Segunda parte.
Han pasado casi cinco años desde la última vez que Lucía y Erick se vieron.
Erick se ha casado y tiene un hijo maravilloso, sin embargo; lucha con rivalidad y la crueldad de su familia para la seguridad de su hijo. Erick ya no es el mismo y no está dispuesta a abrir su corazón a nadie más pero todo cambia cuando Lucía regresa a Alemania y no viene sola.
SEGUNDA PARTE DE ESTA HISTORIA.
NovelToon tiene autorización de Vanessa Monasterio para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
"Hombres"
Lucía
Hago círculos de tinta con el bolígrafo de plata encima de la libreta de cuero blanco. Asiento moviendo la cabeza a las palabras que dice el oficial Wolf, quien ha venido a mi oficina por la mañana.
-No hemos encontrado más indicios. Todo parece regresar a la normalidad.
-¿Está seguro? -Le pregunto sin quitar mi atención de loa círculos que me tienen hipnotizada.
Poco a poco, la figura se va convirtiendo en una mancha negra encima del papel.
-¿Ha recibido usted alguna amenaza o algo?
Inflo el pecho y niego.
-No, desde hace más de un mes de lo sucedido.
-Aun así, no hay que bajar la guardia. Ya no salga tanto de noche.
Sus palabras me hacen detener los movimientos de mi mano y alzar la mirada.
-¿Perdón?
-¿Dije algo malo?
Frunzo el ceño y suelto el bolígrafo en la mesa.
-Disculpe si dije algo malo, yo solo me preocupo por su seguridad y por la de su hijo. Si sale mucho de noche debería de llevar seguridad. Eso quise decir.
Asiento en silencio.
-Gracias por su consejo. Puede retirarse.
Gustav parece incómodo, se levanta e inclina la cabeza.
-Me despido, señora Bernard, y espero que le hayan gustado mis flores.
Lo veo salir de la oficina. Me ha dejado con mal sabor de boca, e intento dejarlo pasar, pero miro las flores que me ha traído y es mucho más difícil. Gustav me ha traído un ramo de jazmines hermosos con su respectiva tarjeta que no he leído. El sonido del teléfono me desvía mi atención y lo cojo.
-Señora, la busca el señor Hugo Fürts.
-Déjalo pasar.
Dejo el teléfono. Por una extraña razón, hoy estoy más ida y pensativa que nunca, tanto que ni siquiera me importa que Hugo se haya presentado en mi empresa; ni siquiera lo miro cuando entra y toma asiento.
-Hola, Lucía, ¿cómo estás?
-Bien, Hugo, muy bien. ¿Y tú? -Sonríe de lado y lo miro por primera vez.
-Bien. También bien. Gracias por preguntar.
-¿Qué te trae por aquí?
-Bueno, yo solo quería pasar a saludar. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hablamos -hace una breve pausa y carraspea, parece nervioso-. Hace ya tiempo que comencé a trabajar con mi hermano, me está yendo muy bien y gano muy bien, obviamente que a comparación como lo hace Erick es limosna, pero usaré ese dinero para ahorrar y luego invertirlo.
-Suena bien.
Suelta un suspiro afligido.
-Mi padre no me dejó nada en su testamento, tampoco a Evelyn, todo sus bienes se los dejó a Erick y... nuestro padre puso una condición de que si Erick no regresa a la mansión, todos esos bienes pasarán automáticamente a Malcolm, su suegro.
-Dios mío. No puedo creerlo.
Me hago la sorprendida, Erick ya me había contado de aquello hace unos días.
-Mi madre no se ha mostrado indignada en lo absoluto.
-Seguramente porque ya lo presentía. Ella conocía muy bien a tu padre.
-Sí, también. Me preocupa Erick, está entre la espada y la pared, no sabe que decisión tomar.
-Estoy segura de él escogerá la decisión correcta.
Hugo asiente apretando los labios, luego su mirada pasa a los jazmines y se lo queda viendo con bastante interés.
-Que bellas flores, ¿quién te las trajo?
-Mmm. Las trajo el oficial Wolf, él es el que de esta encargando de mi caso.
-Le gustas, por eso te trajo flores.
-Desde hace un tiempo he notado sus segundas intensiones. La verdad es que yo no tengo ningún tipo de interés en él.
-¿No has pensado en volverte a casar?
Su pregunta no me sorprende.
-Supongo que algún día, cuando encuentre al hombre indicado.
-¿No crees que te hace falta un hombre a tu lado? Eres una mujer sola con un niño pequeño y estoy seguro de que debe de ser muy duro criarlo tú sola. Necesitas un hombre en quien contar, en el cual apoyarte y que brinde la seguridad que necesitas.
