Luna es una creadora de contenido y diseñadora UX que se hace pasar por su hermana Sol para contraer un matrimonio arreglado con Gael, un fundador de ciberseguridad al que todos llaman "lobo de negocios". Pero él ya sabe la verdad – su fachada feroz es solo para proteger a los suyos – y juntos hacen un pacto para investigar las amenazas que acechan a la empresa de su hermana.
Mientras trabajan en equipo, las reglas de su mentira empiezan a romperse: descubren una pasión compartida por la tecnología con propósito, y cada día se acercan más. En un mundo donde la imagen parece todo, tendrán que decidir si seguir fingiendo o atreverse a ser ellos mismos – porque el único código que nunca falla es el del amor construido sobre la autenticidad.
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capitulo 8
Subimos a la suite y Valen se sentó en el sofá, mirándome con los ojos llenos de preocupación.
“Luna, mija, ¿por qué no me lo dijiste?” preguntó. “Te hubiera ayudado desde el principio.”
“Porque no quería preocuparte. Y además, Sol me pidió que no contara nada a nadie – quería proteger a todos.”
“Ya sé que Sol es tu hermana y que la quieres mucho, pero esto es demasiado. Estás metiéndote en un lío muy peligroso – esa Marta parece una persona desquiciada.”
“Lo sé. Pero no puedo dejar sola a Sol – ella me ha ayudado en todo momento, ahora es mi turno de ayudarla a ella.”
Valen se acercó a mí y me abrazó.
“Lo sé, lo sé. Solo quiero que estés a salvo. Gael parece una buena persona – creo que puedes confiar en él.”
“Sí. Creo que sí.”
Mientras hablábamos, escuchamos el sonido de la puerta de la sala de estar abriéndose. Gael apareció con dos vasos de zumo de naranja en la mano y se sentó frente a nosotras.
“Quería decirte algo”, dijo, dirigiéndose a mí. “Mañana por la mañana, vamos a tener una reunión con los abogados de SecureTech y de VerdeFuturo. Necesitamos planificar la estrategia legal para enfrentarnos a Marta y a BioInnova. También tendremos que hablar con los clientes y socios de VerdeFuturo para informarles de la situación y asegurarlos de que sus datos están a salvo.”
“¿Y yo qué tengo que hacer?” pregunté.
“Tendrás que estar ahí como Sol – los clientes conocen su cara y confían en ella. Tendrás que hablar con ellos, tranquilizarlos, explicarles las medidas de seguridad que estamos tomando. Sé que es mucho pedir, pero necesitamos tu ayuda.”
“Claro que ayudaré. Haré lo que sea necesario.”
Valen se puso de pie y se dirigió a la puerta.
“Creo que debo dejaros a vosotros dos para que habléis”, dijo con una sonrisa. “He reservado una habitación en el mismo hotel, así que estaré cerca si necesitáis algo. Y Luna – mañana por la mañana pasaré a llevarte desayuno y a ayudarte a prepararte para la reunión.”
La abrazé de nuevo y la acompañé hasta la puerta. Cuando se fue, Gael y yo nos quedamos solos en la sala de estar, en silencio.
“Tu amiga es muy buena persona”, dijo Gael, rompiendo el silencio.
“Sí. Es la mejor. Siempre está ahí cuando la necesito.”
Gael se acercó a mí y me miró a los ojos. En ese momento, la luz del atardecer entraba por las ventanas, pintando su rostro de tonos dorados y rojizos.
“Luna”, dijo con voz suave. “Quiero que sepas que no tienes que hacer esto si no quieres. Si crees que es demasiado peligroso, puedo encontrar otra forma de ayudar a Sol – puedes volver a tu vida normal y olvidarte de todo esto.”
Me miré las manos, donde todavía tenía las uñas de color verde agua – el único detalle que me permitía ser yo misma en medio de toda esta mentira. Pensé en mi apartamento en Madrid, en mis proyectos de diseño, en mis vídeos de redes sociales, en Valen y en todas las cosas que me hacían feliz. Pero también pensé en Sol, en su empresa, en el equipo de VerdeFuturo que confiaba en nosotros, en todos los agricultores que dependían de sus proyectos para sobrevivir.
“No puedo irme”, dije, mirándolo a los ojos. “Sol me necesita. El equipo me necesita. Y…”, me detuve, nerviosa, “y creo que tú también me necesitas.”
Gael sonrió – una sonrisa tierna y sincera que hizo que mi corazón diera un vuelco.
“Sí”, dijo. “Te necesito. No solo como Sol, sino como tú. Eres inteligente, valiente y tienes una forma de ver el mundo que me ayuda a pensar de manera diferente. No podría hacer esto sin ti.”
