💔🔥 ZADDY: ¡Recuperando a mi Esposa! 🔥💔
Perdió a la mujer de su vida... Ahora hará lo imposible para recuperarla.
Gerónimo Báez lo tenía todo: poder, éxito y una esposa leal que lo amó por más de veinte años. Marla Andrade de Báez, una mujer fuerte y empoderada, fue su compañera incondicional… hasta que él lo arruinó todo.
🔥 La crisis de los 40 lo golpeó.
💣 Un error. Un desliz. Una traición imperdonable.
Marla no era una mujer que se quedara llorando. Con dignidad, lo dejó atrás. Se convirtió en la versión más poderosa de sí misma, mientras el mundo la aplaudía… y él la veía desde la distancia.
💔 Gerónimo ahora es el villano de su historia.
Pero hay algo más, algo que nadie ha visto… y que él no puede revelar.
🔹 La verdad está oculta entre mentiras y apariencias
🔹 Las pruebas lo condenan.
🔹 El mundo la alienta a seguir adelante sin él.
Pero Gerónimo no está dispuesto a rendirse.
🔥¿Su amor será suficiente para obtener una segunda oportunidad?
🔥¿O Marla seguirá adelante…?
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22.El último adiós.
POV MARLA.
Corro por los pasillos pidiendo ayuda.
—¡Por favor, necesitamos un médico urgente! —grito con todas mis fuerzas.
Uno de los escoltas toma su radio y llama de inmediato.
—Señora, el equipo médico ya viene.
—Gracias… —digo con la voz entrecortada, sintiendo que el alma se me escapa. Mi mente es un caos.
Solo de pensar en lo que está viviendo Arnold, me desarma.
Los hijos son la mayor ilusión y alegría de nuestra vida. Con ellos celebramos sus triunfos y sufrimos sus derrotas…
Pero... ¿cómo se asimila que has criado a un monstruo?
Que la persona que trajiste al mundo ha atentado contra la mujer que le dio la vida... contra el amor de su vida...
El solo pensarlo hace que las lágrimas rueden sin control por mis mejillas.
Samantha era mi amiga. Me tendió la mano cuando llegué por primera vez a este país. Siempre alegre, siempre servicial… y ahora... saber que su propia hija le arrebató la vida.
Los paramédicos llegan corriendo.
—¿Dónde está el paciente? —pregunta uno de ellos con urgencia.
Intento responder, pero mi voz no sale. Apenas logro señalar la puerta de la oficina con un dedo tembloroso.
Ellos no pierden tiempo y entran apresurados.
Los sigo.
Dentro, la imagen me golpea como una bofetada.
Mi esposo está allí, con el rostro cargado de tristeza, las mejillas húmedas de tanto llorar.
Los paramédicos lo apartan con delicadeza.
—Senador, por favor, necesitamos espacio.
Pero Gerónimo no reacciona.
Me acerco y lo tomo de la mano. Sus pasos son lentos, pesados, como si sus pies fueran de plomo.
Los paramédicos suben a Arnold a la camilla e intentan reanimarlo, pero en sus ojos veo la verdad antes de que la digan en voz alta.
Me aferro a Gerónimo, temblorosa, abrazándolo con fuerza.
—Lo siento, senador… —dice el médico con voz grave—. No pudimos hacer nada.
Un sollozo se me escapa.
Sé que Gerónimo se siente culpable, pero no había otra forma de decirle la verdad sobre su hija. Hubiese sido peor, incluso cruel, que se enterara por las noticias.
—Hora del fallecimiento: 12:40 PM —anuncia el médico.
Silencio.
Y el peso de la tragedia nos aplasta, como una avalancha de remordimientos que nos atraviesa el alma sin piedad.
Pero, por doloroso que sea, no había otra Manera…
****
Mientras el dolor nos consume por la pérdida de Arnold, en otro punto de la ciudad, la justicia finalmente alcanza a Brenda.
La orden de captura ha sido emitida. Las pruebas son contundentes.
Brenda no solo lavaba dinero, también era la encargada de engatusar a jovencitas con el sueño de ser modelos, solo para venderlas al mejor postor.
Ahora, con el reconocimiento facial de los delincuentes que tienen a mi doble, la captura no puede esperar más.
—Procedan con la detención —ordena el coronel de las fuerzas armadas—. Protejan a la agente infiltrada.
La escena se desarrolla como en una película de acción.
Dentro del vehículo en movimiento, la agente infiltrada, con los reflejos afilados por el peligro, desliza la mano hasta su muslo, donde esconde una pistola. En un parpadeo, le dispara a uno de los hombres a su lado.
El otro reacciona demasiado tarde. Ella lo aturde con un cabezazo brutal, haciendo que su cráneo golpee contra la ventana.
El conductor, al darse cuenta, reduce la velocidad apenas un poco… lo suficiente para que ella aproveche el momento.
En un solo movimiento, le dispara en la cabeza, abre la puerta y se lanza del automóvil en marcha.
Afuera, las camionetas de los criminales son interceptadas por agentes camuflados.
La emboscada es perfecta.
El operativo ha sido un éxito.
Mientras tanto, los drones, que monitorean cada paso, logran clonar los teléfonos de los delincuentes.
La información extraída es oro puro.
