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Las Crónicas De Kathall Y El Hijo Del Re'Xhuz

Las Crónicas De Kathall Y El Hijo Del Re'Xhuz

Status: En proceso
Genre:Amor en la guerra / Mundo mágico / Batalla por el trono
Popularitas:720
Nilai: 5
nombre de autor: Deivis Blanco

hace 500 años "Kathall" sufrió tras la última guerra santa donde muchos murieron. En especial, Re'Xhuz el titan de la muerte quien fue derrotado por la primobestia "Fenixsera" pero algo de su esencia quedo vagando en el mundo. Esencia que se introduce en el cuerpo de una humana, siendo esta su cuna mientras se prepara para volver y así iniciar otra guerra santa.

NovelToon tiene autorización de Deivis Blanco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20: El Rostro de la Tierra y el Decreto del Equilibrio

​El aire de Kathall se ha vuelto denso, cargado con el olor a ozono y madera quemada. El destino de las Hermanas de Zalem y el linaje de Belandria penden de hilos que están a punto de romperse bajo la presión de fuerzas primordiales.

​El Desprecio de la Corona

​En los límites del bosque, la tensión era insoportable. Calanthe luchaba inútilmente, atrapada por los Anillos de Luz de Luna de Zildy, que quemaban su piel como plata líquida. Nerwel, con el rostro endurecido por una vida de disciplina, tensó la cuerda de su arco, apuntando directamente al entrecejo de Liria.

​—Eres la semilla de la destrucción —dijo Nerwel, su voz sin rastro de duda—. Matarte ahora es un acto de piedad para el mundo.

​Liria, a pesar del dolor punzante en su vientre y las cenizas de sus enemigos aún flotando en el aire, levantó la barbilla. Sus ojos reflejaban un vacío gélido que no parpadeó ante la flecha. Clio se lanzó frente a ella, extendiendo los brazos.

​—¡Tío, detente! —suplicó Clio—. Ella no es el enemigo. Lo que lleva dentro es parte de nosotros ahora. Si la matas, me matarás a mí también.

​La Manifestación de Sanir

​Dentro de las profundidades de Verdigris, la tragedia se consumaba. Agatha, tras haber usado hasta la última gota de su esencia para sostener los hilos mágicos, colapsó. La Bestia de Raíces aprovechó el instante y descargó un golpe masivo con su garra de madera petrificada, lanzando a Agatha contra un tronco milenario. El crujido de sus costillas y el brote de sangre de su boca marcaron una herida mortal.

​Fue entonces cuando el suelo comenzó a bullir. De la tierra misma emergió la forma física de Sanir. No era una mujer, sino una amalgama de naturaleza grotesca: su cuerpo estaba compuesto de barro negro y musgo vibrante, su rostro era una máscara de corteza blanca con cuencas que destilaban savia roja, y su cabello eran raíces serpenteantes que se hundían y salían del suelo constantemente.

​—Pobres restos de Zalem... —la voz de Sanir sonaba como mil ramas quebrándose a la vez. Se rió, un sonido seco y aterrador, mientras extendía un brazo de lianas que inmovilizó a Senylda en el acto—. Creíais que podíais tejer sobre mi piel sin que yo despertara. Mirad a la gran Tejedora ahora, desangrándose en mi lodo.

​Agatha, apenas consciente, miró a la entidad.

—Déjanos... vete por los que portan el vacío... —susurró con esfuerzo—. Ve por el elfo y la humana... ellos son lo que buscas.

​Sanir sonrió, revelando dientes de pedernal. Aceptó el trato por puro sadismo. Sin embargo, en un último acto de voluntad, Agatha usó el hilo final de su alma para conectar a Senylda con el exterior. Con un tirón invisible, Senylda fue expulsada del agarre de Sanir y enviada fuera del bosque, dejando a su hermana atrás con la deidad de la tierra.

​El Veto de Estarossa

​En el Monte Elysium, el destino de Cornelius parecía sellado. Judasel dio un paso al frente, con su espada de luz brillando con la intención de la ejecución.

​—Se ha decidido —sentenció Judasel—. Serás llevado a la Ciudad Sagrada de Bastión. Allí, los sacerdotes extraerán la esencia de Rupherius de tu médula. Usaremos ese poder para sellar las grietas del velo que tu familia ayudó a romper.

​—¡No seré vuestro sacrificio! —rugió Cornelius, intentando ponerse de pie, aunque sus piernas temblaban—. No soy un recipiente, soy un rey.

​Justo cuando los guardias iban a apresarlo, una vibración armónica recorrió la sala. La voz del Gran Serifir Estarossa resonó desde el vacío, aunque su cuerpo no estaba presente.

​—Dejadlo ir —ordenó la voz, cargada de una autoridad absoluta que hizo que los Sagrados bajaran sus armas—. Ya he obtenido lo que quería de su memoria. El equilibrio no se sirve con su muerte, sino con su libertad. Que regrese a su trono de cenizas.

​La Espera en Neressis

​Lejos de la violencia, en la capital arbórea de Neressis, la atmósfera era de una calma sepulcral antes de la tormenta. El Gran Druida Erfren, junto a sus consejeros Deleys, Tylva y el general Zultran, observaban el horizonte desde las ramas más altas del Árbol Padre.

​—Nerwel llegará pronto —comentó Zultran, ajustando su armadura de hojas de bronce—. Traerá al traidor y a la humana.

​Erfren no respondió. Sus ojos estaban fijos en la neblina que se levantaba a lo lejos. Sabía que lo que regresaba con su hermano no era solo un sobrino descarriado, sino el catalizador de una guerra que Neressis no estaba segura de ganar.

CONTINUARÁ...

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Nancy
va a seguir actualizando está muy buena la historia te felicito
Nancy
Se ve muy prometedora la historia
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