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Mi Sexy Sensei

Mi Sexy Sensei

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Maestro-estudiante / Profesor particular
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Nanani fue plantada en el altar y causa de eso cayó en depresión su padre la obligará a tomar clases de arte marciales, Pero ella odia a su sensei o... eso cree

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Capitulo 20

Aún así, Rita no se rindió.

Con la determinación clavada en los huesos, siguió a Kai y Nanami montaña arriba, sin importarle que no la hubieran invitado. Sus zapatos resbalaban en el camino de tierra, su respiración se entrecortaba por la pendiente, pero nada la detenía.

No iba a permitir que esa niña mimada le robara lo que por derecho le correspondía.

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Al llegar a la base de la colina, donde el camino se volvía empinado y rocoso, Kai se detuvo. Miró a Nanami, luego la pendiente, y sin mediar palabra, se agachó frente a ella.

—Sube —le dijo.

Nanami parpadeó, sorprendida. El calor le subió a las mejillas.

—¡No es necesario! ¡Puedo caminar!

—No seas tonta —respondió él con paciencia—. El camino es largo y está colina arriba. No quiero que te esfuerces.

El corazón de Nanami dio un vuelco. ¿Él estaba preocupado por su salud? ¿Desde cuándo?

Rita, que llegaba jadeando detrás de ellos, casi echa humo al ver la escena.

—No creo que sea apropiado, Kai —soltó con veneno—. Tú eres su profesor. Esto es poco profesional.

Nanami la miró por encima del hombro, y entonces, con una sonrisa traviesa que Kai conocía demasiado bien, saltó a su espalda sin dudarlo.

Kai se incorporó, sintiendo el peso de ella contra su espalda, y se giró lentamente hacia Rita. Su expresión ya no era neutral. Sus ojos oscuros lanzaban llamas.

—Precisamente por eso lo hago —respondió con voz firme—. Ella es mi responsabilidad. Y es por su salud que no quiero que se esfuerce. ¿Sabes qué pasó la última vez que la dejé hacer ejercicio sin control? Terminó en urgencias. Y no voy a permitir que vuelva a suceder.

Rita abrió la boca para replicar, pero ninguna palabra salió.

Se sintió estúpida.

Pequeña.

Y completamente fuera de lugar.

Llegaron a la cabaña de la abuela. Nanami se bajó de la espalda de Kai con una sonrisa y, sin ningún tipo de formalidad, entró como si la casa fuera suya.

—¡Hola, abuelita! —cantó con alegría.

La abuela de Kai, que estaba sentada en su mecedora tejiendo, levantó la vista y su rostro se iluminó como un sol.

—¡Hola, mi nietecita! —respondió con los brazos abiertos—. ¡Pasa, pasa, querida! Justo estaba pensando en ti. ¿Has comido? Te preparé esas galletas que te gustaron la última vez.

Nanami corrió a sentarse a su lado, pegándose a la anciana como si fueran familia de sangre. La abuela le acarició el cabello con una ternura que solo las abuelas saben tener, y Nanami cerró los ojos un momento, disfrutando ese cariño que tanto extrañaba.

Todo era alegría. Todo era calidez.

Hasta que Rita cruzó la puerta.

—Hola, abuela —dijo con una sonrisa nerviosa—. Tanto tiempo sin verte.

El ambiente cambió al instante.

La abuela de Kai levantó la vista y sus ojos, antes cálidos y brillantes, se congelaron como témpanos de hielo. Su expresión se endureció de una forma que nadie esperaba.

—Yo no soy tu abuela —respondió con una frialdad que cortaba el aire.

Rita tragó saliva.

—Abuela, yo solo quería...

—¿Querías qué? —la interrumpió la anciana, levantándose de su mecedora con una agilidad sorprendente—. ¿Querías venir a saludar después de diez años? ¿Después de que rompieras el corazón de mi nieto?

Nanami abrió los ojos como platos. Miró a Kai, que tenía la mandíbula apretada y la mirada clavada en el suelo.

—Yo... eso fue hace mucho tiempo —tartamudeó Rita.

—El tiempo no borra las traiciones —sentenció la abuela—. Tú dejaste a Kai por su mejor amigo. Te fuiste a la gran ciudad sin mirar atrás, sin importarte el daño que le causaste. Lo humillaste, lo hiciste sentir menos. Y ahora vienes aquí como si nada.

El silencio se instaló en la cabaña, denso como una losa.

