Isabella Anderson siempre ha tenido el control de su vida: su apellido, su posición y cada decisión que toma. Para ella, Nicolás era solo eso… su guarura. Alguien más en su mundo, alguien que debía mantenerse en su lugar. Nicolás Miller, en cambio, no encajaba en esa etiqueta. Seguro de sí mismo, reservado y con un mundo mucho más grande del que Isabella imaginaba, empezó a romper cada idea que ella tenía sobre él. Entre miradas que dicen más que las palabras, discusiones cargadas de orgullo y una tensión imposible de ignorar, ambos comienzan a cruzar una línea que nunca debió existir. Porque a veces, lo más peligroso no es lo que pasa… sino lo que empiezas a sentir por quien juraste no mirar. Y es ahí donde la verdad pesa más: nunca fue solo su guarura.
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Capítulo 21
Después de hablar con Tomás, Nicolás tomó una decisión, dejar de evitar las cosas. Salir corriendo no estaba resolviendo nada, y lo sabía. Así que, reuniendo un poco de valor, caminó directamente hacia la oficina de Isabella.
Cuando llegó, tocó la puerta.
—Adelante —se escuchó desde dentro.
Nicolás abrió y entró. Isabella estaba de espaldas, hablando por teléfono con alguien, así que él decidió no interrumpirla. Cerró la puerta con calma y se sentó frente al escritorio a esperar.
Mientras ella hablaba, Nicolás no pudo evitar observarla.
Ese día Isabella llevaba un enterizo de pantalón largo que resaltaba perfectamente su figura. Elegante, profesional… y peligrosa para su concentración.
—Vale, Juan, entonces así quedamos —dijo ella finalmente mientras giraba la silla.
En cuanto se dio vuelta y lo vio sentado frente a su escritorio, se sobresaltó.
—¿No le diste mi más afectuoso saludo a Juansito? —comentó Nicolás con sarcasmo.
Isabella frunció el ceño.
—Nicolás… ¿qué haces acá?
Se acomodó en su silla mientras él se recostaba ligeramente en la suya.
—Bueno, yo creo que ya tengo derecho a tutearte… tú lo haces a cada rato.
Isabella tomó el vaso de agua que tenía sobre el escritorio y bebió un sorbo antes de responder.
—Pero yo soy yo. Tú no.
Nicolás soltó una pequeña risa.
—No has respondido a mi pregunta —continuó ella—. ¿Qué haces acá, Nicolás Miller?
—¿Sabes? Me encanta que recuerdes tanto mi nombre.
Isabella rodó los ojos.
—Necesitamos hablar —continuó él—. No sé si te parece bien acá… o prefieres que vayamos a otro lugar.
Isabella apoyó un codo en el escritorio y lo miró con frialdad.
—No tengo nada que hablar contigo… oílo.
Nicolás suspiró.
—Sabes… venía pensando en el camino si debía decirte esto o no. Pensé que quizá te burlarías de mí… pero aun así lo voy a decir.
Se inclinó un poco hacia adelante.
—Isabella Anderson, tú me…
En ese momento tocaron la puerta.
Antes de que alguno pudiera reaccionar, la secretaria entró.
—Señorita, qué pena interrumpir, pero la solicitan urgente del área de recursos humanos.
Isabella se levantó inmediatamente.
Nicolás, por dentro, no sabía si agradecer o maldecir lo que acababa de pasar.
—Miller, qué pena contigo —dijo Isabella tomando su teléfono—, pero ya escuchaste. Debo irme. Si gustas me esperas… o luego me dices lo que tenías pendiente.
Nicolás se levantó lentamente.
—Está bien… en otra ocasión será.
Ambos salieron de la oficina.
Pero cada uno tomó un rumbo diferente por el pasillo.
Cuando Isabella llegó en la noche a su casa, escribió en el grupo de amigos. A los pocos minutos, después de leer lo que había enviado, decidieron hacer una videollamada.
—Chicos, Nicolás hoy me buscó para hablar —comentó Isabella apenas se conectaron.
—Omg, ¿de qué? Cuenta —dijo Lucas de inmediato.
—No sé. No me pudo decir porque justo llegó Nicol a decirme que me necesitaban urgente en recursos humanos, pero no me ha escrito para reanudar la conversación.
—Oh oh… al parecer tú estás muy interesada en hablar y que él te diga algo agradable, ¿no? —preguntó divertida Lucía.
—Pues qué les digo, me genera intriga. Pero supongo que es dar una explicación de por qué dejó su trabajo sin avisar. Sin embargo, él lo explicó frente a mi padre, así que no sé.
Lucas se acomodó frente a la cámara y dijo:
—Te tengo una pregunta. Si ahora mismo Nicolás te confiesa que gusta de ti y que le gustaría conocerse contigo con el fin de tener algo serio, ¿qué le dirías? Analiza la pregunta y respóndela con un buen argumento, princesa Bella —como la llamaba de cariño.