Sin perder tiempo, se activan operativos simultáneos en distintas partes del mundo.
La red de narcotráfico y tráfico de personas está a punto de caer.
Brenda, la mujer que creyó ser intocable, ahora está siendo perseguida.
—Senador, no logramos encontrar a la hija del exministro por ningún lado. En este momento estamos emitiendo la alerta roja —informa el coronel con voz tensa.
Gerónimo lo mira incrédulo, su mandíbula se aprieta y la manzana de Adán sube y baja con furia contenida.
—¿Quién demonios filtró la información de su captura? —gruñe, poniéndose de pie de golpe.
Mi mirada se clava en el coronel, llena de incredulidad.
—En sus filas hay soplones —afirmo con certeza.
Roqui, que ha permanecido en silencio hasta ahora, interviene.
—¿Cuánto poder tiene esta mujer? ¿Qué pasó con el dron de su maleta? ¿Acaso su celular no fue clonado?
El coronel solo suspira, su rostro enrojecido de ira.
—Encontramos todo en un terreno baldío.
Un mal presentimiento me golpea.
Mi corazón se acelera.
—Creo saber dónde está.
Todas las miradas giran hacia mí.
—Brian, ¿puedes acceder a las cámaras de seguridad de la hacienda de Arnold?
Él se detiene un segundo, procesando la idea.
—¿Donde mató a su madre? —pregunta.
—Sí. Ese lugar ha estado abandonado por años. Es el escondite perfecto —respondo.
Brian asiente y sus dedos vuelan sobre el teclado.
La sala queda en un silencio sepulcral mientras esperamos.
Solo se escucha el tecleo frenético y el repiqueteo de mi propio corazón.
Unos segundos después, la imagen aparece en pantalla.
Ahí está Brenda.
Escondida como la rata que es.
El coronel endereza la espalda y habla.
—Organizaré el operativo para su captura.
Gerónimo toma el control con voz firme.
—Lo haremos de manera privada, solo con hombres del servicio secreto de más alto rango.
Hace una pausa.
Lo conozco bien y sé que en su mente está calculando cada paso.
—La dejaremos confiar. Creerá que ha escapado… y esta noche, atacaremos.
Silencio.
—Entiendo —responde el coronel con seriedad—. Pero para que el soplón no sospeche, ordenaré que las pesquisas continúen como si nada hubiera pasado. Además, todos los agentes involucrados en el operativo serán sometidos a una prueba de polígrafo.
Gerónimo asiente, aprobando la estrategia.
—¿Puedes subir el volumen? —le pregunta a Brian.
Este sonríe con prepotencia, como si todo esto fuera solo un juego de niños.
La imagen cobra sonido.
Brenda está en el sofá, con una copa de vino en la mano. A su lado, el líder de la banda de los Maltrechos la observa con el ceño fruncido.
—¡Dios, qué cerca estuvo eso! —se burla, girando la copa entre sus dedos—. Casi caigo en su trampa, pero te juro que esa maldita perra de Marla me la pagará. Va a aprender que conmigo no se juega.
El hombre le lanza una mirada cargada de furia.
—Mujer, piensa… —le gruñe—. Estamos acorralados y en una situación de mierda por tu puta obsesión con ese senador.
Se pone de pie y empieza a caminar de un lado a otro, inquieto. Se acerca a la ventana y aparta la cortina con dos dedos, vigilando el exterior.
—Debí matarte cuando empezaste con tu puta locura… ahora estoy escondido como una maldita rata. Y mi negocio se fue a la mierda.
Brenda frunce el ceño y se levanta con rabia.
Se para frente a él, desafiándolo.
—Gracias a mí te volviste poderoso. ¿Acaso se te olvida el centenar de esposas niñas que te envié durante la campaña política?
La sala explota.
—¡¿QUÉEE?! —gritamos todos al unísono.
Gerónimo estrella sus manos contra el escritorio con un golpe seco.
—¡Maldita sea! —ruge—. Ahora entiendo las múltiples desapariciones que registraron… Esa perra es la culpable.
El coronel aprieta los puños, su rostro endurecido.
—Senador, esta mujer es más peligrosa de lo que pensamos.
Gerónimo asiente, sin apartar la vista de la pantalla.
Dentro de la grabación, el líder de los Maltrechos la mira con una mezcla de furia y desprecio.
De repente, se abalanza sobre ella y la toma por el cuello, empujándola contra la pared con brutalidad.
Brenda jadea, sus uñas se clavan en sus muñecas mientras lucha por liberarse.
El hombre acerca su rostro al suyo y le escupe con rabia:
—Eres solo una loca obsesionada. Mandaste todo a la mierda, y si no salgo de esta, te juro que mis hombres te arrancarán la piel pedazo por pedazo. Así que ruega que no nos atrapen.
La suelta con violencia.
Brenda se desploma contra la pared, tosiendo y llevándose las manos al cuello, tratando de recuperar el aliento.
Sus ojos brillan de odio.
Pero lo que me hiela la sangre…
No es su miedo.
Es su sonrisa torcida.
Una sonrisa que dice que, aun en su peor momento, sigue creyendo que puede ganar…
Ahora sí doctorcita, aténgase a las consecuencias de sus palabras