Tercer libro de Lilith la bruja del caos.
Durante años, Lilibeth ha caminado sobre una línea tan fina como el suspiro de un alma rota: la frontera entre la luz y la oscuridad. En su interior coexisten dos fuerzas, fragmentos de una única esencia dividida desde la infancia. De ese quiebre nació Lilith —una sombra viva, su otra mitad, custodia del caos que solo una de ellas puede controlar.
A medida que la armonía entre ambas se debilita, el abismo susurra, desatando un poder ancestral capaz de arrasar con todo. ¿Podrá esa alma fracturada volver a ser una sin destruirse en el proceso? Porque a veces, el deseo de unidad puede despertar lo que estaba destinado a permanecer oculto.
NovelToon tiene autorización de Mitchell.P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capítulo 22
—Entonces, ¿no sabes el paradero exacto de los sujetos 21 y 26?
—Me temo que no… El 21 nació con cuerpo de serpiente, por lo que liberarlo en el territorio de las Gorgonas parecía la mejor opción en ese momento. Por otro lado, el bosque de Norbella pertenece a los lobos. Ahí habitan criaturas muy peligrosas. Además, la mayoría de los hombres bestias residen en la zona protegida por los Monroe.
—Supongo que no te refieres solo a licántropos o semi-humanos, ¿verdad?
—También hay grifos, yōkai, incluso algunos drakes y wyverns que viven en las montañas —comentó con indiferencia, mientras cambiaba de forma para permitir que su ama y el homúnculo subieran a su espalda.
—Espera… ¿me estás diciendo que hay dragones en este lugar?
—Sí, pero no suelen acercarse al pueblo. Prefieren las zonas fronterizas, donde su presencia es casi imperceptible.
—¡Increíble! —exclamó con entusiasmo, mientras salían de la cueva por el agujero del techo—. ¿Podemos ir a su nido?
—Me temo que eso será imposible, por ahora.
—¿Por qué?
—Como te dije, los dragones viven en la zona fronteriza. Es un territorio protegido por los guardianes. Sin su aprobación, no podríamos ni acercarnos.
—Entiendo… al menos un poco. Entonces, ¿qué se supone que hace la Hija del Bosque?
—A simple vista, es solo un título que puede recibir una bruja. Pero aquella que lo porta tiene la tarea de mantener el equilibrio entre las diversas razas y el entorno natural. En otras palabras, es quien toma la última decisión ante cualquier amenaza al equilibrio vital dentro y fuera del bosque.
—Algo que ni siquiera un nefilim puede objetar.
—Se podría decir que el simple hecho de que seas un daimon con tanto poder es un gran inconveniente para muchos.
—Como los Monroe… ¿Será por eso que insisten en que me una a su clan, para mantenerme controlada?
—Muy probablemente. Siendo un daimon, tienes pocas posibilidades de concebir un heredero.
—¡Vaya! Y yo que comenzaba a creer que vivir en este lugar no sería tan malo, solo por los recuerdos de Lilith… Pero, ahora que lo pienso, solo se vieron cinco veces desde que se conocieron. Ninguna fue romántica… Más bien fueron encuentros incómodos e inesperados.
—Sorprendente: algo de sentido común iluminó tu mente. Ya empezaba a pensar que ambas eran ignorantes sobre ciertos temas.
—Bueno… No es que nos cueste prestar atención. Es solo que los temas que consideramos irrelevantes no les damos importancia… hasta que nos afectan. Entonces se convierten en una piedra en el zapato, algo que hay que eliminar cueste lo que cueste.
—¿Estás pensando en romper el compromiso?
—Si es necesario, lo haré… Detente.
La criatura se detuvo en medio de las arboledas.
—¿Qué sucede? —preguntó, confundido al notar que su ama miraba a su alrededor, aunque no se percibía ninguna presencia cercana. Fue entonces que él también se dio cuenta de que algo no andaba bien.
—¿Cuál es la posibilidad de que hayamos entrado en el dominio del ciervo? —prosiguió, mientras escuchaba el sonido de un cascabel nuevamente.
—Diría que hay un 9% de probabilidad.
—¿Y el 1% restante?