-¿Estás diciendo que no tengo la capacidad para criar a mi hijo sola y que necesito un de un hombre para poder hacerlo?
-¡No, no quise decir eso! Lo que quise decir es que...
-Permiso.
Dirijo la mirada a la persona que ha entrado a mi oficina. Erick está parado con la mano en la perilla, me mira y luego a Hugo que se ha puesto confundido.
Él cierra la puerta y se acerca a nosotros, en silencio, toma asiento y se acomoda en la silla.
-¿Interrumpo?
Hugo y yo lo miramos perplejos.
-¿Por qué me miran así los dos? -Pregunta con un tono jocoso-. No me digan que los agarre en una conversación especial. -Erick alarga la L y nos mira con humor fingido.
Porque en el fondo, se está preguntando qué rayos está haciendo Hugo aquí. Nos mira con ojos muy abiertos, su mirada se detiene en Hugo y alza una ceja, cuestionando.
-¿Nos escuchaste? -La pregunta de Hugo sale de la nada.
-¡Ay por Dios! Yo no oigo a través de las puertas, lo que pasa que estaba pasando por aquí y los vi tan conversadores. ¿De qué hablaban?
-Nada. Yo ya me iba. -Se pone de pie y se estira el abrigo-. Y discúlpame, Lucía, por lo dicho anteriormente,
Erick lo sigue con la mirada hasta que Hugo cierra la puerta tras de sí.
-¡Perfecto! Ahora pasará toda la noche llorando como si su crush lo hubiese rechazado el día de San Valentín, aunque, si te pones a pensar, técnicamente sí. -Erick pone una mano en su barbilla y permanece pensativo.
-¿Nos escuchaste?
-Yo no soy metiche, Lucía. Pero por lo que acaba de ver, me soy cuenta de que su conversación no fue agradable.
-No lo fue. Puede ser que yo malinterpreté lo que quiso decirme... Estoy cansada de oír lo mismo de siempre. Es como si les molestara que no tuviera marido. Antes de casarme era lo mismo, a donde sea que fuera siempre me hacían las mismas pregunta. ¿Cuándo vas a casarte, Lucía? ¿Ya encontraste al hombre indicado?
-¿De eso tenía que ver tu conversación con Hugo? -Erick se ha puesto serio.
-Sí, me pregunto eso. Sé que no lo dijo con esa intención, pero ya estoy harta.
-Eso se llama presión social. No todos te ven de la misma manera, Lucía, y eso es completamente normal porque cada persona tiene puntos de vista diferentes. Algunos de han quedado atrás. Te van a decir todo el tiempo que debes de buscar un hombre que viva a tu lado porque sin un hombre millonario no completas con los estándares de la sociedad. No deberías de prestarle tanta atención a esos comentarios. La gente siempre habla.
-A veces es imposible ignorarlo.
Erick toma un suspiro y se acomoda mejor en la silla.
-Con respecto a mi hermano. Para nadie ya no es un secreto que Hugo sigue enamorado de ti, si él hace lo que hace es para conseguir tu aprobación, tiene miedo de que tú encuentres a alguien y que para él ya sea demasiado tarde. Para Hugo ya nada valdría la pena, porque todo lo hace por ti, Lucía.
-Yo pienso que se lo he dejado bastante claro, a él y sobre todo a su madre.
-Bueno, pero aun así. Un hombre que estaba enamorado de una mujer, no ye consejos de nadie y por más que Hugo escuche que no, más se va a empeñar. No te olvidó teniéndote lejos y casada, menos lo hará ahora que te tiene cerca y soltera.
-Es un poco irónico que seas tú quien me lo esté diciendo. ¿Tú soportarías verme con ti hermano si algún día le sigo que sí?
Erick se lo piensa y luego niega.
-No. Yo creo que prefiero mil veces a que te casaras con ese oficial a que con mi hermano, él es el único hombre por la cual no puedo competir, y más si se trata de ti. Hugo nunca no me lo perdonaría.
-Ni a mí tampoco.
-Él hizo lo mismo, pero es diferente. Creo que es porque yo no amaba de verdad a Mackenzie y él tampoco se la tomó en serio. Más me dolió haber desperdiciado toda mi vida pensando que la quería, que ciego estaba.
Inmediatamente, las palabras de Mackenzie llegaron a mi mente. No le había contado de esa visita a Erick.
-¿Te has puesto a pensar que pasará cuando se entere? Tengo el presentimiento que ese día tarde o temprano llegará.
-No, pero creo que es muy obvio. Tú y yo estaremos juntos. -Responde como si nada.
