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La Luz Rojo Carmesí Del Final

La Luz Rojo Carmesí Del Final

Status: En proceso
Genre:Acción / Escena del crimen / Terror
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: XintaRo

Pesadillas terribles torturan la conciencia y cordura de un Hombre. Su deseó de proteger a los suyos y recuperar a la mujer que ama, se ven destruidos por una gran telaraña de corrupción, traición, homicidios y lo perturbador de lo desconocido y lo que no es humano. La oscuridad consumirá su cordura o soportará la locura enfermiza que proyecta la luz rojo carmesí que late al fondo del corredor como un corazón enfermo.

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Capitulo 1: El Hombre Sin Ojos. Pt1.

CAPÍTULO 1: EL HOMBRE SIN OJOS.

Abro los ojos…

Frente a mí se estira un largo y oscuro corredor. Sus paredes están llenas de pesadas puertas oxidadas, llenas de moho. El aire está saturado de un olor pútrido, cómo metal oxidado y orina seca. Me revuelve el estómago.

Al fondo del corredor, brilla una luz de un color rojo carmesí, la veo latir, como un corazón enfermo a punto de morir… Las pesadas puertas de los costados poseen pequeñas ventanillas que brillan con temor, cómo si ocultaran un lamento.

Camino unos metros siguiendo la luz, escucho en mi interior un eco, como si me llamara. La brisa fría dentro del corredor me paraliza, y me detengo. Por mi oído izquierdo, se cuela un lamento.

Miro la pesada puerta en mi lado izquierdo. Puedo escuchar algo llorando dentro.

Llevo mi mano a la manija llena de moho… Está fría y muerta… pesa como un cadáver. Abro…

Desde el umbral del pequeño cuarto, veo a un hombre alto y delgado, de pie frente a un espejo largo y viejo. El espejo, está algo sucio. Pero no sucio de polvo o humedad… sucio de algo más. Algo vivo, como carne viva echa humo.

No posee rostro, sólo piel estirada y dos moribundos ojos. Se deja caer de rodillas frente al espejo, alza ambas manos al aire, como una súplica a lo divino… o una ofrenda a lo profano.  Se lleva las manos al rostro. No posee boca, pero sus gritos queman el aire. Gritos que no provienen de su garganta, sino de sus ojos.

Mi cuerpo se contrae. Mis oídos arden, siento como se quema mi cerebro. La bilis cargada de terror me sube por la garganta. Quiero correr. Pero no puedo, mis piernas están paralizadas. —que mierda es esto—. ¿Dónde mierda estoy? ¿Qué carajos hago aquí?

Veo el reflejo de su rostro en el espejo. Hunde sus delgados dedos dentro de sus ojos. Los aprieta con ira.

—¡Detente! No lo hagas. —grito, intentando detenerlo, pero mi voz no sale.

No puedo moverme. Dentro del cuarto, los gritos del hombre hacen temblar los pútridos muros. Mis manos se van a mis oídos, intentando tapar su desesperación. Pero no sirve de nada, sus gritos se clavan en mí, entrando por todos mis poros.

Con un último grito.

Veo como se desgarra los ojos de su rostro. Se llenan sus manos y su rostro de sangre. Los sostiene frente al espejo, como si fueran una ofrenda a su mismo reflejo. Los deja caer al suelo. Al tocar el suelo se rompen junto al espejo, sonaron como vidrio, pero sangraron como carne.

Abro los ojos. Desperté. El techo, la lámpara. No puedo respirar.

Tengo el corazón latiendo en mi garganta y mis manos rígidas temblando. Me levanto apenas. Siento el cuerpo adolorido.

Me siento al borde de la cama y respiro hondo, como si el aire de Cuatro Leguas fuera menos denso que el del sueño. No lo es. Esta ciudad es humo y huesos. Es un eco constante de sirenas, pasos apresurados y pecados sin redención.

El viejo reloj del muro marca las 3:33 a.m. El zumbido persistente del foco sobre mi cama, mece las sombras sobre el techo de mi departamento. Mi libreta roja de sueño está junto a mi almohada como siempre.

