Abril sabe lo que es amar hasta perderse a sí misma.
Cuando acepta un trabajo inesperado, jamás imagina que la llevará a conocer a Darío, un hombre atrapado en una relación donde los celos, el control y la manipulación se confunden con amor.
Él cree que su pareja lo cuida. Ella sabe que lo está destruyendo.
Mientras Abril intenta ayudarlo a abrir los ojos, se ve envuelta en un triángulo peligroso donde los sentimientos reales chocan con secretos, mentiras y decisiones que pueden romperlo todo.
¿Es posible amar sin dolor cuando el pasado aún sangra?
¿O algunas personas están destinadas a perderse antes de encontrarse?
Corazones en Juego es una historia intensa sobre relaciones tóxicas, segundas oportunidades y el valor de elegir un amor que no duela.
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Capítulo 22: Donde el pasado vuelve a llamar
Abril creyó que el silencio sería más fácil con el paso de los días.
Se equivocó.
No porque extrañara a Darío de la forma desesperada de antes, sino porque el silencio tenía memoria. Cada espacio sin mensajes, cada noche sin una llamada, le recordaba lo cerca que había estado de perderse a sí misma.
Aun así, no retrocedió.
Esa mañana despertó con una sensación extraña en el pecho, como una alerta que no sabía explicar. Se vistió, tomó su bolso y salió rumbo al trabajo, intentando ignorar ese presentimiento que la acompañaba como una sombra.
Fue cerca del mediodía cuando su teléfono vibró.
Un número desconocido.
Dudó antes de contestar.
—¿Hola? —respondió con cautela.
—Abril… soy yo.
La voz le erizó la piel.
No era Darío.
Era una voz del pasado que no había escuchado en años, pero que reconocería incluso en medio de una multitud.
—¿Valeria? —preguntó, incrédula.
—Sí. Sé que es inesperado. Y probablemente incómodo. Pero necesito verte.
Abril apretó el teléfono con fuerza.
Valeria.
La mujer que había marcado una de las etapas más confusas de la vida de Darío. La relación que él siempre minimizaba, pero que aparecía en cada herida que aún no sanaba.
—No creo que sea buena idea —respondió Abril con firmeza.
—Lo entiendo —dijo Valeria—. Pero hay cosas que deberías saber. Cosas que Darío nunca te contó.
El corazón de Abril empezó a latir con fuerza.
—No quiero secretos —dijo—. Ya tuve suficientes.
—Precisamente por eso te llamo.
Abril cerró los ojos por un instante. No quería volver a ese terreno, pero algo dentro de ella sabía que ignorar el pasado no lo hacía desaparecer.
—Una sola conversación —aceptó finalmente—. Nada más.
Acordaron verse esa misma tarde.
Cuando colgó, Abril se quedó inmóvil, sintiendo cómo la calma que había construido empezaba a resquebrajarse.
Darío, por su parte, estaba saliendo de terapia cuando recibió un mensaje de un número que no veía desde hacía años.
Valeria.
El simple nombre hizo que se le encogiera el estómago.
Valeria:
“Tenemos que hablar. Abril y yo nos veremos hoy.”
Darío se detuvo en seco.
El aire le faltó.
Sabía que ese encuentro era inevitable tarde o temprano, pero no estaba preparado. No después de haber empezado a enfrentarse a sus propios errores. No cuando apenas comenzaba a entender cuánto daño había causado.
Escribió de inmediato.
Darío:
“No la metas en esto.”
La respuesta no tardó.
Valeria:
“Ella merece saber con quién estuvo realmente.”
Darío cerró los ojos.
El pasado, al que había intentado darle la espalda durante tanto tiempo, volvía a golpear la puerta sin pedir permiso.
El café donde se encontraron Abril y Valeria era distinto al de Darío. Más frío. Más impersonal.
Valeria ya estaba sentada cuando Abril llegó. Era elegante, segura, con una mirada calculadora que Abril identificó de inmediato. No era una mujer rota. Era una mujer que sabía exactamente qué decir y cuándo.
—Gracias por venir —dijo Valeria, esbozando una sonrisa breve.
—Dime lo que tengas que decir —respondió Abril, sin rodeos—. No estoy aquí para recordar el pasado.
Valeria asintió.
—Darío nunca fue violento conmigo —comenzó—. Nunca gritó. Nunca levantó la mano. Pero me controló de una forma tan sutil que tardé años en darme cuenta.
Abril sintió un escalofrío.
—Siempre decía que lo hacía por amor —continuó Valeria—. Que nadie me cuidaría como él. Que sin él yo no era suficiente.
Abril tragó saliva.
—Cuando intenté irme —añadió—, me hizo sentir culpable. Me convenció de que yo era el problema. De que exageraba. De que estaba loca.
El silencio entre ellas se volvió pesado.
—¿Por qué me dices esto ahora? —preguntó Abril finalmente.
Valeria sostuvo su mirada.
—Porque veo en ti a la mujer que yo fui. Y porque Darío nunca enfrentó lo que hizo conmigo. Solo cambió de historia.
Abril sintió un nudo en el pecho, pero no permitió que la emoción la dominara.
—Está en terapia —dijo—. Está intentando cambiar.
Valeria ladeó la cabeza.
—Eso espero —respondió—. Pero sanar no borra el daño. Y el daño no desaparece solo porque ahora lo reconozca.
Abril se levantó lentamente.
—Gracias por decírmelo —dijo con voz firme—. Pero mi historia con él no es la tuya. Y mi decisión tampoco.
Valeria la observó, como evaluándola.
—Eso es lo que más me alegra —dijo—. Que no estés dispuesta a perderte.
Abril salió del café con el corazón agitado, pero con algo claro: no estaba equivocada al poner límites.
Esa noche, Darío no pudo quedarse quieto. Caminaba de un lado a otro, esperando un mensaje que no llegaba.
Finalmente, fue él quien escribió.
Darío:
“Sé que hablaste con Valeria. Si quieres hablar, estoy aquí.”
Abril tardó en responder.
Abril:
“Lo sé. Y sí, habló conmigo.”
Los minutos se hicieron eternos.
Darío:
“No voy a justificarme. Lo que hice estuvo mal. Y entiendo si eso cambia todo.”
Abril respiró hondo antes de escribir.
Abril:
“No cambia lo que ya sabía. Solo lo confirma.”
Darío sintió que el pecho se le apretaba.
Darío:
“Entonces… ¿esto es el final?”
Abril miró el techo de su habitación. Pensó en todo lo vivido. En lo aprendido. En lo que ya no estaba dispuesta a tolerar.
Abril:
“No lo sé. Pero sé que esta vez, pase lo que pase, no voy a perderme.”
Darío leyó el mensaje varias veces.
Por primera vez, entendió que amar a Abril significaba aceptar que ella podía elegir un camino donde él no estuviera.
Esa noche, ambos durmieron poco.
Pero no fue un insomnio vacío.
Fue el tipo de vigilia que precede a los cambios inevitables.
El pasado había vuelto a llamar.
Las heridas habían hablado.
Y ahora, el futuro ya no podía construirse sobre mentiras.
pero más gracias por una historia muy diferente...
definitivamente cuando la obsesión y los celos te nublan el juicio te vuelves peligroso porque no entiendes de razones...
no va a dejarlo tan fácil
si vuelve siempre fue para ti, si no nunca lo fue...
Camila en verdad tiene serios problemas