Gala, una mujer abandonada, lucha por su destino mientras cuida a su pequeño hijo y lidia con un exesposo negligente que se niega a cumplir sus responsabilidades, todo ello mientras gestiona la empresa familiar. Su matrimonio empezó por un compromiso arreglado, sin embargo, este no tuvo un buen desenlace llegando hasta su divorcio.
Gala tiene otros dilemas, el ser juzgada por ser mujer, haciendo difícil su ascenso en la empresa familiar, la lucha con la familia de su anterior esposo, en la que jamás fue tratada con respecto y la lucha personal con sus sentimientos
Una historia de fortaleza, amor maternal y superación…
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¿Caerán los Saavedra?
-¿Por qué fuiste a cuidar a un hombre borracho? -preguntó Gabriel totalmente consternado.
-Es demasiado temprano como para que estés alterado. Era Peter, ¿qué pudo haber ocurrido? Ni siquiera cuando estuvimos casados se atrevió a poner un solo dedo sobre mí después de beber.
-Por favor, Gala, tú misma dijiste que estaba tan ebrio que apenas y podía mantenerse en pie. Una persona ebria no razona de la misma manera que una persona en sus cinco sentidos. Fuiste a un bar a recoger a un ebrio. ¿Por qué no te preocupas más por ti misma?
-Solo lo llevé a su departamento. En cierto punto me dio pena. Sin embargo, ya lo hice, la próxima vez… -antes de terminar la oración fui interrumpida abruptamente por Gabriel.
-Siempre das las mismas excusas. Abandona totalmente a Peter. Deja de ayudarlo, evita que esté cerca. Corta todos los lazos con él. ¿Hasta cuándo pretendes seguir así?
Miré al suelo y me mantuve en silencio. Gabriel me miraba con bastante enojo. Por primera vez, no sabía como refutar aquello que mi hermano había dicho. Lo sabía, era innegable. En el fondo no deseaba alejarme de Peter. Yo misma estaba en medio de un círculo doloroso, Peter era mi mayor astilla y seguir en ese tira y afloja no era buena para mí.
-Ahora, sabes lo dañino que es para ti estar cerca de Peter. Ese estúpido ni siquiera quiere asumir un rol paterno, estás desaprovechando una gran oportunidad para alejarte de él. ¿Hasta cuándo planeas mantenerte de esta manera?
-Gabriel. Me siento demasiado cansada, pero en el fondo soy una estúpida, sigo aferrada a una imagen inexistente de Peter. No lo sé, ¿qué debería hacer? Sí me niego a ceder un poco. Lo más seguro es que los Saavedra buscarán una manera de arrebatarme a Pete. Pero, por otro lado, ya no soporto seguir viendo a Peter, no entiendo la razón por la que aunque ya no desee verlo, él sigue presentándose frente a mí.
Gabriel suspiró y me miro con fastidio, dio un par de vueltas y volvió a soltar un largo suspiro ahogado en frustración. Por alguna razón, él también sabía lo cuidadoso que debían actuar al meterse con los Saavedra.
-Mira, actualmente, solo nos queda estar un poco más al tanto sobre lo que ellos quieren. Por ahora únicamente debes mantenerte alejada de ese tipo y en específico deberías ser más cuidadosa contigo misma. Mientras más te alejes de Peter, más tranquila estarás. No es tan difícil llegar a esa conclusión.
-Lo sé, no entiendo la razón por la que yo misma me enredo tanto en medio de estas cosas.
Un empleado se acercó a mí, al parecer alguien había venido a verme, puse mala cara al pensar en Peter. Sin embargo, el empleado comento que era una mujer, por lo que de manera inmediata supe que se trataba de Camila.
Camila entró con una sonrisa, aunque su rostro se mostraba ansioso. Desde que éramos pequeñas, ella siempre había tenido esta habilidad de esconder todas sus inquietudes con una sonrisa, siempre expresando aquellas inquietudes o sentimientos en momentos precisos.
-Buenos días -dijo Camila mientras me abrazaba-. Lamento venir tan temprano, siempre estás trabajando y ahora duermes desde temprano, no es justo poder verte solo los fines de semana.
-Buenos días -respondimos mi hermano y yo al mismo tiempo.
-¿Qué te trae tan temprano? - pregunté con curiosidad.
-Bueno… -miro a mi hermano y después regreso la mirada hacia mí. Al parecer quería saber si era bueno hablar.
-No te preocupes, puedes decir lo que quieras. Gabriel es bastante… ¿Cómo decirlo? No le importan muchas cosas.
-Está bien, ¿no has revisado ninguna noticia, verdad? -preguntó Camila, sus ojos mostraban bastante curiosidad.
-No, desde hace un par de días. ¿Por qué vería noticias?
Camila se sentó en el sofá y me obligó a sentarme junto a ella, naturalmente Gabriel se sentó junto a nosotras, al parecer la actitud de Camila había atraído la curiosidad del mismo.
-Mira.
Camila señaló la pantalla de su teléfono, el título de la noticia en aquel canal virtual era bastante claro, “Timoteo Saavedra acusado de evasión de impuestos”. Mis ojos se desorbitaron y mente se nubló. Aquel era nada más y nada menos que el abuelo de Peter.
-Al parecer, cuando declaró impuestos, presentó varias empresas fantasmas y donaciones falsas. La suma es bastante alta, aún están en medio de la investigación. Pero sería una pena que un hombre de casi setenta años tenga que pisar la cárcel -dijo Camila mientras seguía mirando su teléfono.
-¿Investigarán a toda la familia? -preguntó Gabriel.
-Por supuesto, aunque supongo que toda la culpa recae sobre los hombros del líder de la familia.
Si aquello era cierto, solo había algo claro. La familia Saavedra podría caer. Si las cosas tomaban un curso natural podría sacar ventaja de la situación. Podría hacerlos pagar por todos los años en los que fui tratada como basura.
Mi corazón latía con pesadez al pensarlo. Posiblemente, podría incluso quitar aquel detestable apellido de mi hijo. Incluso podría alejar totalmente a Peter de mi vida.
Era un golpe bajo aprovechar un mal momento para sacar provecho. Pero ellos se aprovecharon del mal momento de mi familia para hacerme sentir como un ser miserable que jamás debió hacer pisado el mundo.
-¿Qué tanto tienes en mente? -me preguntó Camila sacándome totalmente de mis pensamientos.
-Nada, es solo que pensaba en el trabajo -sonreí-. Me sorprendí al leer algo así. Es bastante impactante ver este tipo de situación en una familia tan grande.
-Esto es mucho más normal de lo que parece -Camila frunció el ceño y mostró una expresión llena de desagrado-. Mientras más grande la fortuna, más evasiones y trucos sucios pueden esconder.
-Quisiera negarlo, pero en estos meses he aprendido tanto, que podría me da asco entender la mente de aquellas personas llenas de codicia. Ese tipo de gente no merece seguir tan alto -dije con cierta molestia.
Gabriel me miró en silencio. Al parecer sabía qué estaba pensando en los Saavedra. Era evidente, era un momento bastante crucial para ganar ventaja.