La tomo. Abro su pesada tapa y escribo en ella de inmediato. No porque quisiera recordar, sino porque temo olvidar. Y si olvido… regreso.

Y como siempre… no volvió el sueño, pero sí la sensación de estar siendo observado. Como si algo hubiese escapado conmigo. A veces pienso que estas pesadillas no son solo sueños, sino advertencias. O castigos.

Me levanto de la cama con el peso de la pesadilla aun en el cuerpo, cierro mis ojos mientras los presiono con mis dedos aun temblorosos. Conozco este lugar a ciegas: cuatro pasos hacia la izquierda, la silla, la mesa. Me siento.

Dejo mi libreta sobre mi vieja mesa de madera, junto a mi cajetilla y mi cenicero repleto de cigarrillos a medio fumar. Volver a dormir no es una opción. Nunca lo es después de uno de estos sueños.

Me levanto de la silla mientras enciendo un cigarrillo, camino a mi estrecha cocina y me sirvo un café con más fuerza de la recomendada para cualquier sistema nervioso. Me siento frente a la ventana de mi departamento a ver cómo la noche se disuelve lentamente.

En la ciudad, la oscuridad nunca es total. Siempre hay luces que se aferran a las calles, como si no quisieran soltarse. En algún lugar allá afuera, la muerte anda rondando. Yo solo no se aún en qué forma.

Las horas se disuelven entre tazas de café y cigarrillos. Aun siento los gritos en los oídos. Pero como siempre al pasar las horas, solo recuerdo las sensaciones… pero no lo que veo.

El viejo reloj del muro marca las 08:02 a.m. Ya es hora de largarme.

Me levanto, camino directo a mis zapatos debajo de la cama. Me los coloco, camino a la entrada con la libreta de sueño en mano. Guardo la cajetilla y descuelgo mi abrigo.

Salgo. El sonido de la puerta al cerrarse, me da una mala sensación… Camino directo a las escaleras sin mirar nada. Mientras bajo, leo una vez más la última entrada, el hombre sin ojos… Ya no sé cómo carajos poder detener estas pesadillas.

Al llegar al vestíbulo, noto que no está Maik. Nuevamente, otro de sus chicos cubre su puesto. Alzo la mano en señal de saludo. Cruzo miradas con el chico.

—Buenos días, Detective. —responde, firme y serio.

No digo nada, solo salgo con la mano alzada.

Al salir. La luz de la mañana brilla calentando el frio aire y el húmedo pavimento. Mi viejo Mustang me espera aun frente del edificio, sin que nadie perturbe su dormir. Siento que me espera entusiasmado por alguna razón.

Camino directo a él. Abro su puerta. Las gotas frías sobre él, crean pequeñas esferas brillantes, que hacen resaltar su brillante color negro.

Entro y enciendo su motor. Su rugido suena con ganas de correr. El tablero marca las 08:20 a.m.

Acelero, despegándome del estacionamiento. Conduzco en silencio por las calles de mi Distrito Sur.

Poco a poco veo como la ciudad una vez más se despierta. La comisaría está a solo unos minutos de mi edificio.

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favita
me encanta la historia muy genial el detective
melani99
🥰
sofialopez2010
favuloso
jomijomi2012
Muy buena, que siga
jomijomi2012
Que increíble el relato, hasta me dio penita la polilla de papel😔
manueles
Me encanta, que siga contando la historia 😻😻😻
manueles
Que hermoso, parese un poema😻
jotape
Donde habrán quedado mis alas de papel 😔
entomomoyan
Yo nací sin mis alas de papel, al igual que el detective 😔
latifa
yo igual ya no tengo mis alas de papel 😭
XintaRo
👍
latifa
ingreible quiero leer mas
jotape
😻
Anon
Esta muy buena la historia
Anon
Nadie pisa el sur sin consecuencias 😎
Anon
El héroe oscuro del distrito sur 😻😼
Anon
/Casual//Determined/
Anon
😻😎😼
Anon
👏/Good/
Anon
Esto esta muy bueno 🙀 esta muy buena la historia
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