Florecía Lopez descubre el cruel engaño de su esposo Armando Paredes y es asesinada de una forma macabra, ella pide con todas sus fuerzas otra oportunidad para vengar a su familia y sus ruegos son escuchados. ¿Lograra vengarse de Armando y su familia? ¿Encontrara el verdadero amor y la felicidad para su madre?
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Capitulo 13
#OSCAR ROCCA
Me sentia ansioso, no veia a Trinidad.
¿Será que no viajo?
"TODOS A BORDO" se escucho que avisaron.
Por lo que junto a los otros pasajeros subimos a bordo. Me quede junto a mi hermano Luis en la cubierta, buscando a Trinidad.
- ¿Dónde está? Dijo que estaría aquí. Comento impaciente
-Tranquilo, Oscar. Dijo que vendría con su madre y su abuela. Debe estar por llegar. Trata de tranquilizarme.
Hasta que al fin la veo a Trinidad, junto a su madre y a su abuela Dambra acercándose.
-Cuanta belleza...Ah...
Lo escuche suspirar a mi hermano Luis. Segui su mirada y la tenia fija en Trinidad.
- ¿Ella? ¿La morena de ojos claros?
Mi hermano asintio mudo.
-Ah, entiendo. Es hermosa. Pues ella es mi Trinidad. Remarque la última frase.
Luis me miro incrédulo.
Ella iba prendida del brazo de su madre y la choco de paso, solo para llamar su atención.
- ¡Ay, perdón! ¿Estás bien?
-Sí... sí, gracias. Respondio en un tono debil, se la veia mareada.
- Toma, come algo. Te ayudará con el mareo. Le ofreci una galletita salada, al percartarme de su malestar.
-Gracias...
Me sonrio debil aceptando lo que le di.
Su madre la guio en un asiento y se puso a hablar con la abuela de Trinidad.
-¿Ves, mamá? Le dije que el aire de la cubierta le haría bien.
-Sí, sí. La niña está pálida. Necesita descansar. Respondio la ansiana.
Trinidad cuando se sentia mejor fijo su mirada en mi y nuestras manos se unieron de manera disimulada, sin que su madre y abuela se den cuenta.
- ¿Ves? Ya la conocíste. Le dije a Luis en voz baja, quien se sento a mi lado.
- ¿Y? Respondio sonriendo como restandole importancia
-Creo que necesito saber más sobre ella. Le digo emocionado.
- Trinidad, hija, quédate aquí sentada. Voy a buscar algo para el mareo con la abuela. Le dijo su madre.
-Sí, mamá. Le respondio asintiendo, sin soltarme la mano al tenerla oculta a nuestro costado.
- ¿Estás mejor? ¿Necesitas algo?
Me preocupo por ella.
-No, gracias. Solo un poco de aire. Me sonrie debil.
-Bueno, aquí estoy.
Le respondo y me percató de como los demás hombres la miran.
-¿Te importa si me quedo un rato?
-No, para nada. Me susurro.
Hasta a mi hermano lo vi interesado en ella, por mas que quiera disimularlo.
-Hola, ¿cómo estás? Soy Luis, el hermano de Oscar. Se presento al no poder aguantar que no lo presente.
-Hola, Luis. Soy Trinidad. Le sonrio.
Cuando estaba por pasarle la mano, le ataje a Luis mirandolo fijo, carraspeo nervioso al darse cuenta que lo descubri.
-Luis, ¿por qué no vas a buscar algo de beber para Trinidad? Le dije haciendole gestos con los ojos que nos deje solos.
-Ah, sí. Claro.
-Perdona a mi hermano. A veces se distrae. Le susurro a Trinidad.
-No hay problema. Se rió, entendio lo que le quise decir.
- ¿Sabes? Creo que deberías quedarte cerca de mí. El barco puede ser peligroso.
Le digo al incomodarme que atrae las miradas de los hombres.
- ¿Tú crees? Me sonrio fijando su atención solo en mi.
- Sí. No quiero que te pase nada. Le respondi asintiendo.
Me siento atraido por Trinidad, solo deseo volver a sentir sus labios.
En eso, regreso la madre de Trinidad.
-Hijita vamos al camarote. Le dice al notar que nos mirábamos.
-Bueno. Le respondió Trinidad.
"Te veo luego" Le susurre antes que se vaya.
Trinidad me miro con dulzura y asintió alejándose del brazo de su madre.
Al rato aparece Luis con unas botellas de gaseosas.
-Traje de dos sabores. Dijo y miro a todos lados, sabia que buscaba a Trinidad, me pare y le mire serio.
- Luis, necesito hablar contigo.
- ¿Qué pasa?... ¿Y Trinidad?
-Trinidad. Está fuera de límites.
-¿Qué? No entiendo. Desvío la mirada al querer ocultar su sorpresa.
-Estás casado, Luis. No te metas con ella. Le recordé.
-Oscar, no sé de qué hablas. Disimulo tomando la gaseosa.
- No te hagas el tonto. Te vi mirándola. Me cruzo de brazos con la respiración agitada.
Luis, suspirando.
-Ah, eso... solo me acordé de algo.
- ¿De qué?. Indague escéptico.
- La vi en un corso, en la ciudad de los corsos. Era la reina, bailando en la cima de una carrosa. Era... impresionante. Respondio pensativo.
-Ah, sí... ahora me acuerdo. Era ella. La chica de los ojos claros y piel dorada. Me acordé de cuando viajamos exclusivamente para ver ese espectáculo que en todos lados se escuchaba que era impresionante.
Luis, asintiendo, perdido en el recuerdo, al mirar hacia la lejanía.
- Sí, esa es. Una belleza única.
Oir que hable con tanta devoción hacia Trinidad me sacudio por dentro.
-Luis, no te dejes llevar. Está prohibido.
Le advierto, no dejaria que nadie mas que yo la tenga.
Luis, desviando la mirada.
-No sé de qué hablas, Oscar.
Mire directo a Luis, sabia que mi hermano está mintiendo.
-Cuida tus pasos, Luis. Le dije serio señalando con el dedo.
-Solo son ideas tuyas. Respondió fingiendo inocencia.
-Te conozco Luis, jamás miraste así a ninguna chica, salvo la que te interesaba.
-Tú no eres ningún santo... ¿Crees que Trinidad siga interesada por ti al saber de tu larga lista de conquistas?
Luis tenía un punto, pero la verdad que jamás tome en serio a ninguna mujer, no dejaba que nada dure mucho para que no se encariñen, después del engaño de la que en verdad me gustaba, no tenía lugar para volver a creer en el amor, hasta ahora, que conocí a Trinidad.
-Te lo diré una sola vez, no te quieras arrimar a Trinidad.
-Temes que me termine eligiendo a mí.
-Eso sería imposible, sin olvidar que estás casado.
-Solo en papeles.
-Ya dije Luis... Te aprecio mucho como mi hermano... Pero no dejaré que manches a Trinidad.
-Nos volvemos a ver... Qué casualidad. Apareció el abuelo de Trinidad.
-Señor Dambra. Los saludamos unísono con mi hermano.
-Tenía una corazonada de que no podía dejar a mis más preciados tesoros viajar solas, y no me equivoque. Dijo mirándome serio.
-¿A caso viaja con su familia?... No tenía idea.
-Por supuesto... El mundo es un pañuelo.
Respondió despectivo y se alejó dejándome un nudo en el estómago que acople tomando la gaseosa, ahora yo sentía malestar.
-Al parecer ninguno de los dos podremos arrimarnos a Trinidad. Me susurro burlon Luis.