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El Chico De Las Gafas

El Chico De Las Gafas

Status: En proceso
Genre:Colegial dulce amor / Posesivo / Escuela / Yaoi / Amantes pendencieros / Yandere / Atracción entre enemigos / Completas
Popularitas:6.8k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Adrian es un joven que sufre de acoso escolar, cansado del maltrato y desprecio de sus compañeros por casualidad encuentra un brujo que le hace un hechizo a sus gafas haciendo que todo aquel que lo vea a los ojos con las gafas puestas se enamore perdidamente de él, un día se topa con el matón de la escuela y él se confiesa ante el pero, ¿será por el hechizo de las gafas o algo más?

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capitulo 21

La habitación se llenó de un silencio pesado después de ese beso, un silencio que parecía contener toda la tensión acumulada durante los días y semanas de desesperación. Adrián aún sentía la suavidad de los labios de Zero en los suyos, el calor que irradiaba de su cuerpo, como si, al besarlo, Zero hubiera transferido algo más que solo un toque físico. Había entregado algo de sí mismo, algo profundo y verdadero.

Por un momento, Adrián no pudo pensar en nada más. Estefano, la amenaza constante, todo lo que había sufrido, todo lo que aún temía, parecía desvanecerse en ese instante. Todo lo que quedaba era él y Zero. Solo ellos dos en este mundo retorcido.

Zero, por su parte, se alejó un paso atrás, notando la confusión en los ojos de Adrián. No sabía qué esperar de él, pero lo que más deseaba era que Adrián supiera que siempre había estado allí. Siempre había sido suyo, aunque no supiera cómo expresarlo hasta ese momento.

—Adrián… —murmuró, su voz llena de una vulnerabilidad que rara vez mostraba.

Adrián lo miró, notando la inseguridad en sus ojos, la misma inseguridad que él sentía. Pero, a diferencia de antes, ahora podía comprender el miedo en el rostro de Zero. No era solo por su seguridad, sino por algo más profundo, algo que había estado oculto durante tanto tiempo. Un sentimiento que había estado creciendo, incluso cuando no se daba cuenta.

—Zero, yo… —Adrián trató de hablar, pero las palabras se atoraron en su garganta. La verdad era que no sabía qué decir. El beso había despertado algo en él, algo que no podía ignorar, pero todo estaba tan confuso.

Zero se acercó nuevamente, poniendo una mano en el hombro de Adrián.

—No tienes que decir nada ahora, Adrián. Sé que esto es… complicado. Yo solo quiero que sepas que no estás solo. —Su voz sonaba sincera, y Adrián lo miró a los ojos, viendo la firmeza en él.

Era extraño cómo, a pesar de todo lo que había pasado, Zero había seguido siendo una constante en su vida. Siempre lo había protegido, siempre lo había cuidado, pero había algo más, algo que nunca había notado hasta ese beso. Ahora entendía que Zero no solo era su amigo, su protector. Era mucho más que eso.

—Yo también… —Adrián comenzó a decir, pero la puerta se abrió de repente, interrumpiendo su momento. Ambos giraron hacia la entrada con rapidez.

Era la joven que había estado cerca de Zero en la mansión, la que había mostrado un interés hacia él. Al principio, Adrián no le prestó mucha atención, pero ahora veía en ella una mirada diferente. Algo que no había notado antes. Estaba allí, observándolos con una expresión que no lograba leer, pero que, de alguna manera, sabía que traería problemas.

—Zero, ¿puedo hablar contigo? —La joven entró sin esperar respuesta. No había nada en su rostro que sugiriera que notaba la tensión entre ellos, pero Adrián percibió de inmediato el cambio en la atmósfera.

Zero la miró brevemente, su rostro se endureció.

—¿Qué pasa? —preguntó, su tono algo frío, pero educado. No quería que la joven se acercara más de lo necesario, pero al mismo tiempo, sabía que tenía que escucharla.

—He estado pensando mucho en lo que hablamos antes —dijo ella, su voz suave, pero determinada—. Sé que puede parecer que estoy interfiriendo, pero… no puedo quedarme de brazos cruzados. Tú y yo tenemos una conexión, Zero. Y no voy a dejar que alguien más te haga dudar de eso.

Adrián sintió una punzada en el pecho. Algo en su interior se retorció al escuchar sus palabras, algo que no quería admitir. Lo que no había notado antes era que la joven no solo estaba interesada en Zero, sino que también era persistente, hasta un punto peligroso.

Zero no dijo nada al principio. Sabía que las palabras de la joven eran, de alguna forma, un desafío. Ella no entendía lo que había pasado entre él y Adrián, no entendía lo que realmente sentía. Pero lo peor era que, al mirarla, Zero pudo ver el brillo en sus ojos, ese brillo de alguien que no estaba dispuesta a rendirse.

—No te hagas ilusiones —dijo finalmente Zero, su voz baja y firme—. No hay nada entre nosotros. No me interesa que sigas insistiendo.

La joven lo miró, pero en su rostro no había ira ni frustración. Solo una leve sonrisa que no dejaba claro si era de derrota o simplemente de aceptación.

—Está bien —dijo con calma, aunque en su voz se notaba una ligera carga de desdén—. No tengo por qué seguir presionando. Pero sabes dónde encontrarme si alguna vez cambias de opinión.

Adrián observó toda la escena, sintiendo una mezcla de alivio y preocupación. La joven se dio la vuelta y salió de la habitación, dejándolos solos una vez más.

Zero suspiro profundamente, aliviado por el hecho de que la joven finalmente se fuera, pero su mente seguía inquieta. Sabía que ella no iba a rendirse tan fácilmente. Adrián, por otro lado, se sentía extraño. Había sido testigo de algo que no había esperado. No solo la tensión entre Zero y la joven, sino también algo más profundo en su interior: un sentimiento de celos, de inseguridad.

—Lo siento —dijo Adrián, rompiendo el silencio que se había instalado entre ellos—. No quería que esto se volviera tan… complicado.

Zero lo miró, suavizando su expresión al instante.

—No tienes que disculparte, Adrián. Esto es complicado, pero lo solucionaremos. Solo quiero que estés bien. Y lo estarás. Juntos, lo conseguiremos.

Adrián asintió, sintiendo por primera vez la certeza de que no estaba solo. Que Zero no lo dejaría ir. Que siempre estaría a su lado.

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Yendi Jaramillo Avila
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Ana Chaves
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