Me acerqué un poco más a él, hasta que estábamos tan cerca que podía sentir su aliento en mi rostro. Sus ojos estaban fijos en mí, llenos de una emoción que no podía identificar pero que me hacía sentir caliente por dentro.
“Gael”, susurré.
“Luna”, respondió él, acercándose aún más.
Estaba a punto de cerrar los ojos, esperando que nos besáramos, cuando de repente sonó el teléfono de Gael. Lo cogió del bolsillo con una maldición silenciosa y miró la pantalla – era Sara.
“Lo siento”, dijo, contestando la llamada. “Sí, Sara. ¿Qué pasa?… ¿Ya lo tienes?… Perfecto. Nos vemos en la oficina dentro de media hora.”
Colgó el teléfono y me miró con una expresión de disculpa.
“Han conseguido encontrar dónde se encuentra Marta ahora”, dijo. “Está en una oficina de BioInnova en las afueras de Sevilla. El equipo está allí esperándonos – vamos a intentar hablar con ella antes de llamar a la policía.”
“Voy contigo”, dije sin dudarlo.
“No – es demasiado peligroso. Marta está enfurecida, y no sabemos lo que puede hacer.”
“Entonces mucho más necesitas que esté contigo. No te dejaré ir solo.”
Gael miró los ojos durante unos segundos, como si estuviera luchando consigo mismo. Luego asintió con resignación.
“De acuerdo. Pero tienes que prometer que harás todo lo que te diga. Sin excepciones.”
“Lo prometo.”
Nos cogimos nuestras chaquetas y salimos del hotel corriendo. El taxi nos llevó a las afueras de la ciudad, donde BioInnova tenía su oficina en un edificio moderno y aislado. Cuando llegamos, Sara, David y Miguel estaban esperándonos en el coche, con sus ordenadores portátiles en la mano y una expresión seria en la cara.
“Está en la oficina del segundo piso”, dijo Sara, mostrándonos una imagen de las cámaras de seguridad del edificio. “Está sola, pero parece estar esperando a alguien. Tenemos que actuar rápido.”
Gael asintió y se dirigió a la entrada del edificio, conmigo y su equipo siguiéndole de cerca. Cuando llegamos al segundo piso, escuchamos voces que venían de una de las oficinas – Marta estaba hablando por teléfono, y su voz sonaba enfurecida.
“¡No me importa lo que digas!”, gritaba. “Ya he invertido demasiado tiempo y esfuerzo en esto para dejarlo ahora. Gael pagará por lo que me hizo, y VerdeFuturo será nuestra.”
Gael abrió la puerta de la oficina sin hacer ruido y entramos lentamente. Marta se giró sorprendida cuando vio que estábamos allí, soltando el teléfono que llevaba en la oreja.
“¿Qué hacéis aquí?” preguntó, poniéndose en pie y retrocediendo hasta el escritorio. “No tenéis derecho a entrar en mi oficina.”
“Ya hemos rastreado todas tus conexiones a los servidores de VerdeFuturo, Marta”, dijo Gael, acercándose a ella con paso firme. “También hemos encontrado los correos que enviaste a Sol y las pruebas de que te has asociado con BioInnova para robar sus proyectos y sus datos. La policía está de camino – no puedes escapar.”
Marta se rió con una voz seca y fría.
“¿Escapar? No tengo intención de escapar. Gael, tú fuiste el que me destruyó – tú fuiste el que dijo que mi proyecto no era ético, que no tenía futuro. Ahora voy a demostrarte que me equivocaste.”
“Tu proyecto usaba datos personales sin el consentimiento de las personas”, respondió Gael, sin moverse. “Eso no es negocio – es ilegal y está mal. Y ahora estás haciendo lo mismo con VerdeFuturo.”
“¡No me importa!” gritó Marta, cogiendo un disco duro del escritorio y levantándolo como si fuera a romperlo. “Si no puedo tenerlo, nadie lo tendrá. He copiado todos los datos de VerdeFuturo en este disco – si te acercas un paso más, lo destruiré.”
Me acerqué a Gael por detrás y le dije en voz baja:
“Deja que yo hable con ella.”
Gael miró los ojos, preocupado, pero luego asintió con resignación. Me acerqué a Marta con paso lento y calmado, levantando las manos para mostrarle que no tenía intención de hacerle daño.
“Marta”, dije con voz suave. “Entiendo que estés enfurecida con Gael. Entiendo que creas que te hizo mal. Pero destruir esos datos no solucionará nada – solo harás daño a muchas personas que no tienen nada que ver con tu pelea con él.”
