en sus pensamientos, hasta que una de las jóvenes se mueve hasta quedar recargada en el barandal del barco, se sentía cansada de estar parada, pero ese fue un gran error.
Aquiles terminó desquitando todo su coraje en ella, se le paró enfrente, la miró con desprecio, pensando en que no dejaría que nadie más fuera en contra de sus órdenes, ahí era el dueño de todo, hasta de sus vidas si así lo quería; enfurecido le ordenó que tomara una un balde con agua y un trapo para limpiar toda la cubierta, mientras que a las otras mujeres tenían que verla.
Sus hombres solo se le quedaban mirando, solo con verlo se dieron cuenta que estaba molesto por algo y cuando él estaba así era mejor seguir sus órdenes, se quedaron quietos, esperando que ese coraje no lo dirigiera a ellos, nadie quería sufrir su enojo, sabían muy bien que esos los haría terminar en cama y si bien les iba sería solo un mes, por esa razón mejor obedecían sin protestar.
La joven sintió tanto miedo, que no pudo ni hablar, solo hizo lo que le ordenó y las otras señoritas solo se quedaron paradas, viendo como la hacía limpiar una y otra vez el piso, la estaba torturando, humillando o mejor dicho desquitando su coraje con ella; nadie quería molestarlo tenían su cabeza agachada, tratando de evitar que volteara a verlas.
Así estuvo casi una hora gritándole a la joven hasta que llegó Omar, que al verlo tan alterado se acercó y tratando de sonar tranquilo le dice. – Estás enojado y te desquitas con ella.
Creo que estás molesto porque sabes que María está enferma por tu culpa y ahora ¿que estás buscando? enfermar a otra jovencita, que no aprendiste que eso no es bueno; recuerdas que solo tienes una cama en tu camerino, que no puedes meter a otra mujer ahí y en este momento ya está ocupada por María.
Aquiles voltea a verlo y estaba por tomarlo del cuello, no le gustó nada lo que le dijo, en ese momento que casi lo tomaba del cuello, escucha la voz tranquila de Marcos diciendo. – Omar déjalo en paz o terminarás en la jaula y que no sabes que él nunca deja que nadie se suba a su cama, si María está ahí seguro de que es por algo más, no va a dejar que nadie más entre a su camerino.
Mujercitas será mejor que se cuiden bien, porque ninguna va a tener ese privilegio de que el capitán las cuide; yo más bien les recomiendo mantenerse alejadas de él, porque si no logra que María ceda a sus peticiones, seguro terminan pagando todas ustedes los platos rotos.
Omar y Marcos se empezaron a reír al ver el rostro rojo de Aquiles, los dos se dieron cuenta que lo dicho lo hicieron sentir vergüenza, aunque tambien lo estaban haciendo enojar, pero ellos sabían que mientras se sintiera así no les haría nada.
Ellos no se equivocaron, Aquiles se sentía tan avergonzado y aunque deseaba callarles la boca no sabía como hacerlo, porque lo que estaban diciendo era la verdad, nunca hubiera dejado que una mujer se subiera a su cama sin su permiso y menos para cuidarla de una enfermedad, más bien dejaría que una mujer se metiera en su cama para satisfacer sus necesidades fisiológicas.
Aquiles miraba que las mujeres y sus hombres se le quedaron viendo mientras que Omar y Marcos no dejaban de reír; solo hicieron que su vergüenza aumentara y enfurecido dice. – todos regresen a su trabajo y tú mujer sigue con lo que te he ordenado, más te vale que toda la cubierta esté limpia para cuando el sol se meta.
El resto de las mujeres vayan a sus camerinos y se ponen a limpiarlos, más les vale que todo esté limpio para cuando el sol se meta, si no lo está tendrán que hacer mucho más mañana, porque aquí no están como princesitas, tienen que hacer algo para ganarse la comida.
Después de decir eso se va a donde está el timón, ignoró a Omar y Marcos, que no dejaban de reírse; al llegar quitó al que lo estaba cuidando para quedarse él a seguir el camino del barco.
Ese lugar era el más tranquilo donde casi nadie quería estar, pero era donde más le gustaba estar, donde nadie lo molestaba y en esos momentos realmente quería paz, tranquilidad, a nadie preguntándole sobre María o mencionándosela.
Solo quería despejar su mente, entender sus sentimientos y mas que nada dejar de pensar en María.