Keile después de cometer muchos errores y ganarse el odio de su enigma tuvo que ver como la vida se le escapaba a la persona que más amo , no solo lo vio morir el fue su verdugo y vivió cada día en el arrepiento pero ahora el destino a decido darle una oportunidad volviendo al momento antes de que la luz de su egnima fuese apaga¿cometerá keile los mismo errores de su vida pasada?
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El Frío de una Presencia Extraña
El apartamento estaba en penumbra, solo iluminado por el resplandor intermitente de las luces de la ciudad que se filtraban por el ventanal. Me arrastré hasta el sofá, cada fibra de mi cuerpo gritando por el castigo eléctrico y los azotes del Coronel. La fiebre empezaba a nublar mi vista, pintando halos de colores en los bordes de los muebles, pero mi mente se aferraba a un solo pensamiento: Él va a venir.
En mi otra vida, en este preciso momento, Brayan irrumpió por esa puerta con el rostro desencajado por la angustia. Recuerdo sus manos temblorosas buscando mis heridas, su voz rota pidiéndome perdón por ser la causa de mi castigo. Aquella noche, el dolor físico se desvaneció bajo el calor de su cercanía. Fue el momento en que nuestras almas finalmente dejaron de competir para empezar a sanar.
Aunque al final yo terminé rompiendo su corazón en un intento estúpido de proteguerlo
Escuché el sonido de la cerradura. Mi corazón, débil y errático, dio un vuelco.
—Brayan… —susurré, intentando enderezarme, ignorando el rastro de sangre que manchaba la tapicería.
La puerta se abrió de golpe, pero el aire que entró con él no era cálido. Era un vendaval gélido.
Brayan se detuvo en el umbral. No dio un paso apresurado hacia mí. No hubo rastro de la preocupación que yo recordaba con tanta claridad. En su lugar, sus ojos dorados, que en mi memoria eran refugio, ahora eran dos brasas de una furia contenida, una desconfianza tan profunda que me hizo retroceder internamente.
—¿Disfrutando de tu actuación, Keile? —su voz cortó el silencio como un bisturí. No había amor. Había una acusación que no lograba comprender.
Me quedé helado, con la mano extendida en el aire. La sorpresa fue más dolorosa que cualquier descarga eléctrica de mi padre. Las cosas estaban cambiando de una forma aterradora. En este punto de la línea temporal, nosotros deberíamos ser más cercanos que nunca, nuestra intimidad debería estar floreciendo… pero él se sentía a kilómetros de distancia.
Sentí una punzada de desesperación. ¿Era posible? Aunque Brayan no tenía los recuerdos de la otra vida, ¿podría su instinto, su parte más animal, recordar la traición o el dolor de alguna manera? Parecía que cuanto más intentaba yo salvarlo, más se activaba en él un mecanismo de defensa que lo empujaba en la dirección opuesta.
—Brayan, no sé de qué hablas… —logré decir, mi voz apenas un hilo debido a la fiebre—. Yo solo… quería que estuvieran a salvo.
—¡Deja de mentir! —rugió, y por primera vez vi en él un odio que nunca existió en la otra vida—. La retirada, el desayuno, esa mirada de mártir… ¿Qué estás planeando? ¿Qué precio le pusiste a nuestra cabeza para jugar a ser el héroe hoy?
Verlo así, tan lleno de rencor por el mismo acto que casi me cuesta la vida, me rompió algo por dentro. Me dolía el cuerpo, pero ver cómo se alejaba, cómo corría hacia el abismo de la desconfianza mientras yo intentaba sostenerle la mano, era la verdadera tortura. En mi afán por salvar el futuro, parecía que estaba borrando el amor que una vez nos unió.
Estaba solo en mi dolor, frente al hombre que amaba, quien ahora me miraba como si yo fuera su peor enemigo