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EL GUARDIÁN DEL ETHER

EL GUARDIÁN DEL ETHER

Status: En proceso
Genre:Acción / Espadas y magia / Romance / Aventura / Fantasía épica
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Romero Robles

Es un mundo de fantasía medieval mezclado con elementos de mitología oriental y épica clásica, existe una fuerza primordial llamada Ether, la “Esencia de la Creación”. El Ether otorgó poder a un grupo antiguo de guerreros supremos conocidos como los Semidioses, capaces de cambiar el curso de la historia con una sola voluntad. Los Semidioses ocultaron la ubicación del Ether para evitar que cayera en manos de reyes, imperios y criaturas ambiciosas. Esto desató la legendaria Guerra Primordial, un conflicto que destruyó reinos y terminó con la muerte de todos los Semidioses. Con su desaparición, también se perdió el secreto del Ether.
A partir de entonces, las razas del mundo, humanos, elfos, orcos, enanos, bestias espirituales, se lanzaron a una búsqueda desesperada. La aventura se convirtió en profesión.

Nacieron los Aventureros. Se formaron los Gremios. Y comenzó la Era de la Aventura. En este escenario surge un chico llamado Kael , debil… hasta que el destino intervie

NovelToon tiene autorización de Alejandro Romero Robles para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 1: EL HIJO SIN MANÁ

El mundo siempre había creído que los grandes cambios llegaban acompañados de truenos, portentos o señales celestiales. Pero para Kael, todo comenzó con una mañana gris, una cuerda en el pelo y un suspiro torpe mientras trataba de ajustarse la ropa que su madre insistía en que “le quedaba perfecta”. El pueblo de Lunaris Este, donde había nacido y crecido, no era más que un asentamiento modesto perdido entre montes verdes y caminos de tierra. Allí, entre casas de madera y arrozales que sobrevivían gracias a los últimos ríos limpios de la región, la vida avanzaba con una calma que a veces parecía eterna. Era el tipo de sitio donde el viento cargado de polen decía más que la gente, y donde los rumores viajaban más rápido que los carros de los comerciantes. Kael siempre había admirado esa tranquilidad… y al mismo tiempo, la odiaba. A sus quince años, era conocido más por lo que no tenía que por lo que era. No tenía maná. Y en una tierra donde hasta los niños podían encender una chispa sobre sus dedos, aquello era casi un estigma. No era raro escuchar a los vecinos comentar entre murmullos cuando lo veían pasar:

—Pobre chico…

—Una lástima.

—Sin maná no llegará lejos.

No importaba cuánto entrenara, cuánto estudiara o cuántas veces se esforzara hasta el agotamiento. La respuesta siempre era la misma: nada. Un vacío absoluto donde debería haber una chispa. Sin embargo, Kael tenía una particularidad que escapaba al entendimiento de todos: jamás se rendía. Su carácter introvertido escondía una voluntad inquebrantable, una terquedad silenciosa que incluso desesperaba a sus propios padres. Aquella mañana, mientras ajustaba su coleta y se miraba al espejo de metal pulido, sintió por primera vez que algo estaba a punto de cambiar. No sabía qué. Pero estaba listo.

LA CASA DONDE EMPEZÓ TODO.

La vivienda de la familia era modestamente grande, construida con una mezcla de madera y piedra, combinando artesanía occidental con curvas y techos inclinados propios de la tradición oriental. Allí vivía con sus padres: Tarek, un carpintero de brazos fuertes y voz serena, y Miyara, una antigua aventurera que había dejado la senda del gremio tras un accidente que aún le dolía más en el alma que en el cuerpo. El olor a madera recién cortada siempre llenaba el aire. Y esa mañana no era la excepción. Tarek estaba en la entrada, revisando un baúl que Kael reconoció de inmediato. El baúl de las cosas importantes. Su padre levantó la mirada cuando lo vio descender.

—Te levantaste tarde hoy —dijo sin reproche, más como una observación.

Kael simplemente se encogió de hombros.

—No pude dormir mucho —respondió, su voz calmada pero honesta.

No mencionó que había dado vueltas en la cama imaginando una y otra vez cómo sería la prueba de admisión a la Escuela de Guerreros. No en voz alta, al menos.

Su padre soltó una risa suave.

—Nadie duerme bien antes de un día como este.

Dentro del baúl había un par de protectores de cuero, una capa ligera y una cantimplora de metal. Cosas viejas. Cosas que Tarek había usado en su juventud, según contaba. Aunque nunca había hablado demasiado sobre aquella etapa. Miyara apareció desde la cocina, sosteniendo un cuenco de arroz caliente con tiras de carne. Le dedicó a Kael una sonrisa cálida.

—Come. Aunque seas introvertido, la comida no muerde.

Kael la miró con resignación. El humor de su madre era ligero, suave, siempre presente en los momentos donde él se tensaba demasiado.

—Gracias, madre —respondió, aceptando el plato.