“¿Y tú quién eres para decirme qué hacer?” preguntó Marta, mirándome con desprecio. “Tú no eres Sol – ya me di cuenta en la boda. Sol nunca hubiera mirado a Gael con esos ojos llenos de admiración.”
Me quedé sin aliento. ¿Había descubierto la verdad? Pero entonces Marta sonrió de nuevo, una sonrisa malévola.
“No importa quién seas. Lo único que importa es que Gael va a perder todo lo que ama – igual que yo lo perdí.”
“Eso no es cierto”, dije, acercándome un poco más. “Gael no te destruyó – tú te destruiste a ti misma al decidir hacer las cosas de forma incorrecta. Pero aún estás a tiempo de cambiar de idea. Si entregas el disco duro y colaboras con la policía, seguro que la justicia te será más clemente.”
Marta se quedó en silencio por un momento, mirándome a los ojos. Vi cómo luchaba consigo misma – la ira en su rostro luchaba con la desesperación y el miedo. Luego soltó el disco duro, que cayó sobre el escritorio con un ruido seco.
“Estás en lo cierto”, dijo con voz rota. “He estado tan enfurecida que no he pensado en nada más que en mi venganza. Pero ahora me doy cuenta de que no vale la pena – solo he conseguido arruinar mi propia vida.”
En ese momento, escuchamos el sonido de sirenas acercándose. La policía había llegado. Marta se sentó en la silla del escritorio y puso las manos sobre la mesa, esperando a que la arrestaran. Gael se acercó a mí y me cogió la mano, apretándomela suavemente.
“Lo hiciste bien”, dijo en voz baja. “Nunca hubiera conseguido hacerla cambiar de idea.”
“Ella solo necesitaba que alguien la escuchara”, respondí.
La policía entró en la oficina y arrestó a Marta, llevándola fuera del edificio mientras ella miraba hacia atrás con una expresión de arrepentimiento en la cara. El equipo de Gael cogió el disco duro y empezó a revisarlo para asegurarse de que todos los datos de VerdeFuturo estaban intactos.
“Están todos ahí”, dijo Sara con alivio. “Nada ha sido modificado ni borrado. Podemos restaurarlos en los servidores de VerdeFuturo y asegurar que nunca más nadie pueda acceder a ellos.”
Gael abrazó a su equipo y les dio las gracias por todo su trabajo. Luego se giró hacia mí y me miró a los ojos, con una expresión de gratitud que me hizo sentir emocionada.
“Gracias, Luna”, dijo. “No sé qué habría hecho sin ti. Tú eres la verdadera heroína de esta historia.”
Me sonrojé y bajé la cabeza, pero luego levanté la mirada y le sonreí.
“No soy una heroína”, dije. “Solo he hecho lo correcto. Al igual que tú lo harías por mí.”
Gael se acercó a mí y cogió mi rostro entre sus manos, mirándome a los ojos con una intensidad que me hizo temblar.
“Luna”, susurró. “Quiero que sepas que… que me gustas. De verdad. No como Sol, sino como tú – la chica con las uñas de color verde agua, que hace contenido sobre empoderamiento femenino y que sabe cómo llegar al corazón de la gente.”
Me quedé mirándolo, sin poder creer lo que estaba oyendo. Mi corazón latía a mil por hora y sentía cómo se me calentaba la cara.
“Gael”, susurré yo también. “Yo también te gusto. Mucho.”
Justo en ese momento, Sara se acercó a nosotros con una sonrisa.
“Disculpad la interrupción”, dijo. “Pero los datos ya están seguros y la policía nos ha dicho que podemos irnos. Además, Sol acaba de llamar – quiere hablar con vosotros dos.”
Gael soltó mi rostro y cogió su móvil del bolsillo, contestando la llamada. Habló con Sol durante unos minutos, explicándole todo lo que había pasado, mientras yo me quedaba a su lado, cogiendo su mano con la mía. Cuando colgó el teléfono, sonrió de alegría.
“Sol está muy agradecida”, dijo. “Dice que vendrá a Sevilla mañana para hablar con nosotros y con el equipo de VerdeFuturo. También dijo que quiere disculparse contigo por haberte metido en esto.”
“No necesita disculparse”, respondí. “La quiero mucho, y haría lo mismo de nuevo.”
Gael me cogió la mano más fuerte y nos dirigimos hacia la salida del edificio. La luna brillaba en el cielo oscuro y las estrellas parpadeaban como pequeños diamantes. Sabía que todavía quedaban cosas por hacer – hablar con los clientes, con los abogados, con la familia – pero también sabía que todo iría bien. Porque ya no estaba sola – tenía a Gael de su lado, y juntos podrían enfrentarse a cualquier cosa que la vida les pusiera por delante.