Mi prometido, el príncipe heredero del imperio Noah era un buen candidato para mi y mi familia, no me importaba mucho el puesto de emperatriz, solo añoraba estar a su lado.
Pero, ¿Porqué ama a una mujer que no soy yo? A pesar de hacer todo por quitarla de mi camino ella persiste y cada vez noto como se alejan más de mí.
Las respuestas vinieron a mi un día que un libro dorado llegó a la mansión como un regalo para mí.
Era una novela, pero lo que les diferenciaba de las demás fue que aquellos personajes los conocía a la perfección.
Narrado desde el punto de vista de los protagonistas, yo Madeline, era la mujer que se interponía en su amor.
El obstáculo amoroso.
¿Lo que narraba este libro era el futuro? Al ponerlo a prueba pude cerciorarme, la historia era de verdad nuestras vidas.
Por eso me cercioraré que mi vida no sea en vano y comenzaré mi nuevo camino.
NovelToon tiene autorización de Pau Gallardo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
21 - El nuevo sucesor.
La mirada de las personas estaban fijas en nosotros, yo estaba furiosa mientras no dejaba de ver directamente a los ojos a Dereck. Quien obviamente estaba con el rostro desfigurado por el enojo.
—¿Qué estás haciendo Madeline? Trtatando de esta forma a mi prometida.
—D-dereck, yo solo trataba de hablar con el duque Maximilian, de pronto la señorita Madeline me atacó. —Tal cual ya me lo esperaba la joven señorita Rosé comenzó a sollozar, dejando que las lágrimas salieran de sus ojos.
—¿Solo hablar con él? ¿Entonces porque estabas encima de él como una garrapata? —Mi comentario alteró a Dereck quien estuvo a punto de gritar, pero en cambio Aaron se puso frente a mí, cubriendome por completo de la vista del primer príncipe.
En ese momento un sirviente llegó agitado, al parecer trataba de que las cosas no se pusieran más incomodas para los demás invitados, calmandome un poco pude caer en cuenta de que estaba haciendo una escena en medio de un evento oficial del imperio y me avergoncé.
—Su alteza el emperador quiere hablar con la joven Barlovento. —Dijo el sirviente con notables nervios en su persona, suspiré resignada, era algo normal ya que estaba haciendo una total falta de respeto. No dije nada y de inmediato comencé a caminar hacia lo que ya conocía el despacho del emperador, en sí estaba un poco lejos, pero la distancia me ayudaría a calmar mi enojo. Lo que no esperaba es que no solo me los estaba pidiendo a mí, si no que también le llamó a la joven Rosé y al príncipe Dereck.
Como le lo esperaba, Aaron estaba a mi lado cuando estabamos llegando al lugar.
Un sirviente abrió la puerta del desacho del emperador, cuando lo miré sentado en el sillón individual con los brazos cruzados me avergoncé de nuevo por mi forma de actuar.
No creí que pudiera ser una joven tan impusiva y violenta, aunque en el libro así me retrataba, no creí que de verdad sería así. Nos sentamos en los sofás al costado del emperador, el joven Aaron y yo frente a los otros dos.
Para este momento Rosé no había dejado de llorar y Dereck seguía con el seño fruncido. No lo había notado, pero Aaron ya me tenía tomada de la mano, como tratando de calmarme.
La escena de lo que pasó en el salón de la fiesta no iba a tardar de correr por los circulos sociales, al menos me reconfortaba que solo quedaban dos semanas para que la temporada social de ese año terminase.
Pasaron unos minutos en silencio, el emperador no decía nada y yo tampoco quería iniciar la conversación, si por alguna razón llegaba a ordenarme que me disculpe siento que no lo podría hacer.
—Tienen diez segundos para que los involucrados expliquen la situación. —Me quedé en silencio, y apreté con fuerza la mano de Aaron.
—Y-yo solo estaba tratando de ayudar al joven Aaron. —Dijo Rosé con timidez, pude sentir como el cuerpo de Aaron se tensaba a mi lado, de nuevo, ella hablaba con confianza hacía personas con un estatus más alto que el suyo.
—Que grosera... —Susurro para mí, notando de inmediato que el emperador miraba hacia mi lugar, con esa mirada que podría poner a temblar a cualquiera.
—¿Ayudar de que forma? —Continua el hilo de la conversación el emperador.
No quería decir nada, ya que yo igual estaba curiosa por saberlo.¿De que lo iba a ayudar?
