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El Heredero Del Imperio

El Heredero Del Imperio

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor-odio / Completas
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Polania

Han pasado 20 años.
El hijo de Frank y Valery ya no es un bebé.
Es el heredero del imperio Morello
Él no quiere el trono.
No quiere ser rey. No quiere sangre. No quiere alianzas forzadas.
Quiere una vida normal.
Y eso, en una familia como la suya… es traición.

NovelToon tiene autorización de Polania para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Entre la vida y la muerte

Capítulo 11

La camioneta avanzaba a toda velocidad por las calles de Ciudad de México.

Isabella tenía las manos cubiertas de sangre.

Sangre de Matías.

—No pierdas presión —ordenó uno de los hombres desde el asiento delantero.

Pero ella no necesitaba que se lo dijeran. Su mente estaba en modo automático, fría, quirúrgica.

Respiración superficial.

Pulso débil.

Pérdida masiva de sangre.

—¿Cuánto falta? —preguntó sin levantar la mirada.

—Cinco minutos.

Cinco minutos podían ser eternos.

Matías abrió los ojos apenas.

—Bella…

Su voz era un hilo.

—Estoy aquí —susurró ella, inclinándose más cerca—. No hables.

Él intentó levantar la mano, pero no pudo.

—Lo siento…

—No —lo interrumpió, firme—. No ahora.

La camioneta se detuvo bruscamente frente a una casa aparentemente abandonada. Fachada vieja. Ventanas selladas.

Pero por dentro era otra historia.

Una clínica clandestina.

Luces blancas. Equipo médico. Dos hombres ya preparados con guantes y batas.

Lo bajaron con rapidez.

—Herida de bala en flanco derecho —dijo Isabella con precisión profesional—. Entrada limpia. No hay salida visible. Hipotenso. Taquicárdico. Probable hemorragia interna.

Uno de los médicos la miró sorprendido.

—¿Eres doctora?

—Estudiante. Último año.

—Entonces quédate… y no estorbes.

Ella no dudó.

Lo llevaron a quirófano.

La puerta se cerró.

Y el mundo se volvió silencio.

 

Las manos de Isabella comenzaron a temblar cuando ya no tenía nada que presionar.

La sangre se estaba secando en su piel.

Se miró al espejo del pasillo.

No se reconoció.

La chica que había aceptado una cita con un hombre misterioso… ya no existía.

Ahora estaba ahí, en una clínica ilegal, esperando saber si el líder de una organización criminal sobreviviría a una bala.

Porque lo amaba.

Y esa era la peor parte.

Lo amaba.

 

Dentro del quirófano, la situación era crítica.

—Presión cayendo.

—Prepárate para transfusión.

—La bala está cerca del hígado.

Isabella escuchaba todo desde fuera. Cada palabra era una puñalada.

Un hombre se acercó a ella.

Alto. Traje oscuro. Mirada fría.

—No deberías estar aquí.

Ella levantó la vista.

—¿Y usted es?

—Frank Morello.

su padre.

La verdadera cabeza del imperio en México.

Ella tragó saliva.

—Va a sobrevivir —dijo ella, más como una orden que como una suposición.

Frank la observó con detenimiento.

—Si muere, esta ciudad arderá.

No era amenaza.

Era promesa.

 

Tres horas.

Tres eternas horas.

La puerta finalmente se abrió.

El médico salió con la mascarilla bajada.

Isabella se puso de pie de inmediato.

—¿Y?

Silencio.

Un segundo que pareció una vida.

—La bala perforó parcialmente el hígado, pero no tocó la arteria principal. Lo estabilizamos. Perdió mucha sangre.

Respiró.

Pero aún no sonreía.

—Está fuera de peligro inmediato… pero las próximas 24 horas serán críticas.

Isabella cerró los ojos.

El aire volvió a sus pulmones.

Frank asintió levemente y se alejó para hacer llamadas que seguramente moverían el mapa del crimen organizado.

Pero Isabella no se movió.

—¿Puedo verlo?

El médico dudó.

—Cinco minutos.

 

Matías estaba conectado a monitores. Vendajes blancos cubrían su abdomen. Su piel estaba pálida.

Demasiado pálida.

Isabella se acercó lentamente.

Se sentó junto a él.

Tomó su mano.

—Eres un idiota —susurró, con lágrimas silenciosas—. Un completo idiota.

El monitor marcaba un ritmo constante.

Estable.

Vivo.

—Me mentiste —continuó—. Pero también me protegiste.

Respiró profundo.

—Y odio que me importe tanto.

Se inclinó y apoyó su frente contra la de él.

—Si sobrevives… no será como antes. No puedo fingir que no sé quién eres.

Una lágrima cayó sobre la sábana.

En ese instante, los dedos de Matías se movieron levemente.

Muy leve.

Pero suficiente.

Isabella levantó la mirada.

Sus párpados temblaron.

—Bella…

Su voz era apenas un suspiro.

Ella sonrió entre lágrimas.

—Sigues siendo dramático incluso inconsciente.

Él intentó hablar, pero ella puso un dedo sobre sus labios.

—Descansa. Pelea mañana. Hoy ya hiciste suficiente.

Matías la miró.

Y aunque estaba débil, aunque la muerte había estado respirándole en el cuello… había algo intacto en sus ojos.

Ella.

Y afuera, en algún lugar de la ciudad, el enemigo sonreía.

Porque el disparo no había sido para matarlo.

Había sido para advertir.

La guerra apenas comenzaba.

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