Mientras comía, Miyara se acercó y, con una delicadeza maternal, acomodó un mechón suelto de su coleta.

—Recuerda mantenerte tranquilo —le susurró—. No se trata de demostrar lo que no tienes, Kael, sino lo que eres.

Él no respondió, pero sus ojos reflejaron la importancia de aquellas palabras. Afuera, sentado sobre una roca frente a la casa, Kael encontró a Ryn, su único amigo de toda la vida. Un chico un año mayor, con cabello negro corto revuelto, cara redonda, y un entusiasmo tan explosivo que contrastaba dolorosamente con el carácter reservado de Kael.

—¡Por fin! Estaba a punto de entrar y sacarte a rastras

—exclamó Ryn—. ¿Estás listo o quieres que te dé uno de mis discursos motivacionales?

—No, gracias —contestó Kael con su típica precisión verbal.

Ryn puso cara de herido.

—Eres cruel.

Aun así, se levantó y le dio un golpe suave en el hombro.

—Hoy es tu día, Kael. Aunque esos tipos de la Escuela digan lo contrario, tú perteneces ahí. Esos músculos tuyos salieron de algún lado, ¿eh? Aunque el maná siga sin querer aparecer. Kael suspiró. No era musculoso, pero era resistente. Muy resistente. No sabía por qué, pero desde pequeño soportaba esfuerzos físicos que para otros niños eran imposibles. Nadie entendía esa anomalía… y él tampoco.

—Solo haré lo mejor que pueda —respondió.

—Eso digo yo siempre, pero normalmente fracaso —soltó Ryn con una carcajada—. ¡Así que hoy es tu turno de fallar dignamente!

Kael no pudo evitar sonreír. Ryn era así: caótico, optimista e imposible de ignorar. El tipo de amigo que uno no pide, pero la vida insiste en darle. La Escuela de Guerreros se encontraba al otro lado del valle, sobre una colina fortificada con murallas bajas y estandartes que ondeaban al viento. Desde lejos, el lugar parecía un templo militar, mezclando pilares de piedra con techos curvados típicos de la arquitectura oriental. Era uno de los centros formativos más respetados de la región. Solo entraban los mejores… o al menos los que demostraban potencial. Y ahí estaba el problema. Kael no tenía potencial mágico. Y la mitad de la prueba de admisión se basaba en manejar el maná. Pero aun así iba. Mientras avanzaba con sus padres y con Ryn a su lado, Kael sintió un nudo creciente en el estómago. Había oído historias sobre jóvenes rechazados frente a cientos de personas. Algunos se marchaban llorando. Otros, humillados. Pero él no lloraría. No daría ese gusto a nadie. Cuando llegaron a las puertas de la Escuela, había decenas de jóvenes reunidos. Algunos hablaban animadamente, otros practicaban hechizos simples en el aire. Kael recibió miradas curiosas… y algunas de desprecio.

—Ese es el chico sin maná, ¿no?

—¿En serio vino?

—Qué pérdida de tiempo…

Kael los ignoró. A fin de cuentas, ya estaba acostumbrado.

LA PRUEBA DE ADMISIÓN

Los aspirantes se alinearon en el gran patio, donde un maestro anciano, de barba blanca y postura recta, apareció cargando un bastón adornado con cintas rojas.

—Bienvenidos a la Escuela de Guerreros. Soy el maestro Aren. Hoy evaluaremos no sólo su habilidad, sino su voluntad. Muchos de ustedes fracasarán. Algunos tal vez llorarán. Otros, quizás, se superarán. Pero recuerden siempre lo esencial: el mundo no necesita cobardes.

Su tono era firme. Autoritario. Se notaba de inmediato que aquella persona podía destruirlos con un solo gesto… pero también levantarlos con un consejo.

—Empezaremos con la medición de maná —anunció Aren—. Luego vendrán las pruebas físicas.

Kael tragó saliva. Ese era su mayor obstáculo. Uno a uno, los aspirantes colocaron su mano sobre un cristal mágico que medía la capacidad de canalizar energía. Algunos hacían brillar el cristal con tonos azules o verdes. Otros lo iluminaban apenas. A algunos les explotaba en chispas doradas. Cuando llegó su turno, un silencio incómodo se extendió alrededor. Kael respiró hondo, apoyó la mano…

y el cristal quedó completamente apagado. Ni una chispa. Ni una vibración. Nada. Los murmullos comenzaron de inmediato.

—Ahí está.

—Era obvio.

—No tiene maná.

El maestro Aren observó el cristal, luego a Kael. Su expresión era neutra, pero sus ojos parecían analizar más allá de lo evidente.

—Nombre —pidió.

—Kael —respondió él con calma.

—Muy bien, Kael. Puedes pasar a las pruebas físicas.

Un alumno rió por detrás.

—¿Para qué? Si no tiene maná…

Aren golpeó el suelo con su bastón y el ruido resonó como un trueno.

—Aquí hablo yo —sentenció.