—Que nos estén guiando a un lugar específico —hizo una pausa, al notar un sendero que se abría entre las arboledas frente a ellos—. A Lilith le ocurrió este fenómeno en dos ocasiones. No importaba cuán segura estuviera del camino que tomaba… siempre terminaba en otro lugar, sin saber cómo.
—Entonces seguimos a ciegas por el sendero.
—Es lo único que podemos hacer… a menos que quieras quedarte atrapada aquí.
—Está bien.
...***...
Mientras Ziel avanzaba por el sendero sin rumbo fijo, a unos dos kilómetros de distancia, un grupo de tres lobos —en su forma humana— acompañaba a Jonathan. Junto a ellos iba el joven Damián, quien por alguna razón sentía un impulso inexplicable que lo guiaba hacia el bosque.
—¿Estás seguro de que es por aquí? —preguntó Jonathan, observando el área por la que transitaban.
—Si no mal recuerdo, hay una cascada más adelante —respondió Jeicob, echándole una mirada de reojo.
—¿No es ese el lugar al que ibas con la joven arpía? —comentó Mauricio, burlón—. ¿Cómo se llamaba? Su nombre empezaba con E…
—Elena, Elisa… Emilia —empezó a decir Jeicob, claramente solo para molestar a Jonathan—. Emma, Eli, Eleonor… Elizabeth…
—Se llamaba Emilie —interrumpió Paulo entre risas, caminando detrás de ellos.
—¡Ahhh! La bella Emilie —exclamó Jeicob con ironía—. ¿Cómo pude olvidar el nombre de aquella belleza australiana?
—¿Terminaste? —preguntó Jonathan, visiblemente harto.
—Vamos, tienes que admitir que tenía su encanto —añadió Mauricio entre carcajadas.
—¿Encantadora? —repitió Paulo—. Más bien, era una cínica… ese tipo de chicas debería estar en terapia.
Entre bromas y risas, el grupo descendió por el sendero hacia las cascadas. Sin embargo, a mitad del camino, todos se detuvieron al percibir un aroma intenso a incienso.
—Damián, quédate atrás —ordenó Jonathan, colocándose al frente—. Jeicob, Paulo, sigamos.
Descendieron con cautela. Al llegar al claro frente al lago, los tres se sorprendieron al ver a una niña sentada a la orilla. Llevaba una bata color crema, estaba descalza y su cabello húmedo caía en mechones desordenados. No parecía importarles su presencia; simplemente seguía mirando la cascada, en completo silencio.
—Es solo una niña —murmuró Jeicob, rodeándola lentamente.
—Es un demonio —le recordó Paulo, señalando los cuernos y las diminutas alas que sobresalían de su espalda.
—No se muevan —ordenó Jonathan, al captar un aroma familiar mezclado con el incienso.
—¡No la lastimen! —exclamó Damián, bajando de un salto los escalones de piedra.
—Te dije que te quedaras atrás —le regañó Jonathan, con la mano sobre la empuñadura de su espada.
—Ella es como yo… Por favor, no le hagan daño —dijo el chico, con un tono cargado de miedo.
—¿Es uno de tus hermanos? —preguntó Jonathan, con inquietud.
Damián asintió. Luego se dirigió a la niña en idioma demoníaco:
—¿Puedes entenderme? —La niña lo miró. El chico continuó—. ¿Cómo llegaste aquí? ¿Puedes hablar?
Ella lo observó por un momento más… pero solo giró el rostro, dirigiendo la mirada nuevamente hacia la cascada.
—¿Qué haces? —preguntó Jeicob al ver que Damián se acercaba lentamente.
—Quiero ayudarte —susurró el chico, acercándose con cautela.
—¡No la toques! —gritó Ziel, emergiendo de golpe desde el lago, con Lilibeth en brazos. Con un salto ágil, el zorro cayó sobre una piedra cercana.
—Veintiséis… aléjate de ella.
Damián retrocedió sin discutir, pero al ver el estado de la mujer que Ziel cargaba, frunció el ceño.
—Ella los lastimó…
—Su magia se activó sin control —respondió Ziel, agotado—. Por eso caímos al lago.
—Ma… ¿Madre está bien?
—Solo está inconsciente por el relámpago —dijo el zorro, mirando al lobo detrás de Damián—. Pero si no sellamos el poder de Veintisiete antes de que lo pierda por completo… me veré obligado a matarla.