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Reencarné Como Omega… Y El Enigma Escuchó Mi Corazón

Reencarné Como Omega… Y El Enigma Escuchó Mi Corazón

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Reencarnación / Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Morí sin haber amado…
y desperté en un mundo donde el destino se divide en Alfas, Deltas, Omegas y Enigmas.
Reencarnado como un omega en una era antigua llena de magia y alquimia, Arion finge amnesia para sobrevivir.
Todo cambia cuando conoce a Eryndor, un poderoso Enigma capaz de escuchar los pensamientos más profundos del omega… incluso los recuerdos de una vida pasada.
Un amor prohibido.
Un destino que desafía las leyes.
Una familia nacida contra todo pronóstico

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: La noche de bodas

La luna llena iluminaba el cielo, y las luces del palacio brillaban como estrellas en la tierra. Arion y Eryndor se encontraban en la suite nupcial, un refugio cálido y elegante, con cortinas suaves que se mecían con la brisa, y una cama amplia cubierta de telas ligeras que parecían flotar.

Arion no podía apartar la mirada del espejo. El vestido blanco perlado que había elegido seguía cada movimiento con suavidad, acentuando su figura sin perder la elegancia y la delicadeza de su esencia. Cada pequeño gesto despertaba en él un rubor intenso y un calor sutil que le hacía latir el corazón con fuerza.

Eryndor entró silencioso, impecable en su traje oscuro con bordados dorados. Lo observó con atención y una sonrisa suave se dibujó en sus labios.

—Te ves… —murmuró, incapaz de terminar la frase—. Increíble.

El simple tono de su voz hizo que un estremecimiento recorriera el cuerpo de Arion. Sus manos temblaban levemente, su respiración se aceleraba, y un hormigueo dulce subía desde su pecho hasta sus mejillas.

—Tú también… —respondió, con un rubor intenso—. Me haces sentir algo… que nunca había sentido.

Eryndor dio un paso hacia él, y la cercanía fue suficiente para que Arion percibiera el calor de su cuerpo y la tranquilidad firme que irradiaba. Cada roce de sus manos, apenas un contacto, provocaba en el omega un estremecimiento que recorría su columna y lo hacía sentirse a la vez vulnerable y protegido.

—Arion… —susurró el Enigma—. Esta noche es nuestra. No hay prisa. Solo nosotros.

El omega cerró los ojos y apoyó la frente contra el pecho de Eryndor, inhalando profundamente su aroma. Cada latido parecía sincronizarse con el del Enigma. La intensidad entre ellos era silenciosa, pero el calor compartido, las respiraciones entrecortadas y la cercanía convertían cada instante en un momento único.

—Quiero sentirte cerca —susurró Arion, con voz temblorosa—. No quiero separarme.

Eryndor tomó su mano con delicadeza, entrelazando los dedos y dejando que la suavidad del contacto los uniera sin apuro. Luego apoyó un beso breve y tierno en la sien de Arion, provocando un suspiro involuntario que recorrió su cuerpo entero.

—Confía en mí —murmuró Eryndor, con la voz suave y firme a la vez—. No hay límites que no podamos respetar.

Arion asintió, el corazón latiendo con fuerza, mientras un calor creciente subía desde su pecho y se esparcía por todo su cuerpo. No era miedo ni dolor; era una mezcla de deseo, emoción y ternura que lo hacía sentirse vivo y seguro al mismo tiempo.

Eryndor se inclinó lentamente, apoyando la frente contra la de Arion. Sus labios se rozaron suavemente, apenas un contacto, pero suficiente para que ambos comprendieran la profundidad de lo que sentían. Los suspiros compartidos se convirtieron en un lenguaje silencioso, donde cada respiración, cada mirada y cada roce hablaban más que las palabras.

—Nunca había sentido algo así —susurró Arion—. Es abrumador… pero quiero más.

—Entonces déjate llevar —respondió Eryndor, con la mano aún entrelazada con la suya, sellando un pacto silencioso—. No hay nada que temer.

El tiempo parecía suspenderse. Cada gesto se volvía eternidad: las manos que recorrían suavemente los brazos y la espalda, los dedos que se entrelazaban, los latidos que parecían fundirse. No había necesidad de apresurarse; el calor que compartían, la confianza y la intimidad creaban un vínculo que trascendía lo físico.

Esa noche, entre susurros y risas suaves, cada pequeño contacto se convirtió en una afirmación de su amor. Arion descubrió su cuerpo, sus emociones y su capacidad de sentir deseo sin culpa ni miedo. Eryndor, a su vez, consolidó su conexión con el omega, estableciendo un lazo emocional que era profundo, primitivo y a la vez tierno.

Cuando finalmente se abrazaron, agotados pero plenos, supieron que el vínculo que compartían había alcanzado un nivel que ninguna jerarquía, consejo o distancia podría romper. Arion cerró los ojos, apoyado en Eryndor, sintiendo que por fin tenía un hogar en el corazón de alguien.

Eryndor lo sostuvo con firmeza, reconociendo que cada latido, cada suspiro y cada gesto de esa noche habían sellado un amor eterno, profundo y compartido, una promesa silenciosa que ninguno de los dos olvidaría jamás.

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karina ochoa
Así es! 👏👏
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