El chico que había hablado se calló de inmediato. Kael asintió, agradecido internamente por el silencio, y avanzó a la siguiente etapa.

LAS PRUEBAS FÍSICAS

Correr, saltar, levantar peso, resistir golpes, esquivar obstáculos. Kael lo dio todo. No era espectacular, pero era constante. Mientras algunos se rendían o caían agotados, él seguía. Su voluntad llamó la atención de varios instructores. Ryn, que había logrado entrar a la prueba para novatos solo como espectador, gritaba desde la muralla:

—¡KAEL! ¡No mueras, que luego me siento culpable!

Kael rodó los ojos sin perder ritmo. Para el final de la jornada, Kael estaba cubierto de sudor, polvo y algunos moretones, pero seguía de pie. Era más de lo que muchos podían decir. El maestro Aren se acercó una vez que las pruebas terminaron. Caminó con pasos lentos, su bastón marcando el ritmo sobre las piedras del patio.

—Todos aquellos cuyo nombre sea llamado —anunció— queden en el centro. Los demás, pueden retirarse.

Los nombres comenzaron a sonar uno por uno.

Kael no esperaba escuchar el suyo. No quería hacerse ilusiones. Pero entonces…

—…Kael de Lunaris Este.

El corazón se le detuvo por un instante. Ryn levantó los brazos al cielo en señal de victoria.

—¡TE DIJE QUE SÍ! —gritó sin ninguna vergüenza.

Kael inspiró profundamente. Estaba dentro.

Había sido admitido. Aren lo observó directamente mientras el resto de aspirantes rechazados comenzaban a retirarse.

—Kael —dijo el maestro—. No posees maná. Pero tienes algo diferente: voluntad. Eso no se enseña. No desaproveches esta oportunidad.nKael inclinó la cabeza con respeto.

—Haré todo lo posible.

—No. Harás más de lo posible —correcto Aren—. A partir de hoy, eres un aprendiz de guerrero.

Kael no lo sabía aún, pero ese día marcaría el inicio del camino que lo llevaría a convertirse en el Guardián del Ether. El día en que un chico sin maná dio su primer paso hacia la leyenda.

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Leonidas Romero
🤣🤣🤣🤣. El autor mismo flipando de como le quedó el Capítulo jajajajaja ESENCIA dice 🤭. Pero bueno en resumen es el mejor Capítulo que he leído aquí en esta novela, ya se nota que están llegando al climax del asunto. 👏💯.
Alejandro Romero Robles
Pero que capítulo que tiene AAAAUUUUURRRRAAAAA, pero que aura, EEESSSSEEENNNNCCCCIIIIIAAAAAA.
Leonidas Romero: Hasta tu mismo flipas de como te quedó. 🤣Gran trabajó amigo.
total 1 replies
Maria Emilia Robles Lamoth
Claro que sí los últimos serán los primeros 👏.
Maria Emilia Robles Lamoth
Ese tipo es un pedante.
Maria Emilia Robles Lamoth
Me reí y me agradaron las pruebas, buen capítulo.
Maria Emilia Robles Lamoth
Que buen primer capítulo; revelador, personajes nuevos , problemas, amor y mucho más, espectacular el capítulo.
Maria Emilia Robles Lamoth
Que buen comienzo me encanta la manera en la que narras la historia. 👏
Angelito 🪷 falcó👑
Me encantó y es el primer capítulo wow Me encantó de verdad cada letra me emocioné mucho usted es muy bueno👀
Alejandro Romero Robles: Muchas gracias me alegro que te haya alegrado. Es muy real que te haya interesado esa historia pero está muy buena espero que la disfrutes. /Good/
total 1 replies
Leonidas Romero
Wau el amor de esa Mujerrrrrr. Es una pele a dos vandos ahora. 🤣☺️
Leonidas Romero
La vida ha veces es injusta pero todo está en cómo lo afrontes. Gran capítulo. 👏
Leonidas Romero
👏👏👏🤭☺️
Leonidas Romero
🤣🤣🤭 Me reí mucho con este capítulo ☺️.
Leonidas Romero
wau esas imágenes tienen mucho aire Souls Like.
Leonidas Romero
Las historias de este autor son súper interesantes y con un cosepto que me gustan me identifica mucho su escritura.
Alejandro Romero Robles
Pues claro que todo está dormido, es el inicio de la novela. /Facepalm/
Yinet Leonor
🤣🤣🤣Al parecer aquí todo estaba dormido 🤣🤣🤣
Yinet Leonor
Me sumergí tanto en la lectura que cuando me di cuenta ya había acabado el capítulo. 👌
Yinet Leonor
Al fin le sube la autoestima a este crio
Alejandro Romero Robles
Aclaración, aquí todo trata de maná. La marca también es maná con la esencia del Ether eso le permite que ha la hora de [MANIFESTARSE] lo puede hacer en cualquier parte.
Alejandro Romero Robles
Creo que me confundi un poquito de lugar al escribir donde estaba la marca. Perdón por eso.😐
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