-Porque... tú y yo nos queremos, somos adultos, Lucía. Ruego que para ese entonces, yo ya esté divorciado, de esa manera, el hombre con el que te vas a casar... ¡soy yo! -Sonríe y alza el mentó orgullo.
-¿Tú? ¿Te ves casado conmigo?
-Todo el tiempo. Sueño con eso.
-Yo también, a veces.
Y también sueño con Oliver diciéndole papá y con otras miles escenas de ellos dos.
-Tú como hermano, ¿no te sientes culpable?
-Sí, casi todo el tiempo y más ahora que pasamos mayor la parte del día juntos. Hugo tomó el lugar de Rebecca, así que, puedes imaginarte que a pesar de todo, me afecta. Pero luego te veo y se me pasa.
-¡Ay por Dios!
-Dame un beso. Ven -. Erick se inclina desde el otro lado del escritorio y estira sud labios. Yo me echo para atrás con mi silla rodando.
-No voy a darte besos en la oficina, Erick. Por Dios.
Se separa y regresa a la silla, indignado.
-No me quieres dar un beso, pero si permites que te traigan flores. -Le dirige una mirada de odio a los jazmines, y siento lástima por ellos.
-Es diferente.
-¿Diferente? Vamos a ver si es diferente. -Se pone a buscar la tarjeta en el ramo y la consigue y la abre, suelta un carraspeo y comienza a leer-. El negro azabache, como el universo sin fin, se mezcla con el jazmín, creando un halo sutil. Tú cabello se viste de misterio y elegancia como las flores blancas que me rodean y me llenan de su esencia. Con amor, el policía que protegerá tu corazón. -termina de leer y pone los ojos en blanco-. Estarás rodeando de presos querrás decir.
Suelta un risa y yo suelto un suspiro ya cansada.
-Que poema más ordinario, los míos sin duda son mucho mejores que esos. Inclusive, pienso que tus palabrerías en el sexo son mucho mejores.
Me levante de golpe de la silla y camino hasta él, le arrebato la tarjeta y tomo el ramo para llevarlo a la mesa del otro extremo de la oficina.
-No puedo creer que hayas montado ese drama por nada.
-Y yo no puedo creer que aceptes flores estando conmigo.
-¿Y qué querías que hiciera? -Me giro para verlo y caminar a él-. No podía rechazarlas así como así, además él es oficial que se está encargando de mi caso. ¡Pero claro! Tú esperas que les diga a todos lo hombres que se me acercan que no. Lea voy a decir: Oye, te pido por favor ya no me sonrías y me halagues más porque eso solo lo puede hacer mi amante que es un hombre casado y yo una cualquiera. ¡Eso es lo que diré a partir de ahora!!
-A mí me parece que eres tú la que exagera todo.
-No intentes tomarme el pelo. Yo no soy una mujer celosa.
-¿Ah no eres celosa?
-¡No!
-Entonces, ¿por qué cuando estaba Rebecca trabajando conmigo ignorabas casi todas mis llamadas y no leías mis mensajes y si lo hacías, me dejabas en visto? Pero qué casualidad que ahora me respondes todo y justo ahora cuando se acaba de ir Rebecca.
-Eso no es cierto.
-Si lo que tú digas, santa Lucía. Se me olvidaba que tú eres de piedra.
-Leonardo DiCaprio se queda como un tonto en frente de ti, por lo dramático que eres.
-Ya no seguiré hablando contigo.
-¿A qué viniste?
-Vine para darte los buenos días.
-No los quiero, vete.
Erick me mira en silencio, luego va hacia la puerta y la abre, asoma la cabeza por un momento y al cerciorarse de que no hay nadie. Vuelve a cerrar la puerta y oigo que le pasa el pestillo.
-Ven aquí.
-Te digo que si no quise darte un beso antes, menos voy a tener sexo contigo en mi oficina.
-No hay nadie.
-Aun así. Olvídalo.
-Cariño, estás tensa -pasa sus manos por mi cuello y luego las desliza por mis hombros-, estresada y con mucho trabajo.
-Estoy muy cansada.
-Entiendo.
Toca mi mejilla con sus labios, me acaricia la mandíbula con la suavidad de sus labios y me atrae hacia sí con sus brazos y siento la dureza dentro de sus pantalones contra mi vientre. Yo también comienzo a excitarme y paso mis manos por sus hombros hasta su cuello y su nuca y finalmente lo atraigo a mí para que bese. Deslizo su abrigo y su saco y tiro de su corbata sin dejar de besarlo. Nos besamos con fuerza y profundidad. Erick me toma de la cintura y me pone de espalda y me inclina en el escritorio, seguido de eso, oigo el sonido de su cintura y la cremallera de sus pantalones.