—Creo que el joven Duque Maximilian esta siendo extorcionado por la joven Barlovento.
—¡Pfff! —La risa se me escapó de mi boca, traté de contenerla pero me fue imposible. ¿Extorcionarlo? ¿Qué ideas tenia esa mujer loca?
—¿Qué píensa usted joven Maximilian? —Cuestiona el emperador ahora hablando hacia nuestro lado.
—La señorita ya había expresado su preocupación en una carta anteriormente, la cual no contesté porque no creí que tuvieramos una relación tan cercana como para confiarnos algo así, —Dice Aaron, por la forma en como el príncipe se sorprendió al escuchar eso, todo indica que Rosé estaba actuando sin el conocimiento de él. —Lo que pasó esta noche me parece una total falta de respeto, ella no tiene ningun tipo de derecho para cuestionarme y mucho menos tratar de alejarme de Madeline.
—¡Pero ella te trata como un objeto! —Grita Rosé con preocupación. —¡Dice que eres suyo! Ningún ser humano es propiedad de nadie.
—En eso se equivoca, si la joven Barlovento dice que yo soy suyo es porque así es. No tengo ningun problema.
Mi corazón comenzaba a latir con fuerza, esto era tan cursi y embarazoso que no creo poder soportarlo más. El ambiente en el salón estaba tan tenso, y yo no queria ver a nadie a la cara, sentía mi rostro ardiendo por el sonrrojo que me atacó.
De pronto la risa del emperador me hizo verlo a pesar de mi verguenza.
—¡Estos jovenes si que viven para amar! Creí que solo era una casualidad de que se vistieran como la diosa Casia y su fiel caballero Bastian, pero les queda muy bien.
Sonreí.
—¿A que se refiere su alteza? —Pregunta Dereck confundido.
—¿Sabes la historia de la diosa Casia? Se dice que ella destruyó todo un imperio completo porque robaron su tesoro.
La famosa historia de Casia era algo que siempre se recordaba, con el pasar de las generaciones era normal que la historia se fuera desenvolviendo de diferente manera, pero tenían siempre algo en común, nadie sabe cual era el preciado tesoro de la diosa que se le fue robado.
—Existe una leyenda sobre el tesoro de la diosa, se dice que en realidad Bastian no era solo su fiel caballero, si no también su amante, y el tesoro que le fue robado fue su preciado compañero. Por eso ella siendo la diosa del fuego, incendió el imperio completo para recuperarlo.
Sonreí, esa no era una historia que cualquiera conocía.
El emperador solía contarme sobre esa leyenda cuando era niña y decía que me parecia un poco a la imagen de la diosa.
Si, probablemente fui un poco codiciosa cuando el joven Aaron decidió hacer juego con mi disfraz, en ese momento recordé la leyenda y me pareció curioso, sin embargo no lo comenté.
Quería dejarmelo guardado para mi sola.
—Si si si, mucho amor y leyendas, pero eso no tiene nada que ver con que Madeline haya atacado a mi prometida, la futura emperatriz de este imperio. —Dereck estaba dispuesto a que yo recibiera algún tipo de castigo, pero creo que todavía no comprendía la situación.
La actitud del emperador estaba siendo muy transparente, el no iba a castigarme.
—¿Aún no lo entiendes? —El emperador se puso de pie dando a entender que la charla había terminado. —Tu prometida jamás será la emperatriz de este imperio.
—Eso es imposible, no me casaré con nadie más que con ella.
—Entonces hazlo, ¿Entiendes mis palabras cuando digo que ella no será emperatriz? —El emperador de nuevo nos miró a Aaron y a mi que ya nos habiamos puesto de pie para despedirlo. —Madeline Barlovento y Aaron Maximilian, tienen mi bendicón para su futuro matrimonio, su buena relación con mi hijo Rafael me da la confianza de que mirarán por el bien de este imperio.
—¿Qué tiene que ver Rafael en esto? —Pregunta Dereck consternado.
El hombre mayor gira su rostro para ver a su hijo con fríaldad, la charla que había tenido con el emperador hace unos días se me vino a la mente, ¿Está diciendo que de verdad iba a quitar a Dereck de la sucesión?
—A partir de este momento, mi segundo hijo Rafael será el heredero de este imperio, así que puedes casarte con tu amada prometida sin remordimientos. —El emperador no dijo más y salió de la sala.