Todos somos únicos y especiales, todos tenemos nuestras particularidades que nos hacen sobresalir entre los demás. Con el pasar del tiempo unas características se han interpuesto sobre las demás en la norma social: los cuerpos esbeltos, los vientres planos y los rostros perfilados; se han convertido en dicha norma victimizando a toda mujer que no posea dichas cualidades. Yanelis es una de esas chicas, toda su vida a sido víctima de la marginación y de discriminación debido a su peso. Aunque la sociedad la haga sentir aparte y sin esperanzas de mejorar, Yanelis a decidido ignorar todo comentario negativo y probar de qué está hecha, progresando en la vida y dándose a valer. Después de varios intentos de búsqueda de empleo en su lucha por un mejor porvenir, al fin encontró un trabajo como secretaria en un consultorio médico.
Su nuevo jefe, el Dr. Maykel; es un hombre serio y recto que lleva su consultorio de una manera demandante y perfeccionista. El D
NovelToon tiene autorización de Natalïa Dïaz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
22
Llego al Hospital, pregunto por él, luego me permiten entrar al área que lo tienen. Lo veo acostado en la camilla despierto, pero se ve muy pálido. Ha debido estar pasando todo esto solo y no fue capaz de decirme nada. Tan pronto me ve, casi le da algo.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—¡Eres un maldito!— agarro el cuello de su camisa—. ¿Cómo pudiste ocultarme esto? — le reclamo herida.
—¿Ocultarte qué?
—No te hagas el imbécil, ya lo sé todo.
—Ya veo— baja la cabeza y guarda silencio por unos instantes—. Por esta misma razón no quise decirte, no quería preocuparte con esto. Lo siento.
Un nudo se forma en mi garganta, evitando que pueda reclamarle más. Él es lo único, aparte de mi mamá, que tengo. Tener ese pensamiento hace que las lágrimas que había estado conteniendo al enterarme, broten de mis ojos sin cesar.
—¿Te das cuenta? Por esta misma razón no quería que lo supieras.
Dejo ir el cuello de su camisa y lo abrazo atacada en llanto.
—Cálmate, osito. Te ves fea cuando lloras.
—¡Y tú ocultándome la verdad te ves horrible! — le miro y con su caricia en mi mejilla seca las lágrimas que descienden de ellas sin parar—. Quiero que busquemos ayuda de un especialista para que te atienda y pueda ayudarte.
—Yane… — presiona sus labios y suspira —. Ese es el detalle. Ya no hay nada que se pueda hacer.
—¡No digas eso! ¡No puedes decir eso!
—El médico que me ha estado atendiendo dice que estima que solo me quedan tres meses, osito. Es el mismo cáncer que mantuvo a mi madre luchando por sus últimas días, pero que terminó con ella en un abrir y cerrar de ojos. Supongo que tuve que heredar lo malo — sonríe ladeado y vuelve a mirarme.
—Tiene que haber una forma. ¡Me niego a aceptar esto!
—Perdóname por ser tan cobarde y no habértelo dicho antes. Sé que es ridículo pedirte esto, pero no quiero que por mi culpa estés triste.
—Tenemos que agotar las alternativas. Debe haber una forma de ayudarte. No podemos perder la fe.
—Amo eso de ti, osito. Esa forma de ver el lado positivo de las cosas, sin importar lo difícil e imposible que sea. En eso somos totalmente diferentes y, es por eso que considero que eres mucho más fuerte que yo.
—No digas tonterías.
—Hubiera dado todo para que el día que vinieras desesperadamente a buscarme, no fuera precisamente por esta razón.
—¿Qué estás diciendo?
—Que te amo, osito. Desde que éramos niños lo he hecho. Esta situación me ha servido para conseguir la valentía que no había tenido para decírtelo antes. Pensé que jamás me atrevería, pero mejor tarde que nunca, ¿verdad?— sonríe—. Ahora me siento mejor por haberlo sacado del sistema. Antes pensaba que solo era un cariño de amigos, pero cada vez que pienso en ti o te tengo cerca como ahora, mi corazón se quiere salir del pecho. Los años, la distancia, los cambios, nada ha podido cambiar ese hecho, porque te amo más de lo que pueda describir. Quería tener la dicha de poder verte y estar contigo por estos últimos meses. Eso me ha llenado como no tienes idea.
—¿Por qué me lo dices todo ahora? — presiono mis labios de la frustración e impotencia. ¿Cómo pude ser tan ciega? Yo misma me encargué de lastimarlo sin darme cuenta.
—Ya sé que es muy tarde, que tienes a alguien más y eres feliz. Te juro que no estoy esperando nada, solo quiero sacarme esto del pecho. De cierta forma, me alegra saber que tienes a alguien que quieres. Sé lo mucho que has pasado y mereces ser feliz.
—Yo no estoy saliendo con nadie, Jeremy. Es cierto que últimamente he estado interesada en alguien, pero es algo que, de parte y parte, es meramente físico. Ese tipo de interés, nunca llegará a nada, ni traerá la felicidad que busco. Pero eso no es importante. Por otro lado, mientras encontramos a un buen especialista para que te re evalúe, quiero que vayas haciendo una lista de lo te gustaría hacer. Quiero que lo hagamos todo, ¿de acuerdo?
—¿Una lista? Que lista eres.—sonríe.
—¿Y tu papá? ¿Él sabe que estás acá?
—No, no estoy preparado para decirle. Él está haciendo su vida con alguien más y no quiero empañarle la felicidad.
—Tienes que decirle. Es tu papá.
—No, no quiero hacerlo. Es mejor dejar las cosas así— no puedo obligarlo a que lo haga si no quiere, pero considero que debe hablar con él.
Nos quedamos en silencio unos segundos y es él quien lo corta primero.
—Así que no tienes novio, ¿eh? ¿Puedo anotarme en esa larga lista de pretendientes?
—¿Cómo es posible de que yo te guste? No puedo entenderlo. Además, la lista está vacía— desvío la mirada.
—No tienes que entenderlo, simplemente me gustas. Creo que tengo lo primero que deseo hacer cuando salga de aquí.
—¿Qué es?
—Es un secreto.
—¿Por qué no sales conmigo, Jeremy?— me las arreglo para decirlo.
—¿Qué? — mi pregunta directa lo sorprende—. No, yo no quiero que estés conmigo por lastima.
—¿Y quién dijo que es por lastima? Para estar con alguien que no conozco, que posiblemente me rompa el corazón y juegue conmigo, prefiero estar con alguien que realmente me quiere y ha estado conmigo desde hace mucho tiempo. Sin contar que, eres el único que me ha querido y aceptado tal y como soy, no solamente por mi físico.
—¿Eso está bien para ti? ¿Te sentirás bien estando con alguien que no quieres?
—¿Y quién te dijo que no te quiero? De hoy en adelante, seremos novios y no acepto un no como respuesta. Es una falta de respeto decirle no a alguien que acaba de proponerte salir. Tu no serías capaz de romperme el corazón y rechazarme, ¿verdad?
—¿Qué hay con esa actitud tan de repente, osito?
—Ya lo dije, desde este momento, oficialmente somos novios.