⸺⚋ׅㅤ♡ㅤׁ⚋⸺ׅㅤ♡ㅤׁ⸺⚋ׅㅤ♡ㅤׁ⚋⸺
-Con que no querías la cosa, eh. -Dice mientras se abrocha el cinturón.
-Cállate.
Me termino de acomodar la falda y luego pelo, me siento en mi silla y saco mi bolso de maquillaje y acomodo el labial.
-Esto no se va a volver a repetir.
-Ahora que lo pienso, nunca lo hemos hecho en la oficina.
Lo miro de reojo con recelo, mientras me paso el cepillo por el pelo. Erick busca su abrigo y su saco, se lo pone sin quitarme la mirada de encima.
-Eso nunca, jamás va a volver a pasar.
-Lo que tú digas.
Se sienta en frente de mí, y solo se me queda viendo, sin decir obsolutamente.
-No vuelvas a quedarte a solas con Hugo.
-¿A qué viene ese comentario tan de repente?
-Necesito que me prometas que nadie y mucho menos Hugo será un impidemento para nosotros.
-No, ¿de qué hablas?
-Hugo es nuestro mayor obstáculo, está por encima de Mackenzie, incluso hasta de Malcoml.
-¿Por qué tienes eso pensamientos tan de repente? -Digo y guardo mi bolso de maquillaje.
Erick aprieta los labios, me acaricia el cabello y me mira directo a los ojos.
-Lucía, Hugo sigue siendo mi hermano sobre todas las cosas y me duele, siento mucho remordimiento. Te amo, pero tampoco quiero lastimarte.
Comienzo a captar lo que me está diciendo. Alejo mis manos de él y salgo de su agarre.
-No sé que haces aquí, entonces. Debes de irte.
-Lucía...
‐¡No, Erick! Ya no sé que hacer para dejarte en claro que lo mío con ti hermano se terminó, ya no existe, estás obsesionado con esa idea, haces comentario que ni al caso y cada vez te entiendo menos. Estoy no está funcionando. Tú simplemente no puedes superar y dejar cosas del pasado atrás.
-Lo dices porque no traicionas a nadie y eres libre.
-Entonces, ¿para qué coño te sigues acostando conmigo si tan culpable te sientes?
-¿No puedes simplemente entenderlo?
-Ya lo he hecho lo suficiente y estoy cansada de lo mismo.
-¿De qué hablas?
-Que se acabó.
-No sabes ni lo que estás diciendo, estás enojada nada más.
-Enojada y cansada. Necesito que me des tiempo.
-Estás terminando contigo por una estupidez, Lucía.
-Déjame sola, Erick.
Tomo mi cartera Hermes blanca y regreso mi celular y todas mis cosas. Quiero regresar a casa.
-Estás confundiendo las cosas, yo jamás quise decir...
-¡Vaya, ningún hombre quiso decir lo que realmente quiso decir! ¡Es el colmo! ¡Todos son iguales de inmaduros! -Busco mi abrigo blanco y me lo pongo.
Camino hasta la puerta, pero Erick es más rápido y se interpone.
-Déjame salir.
-Hablemos.
-Yo no quiero hablar, lo que quieres es que me dejes salir y volver a casa con mi hijo.
-Tú no puedes terminar con los nuestro así. Lo me retracto, yo jamás quise...
La paciencia se me está acabando y quiero darle varios golpes con la cartera.
-Déjame salir, Erick, si no, lo vas lamentar.
Al final, no le queda de otra y se hace a un lado y yo salgo disparada de mi oficina. Me despido de Charlotte y salgo directo al estacionamiento subterráneo y me subo a mi camioneta. Respiro hondo cuando estoy adentro, siento el pecho sumamente apretado, como si me faltara el aire, comienzo a contar hasta el veinte y en eso estallo. Me echo a llorar como una niña pequeña. Estoy enojada y no sé porqué, estoy cansada de que todo sea una rutina, estoy cansada de que mi relación con Erick sea de esta manera, nuestra relación no nos va a llevar a nada si seguimos como estamos. No tengo dudas de que me ama, pero el amor no le es todo y no quiero pasar toda mi vida escondiéndome.
Me paso las manos por el rostro y enciendo la camioneta y salgo del edificio. Oliver ya debe de estar en casa con Emma, me muero de ganas por ver a mi hijo y abrazarlo.
-Hombres. Todos iguales. Uno peor que el otro. Parece que solo usan la cabeza de abajo y se hacen los imbéciles cuando saben que fallaron. Erick desgraciado. Te creía más optimista..., pero te has convertido en mi versión anterior, llena de miedo y cobardía.
No sé si vaya a regresar con él, en este momento es en lo que menos pienso. Ojalá se compre un bosque y que se pierda.