Nanami solo se queda a un lado sin intervenir solo escuchaba atenta lo que la abuela de Kai decía

—Abuela, por favor... —intentó Kai.

—No —lo cortó la anciana con firmeza—. Tú siempre fuiste demasiado bueno, demasiado callado, demasiado dispuesto a perdonar. Pero yo no. Yo no olvido cómo llorabas noches enteras. Yo no olvido cómo dejaste de sonreír durante meses. Yo no olvido cómo esa mujer destrozó a mi nieto.

Rita bajó la mirada, completamente humillada.

—Yo solo quería...

—Solo querías ver si aún podías tenerlo —completó la abuela con desprecio—. Pero ya es tarde. Él ha encontrado a alguien mejor. Alguien que sí lo merece.

Y miró a Nanami con orgullo.

Nanami sintió el peso de esas palabras y no supo qué hacer. ¿Ella? ¿Alguien que merecía a Kai? ¿Después de todo el desastre que era su vida?

—Abuela... —murmuró.

—Tú no digas nada, querida —la abuela le acarició la mejilla con ternura—. Tú eres bienvenida aquí siempre. Pero ella...

Se giró hacia Rita con los ojos echando chispas.

—Fuera de mi casa. Y no vuelvas nunca.

Rita apretó los puños, las lágrimas amenazando con salir. Miró a Kai una última vez, buscando algo, una palabra, una mirada, cualquier cosa.

Pero él no la miró.

Y eso dolió más que cualquier insulto.

Salió de la cabaña con la cabeza gacha, sintiéndose más pequeña que nunca.

Cuando la puerta se cerró, el silencio volvió a instalarse.

Nanami no sabía qué decir. Había descubierto algo que no esperaba, algo que explicaba muchas cosas: la actitud de Rita, su hostilidad, su necesidad de marcar territorio.

Kai había sido lastimado. Igual que ella.

—Lo siento —dijo Kai en voz baja—. Debí advertirte que esto podía pasar.

Nanami negó con la cabeza.

—No tienes que disculparte. No es tu culpa.

La abuela se sentó de nuevo en su mecedora, pero esta vez su mirada era más suave.

—Siéntate, querida —le dijo a Nanami—. Te voy a contar una historia. La historia de mi tonto nieto que se enamoró de la persona equivocada y tardó años en volver a sonreír.

Nanami obedeció, sentándose a sus pies como una niña pequeña.

—Pero abuela... —protestó Kai.

—Tú callado —lo interrumpió la anciana—. Ella necesita entender por qué eres como eres. Y tú necesitas dejar de esconderte.

Kai suspiró, pero no dijo nada más. Se recostó contra la pared y observó, con el corazón en un puño, cómo su abuela comenzaba a relatar su pasado.

Una historia de amor juvenil.

Una traición.

Un corazón roto.

Justo lo que Nanami conocía tan bien.

1
Maribeth Minotta
sensei se astuto
Dark
que idiota Kai...Espero q cuando veas q alguien quiero algo serio,sufras.
Dark
"Que idiota eres Kai" Ya te veremos sufrir y espero no hagas algo q la lastime.
Ana Farias
poq no siguen publicando😭😭
RiYue87🇻🇪
pero quién te entiende niña, 🤷🤷🤷 primero lo alejas, y ahora con dudas 😅😅😅
RiYue87🇻🇪
hay mija eso ni tú te lo crees, me le vas a romper el corazón al sensei 😭😭😭
🇻🇪🌹❤️‍🔥Yoleida🔥❤️🇻🇪🤩😍
lo coreanos o japoneses no son morenos 🤔
Maribeth Minotta: yo lo vi también Moreno 🥰🥰🥰🥰👏
total 1 replies
Maribeth Minotta
y me gusta
Maribeth Minotta
papacito hay que ricooooooo🥰🥰🥰
🇻🇪🌹❤️‍🔥Yoleida🔥❤️🇻🇪🤩😍
mi niña acaso tu ex estaba más bueno que Kai, o que Henry Cavill, o Can Yaman no entonces. arriba ese ánimo la vida sigue dale gracias a Dios que se fue antes y no después de casado mira se que duele pero morir por un hombre no mija no vale la pena.
🇻🇪🌹❤️‍🔥Yoleida🔥❤️🇻🇪🤩😍
hasta yo pagaría brinquitos detrás de él 😁
🇻🇪🌹❤️‍🔥Yoleida🔥❤️🇻🇪🤩😍
Kai enséñame quiero que me des como saco de boxeo en la cama 😃
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