La diosa levantó su mano y materializó a su lado un espejo, donde podía observar a una mujer esquelética, en un cuarto que parecía una pocilga.
—Tu muerte ha sido injusta y no debió haber sido—le respondió—si accedes a salvar a esa chica convirtiéndola en tu segunda esposa, haré que vuelvas un mes antes de tu muerte siendo portador de mi poder. ¡Te convertiré en inmortal!
Dante no podía creer lo que estaba escuchando de una diosa tan poderosa como Eos, si hacía que esa mujer se convirtiera en su segunda esposa, no solo lo convertiría en portador de su poder, sino que lo regresaría antes de su muerte con el fin de evitarla.
—Acepto—respondió sin tapujos—me convertiré en su sirviente y la haré mi esposa, a cambio de que usted me dé su poder. ¿Quién es ella?
—Es tu cuñada—respondió la diosa.
Para salvar su vida y la de sus hijos, de las malignas manos de su esposa, debía casarse con una cuñada que jamás supo de su existencia.
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NO VOLVERÉ AL COMPLOT
Mientras Dante estaba con una sonrisa tomando su limonada y observando la humillación pública que estaba pasando la que aun seguía siendo la duquesa de Nova Verona, no se percató que poco a poco la terraza del restaurante donde él estaba se iba quedando sola hasta que el silencio reinó.
—Creí haber avisado a los demás que no volveré al complot—dijo sin voltearse, al hombre que estaba detrás de él.
Un misterioso hombre encapuchado, vestido por completo de negro, había logrado llegar sin ser visto hasta detrás del duque; no obstante, jamás pensó que lo descubriría tan fácilmente.
—Si otras fueran las circunstancias, lo invitaría a compartir mi misma mesa—continuó el duque terminando su limonada—pero quiero que quede claro mi postura: ya no participaré en el golpe de estado contra el emperador.
¿Cómo planeaba el salvar al imperio si necesitaba ser salvado? ¿Cómo podía el evitar la muerte de millones, si tiene encima una cuenta regresiva para evitar la de su familia? Ahora su prioridad era salvar a sus hijos y a su segunda esposa, por lo que no podía hacerse la del superhéroe en una lucha que claramente tenía todas las de perder sin antes haber ganado la batalla más importante en su vida.
—Los demás miembros de la orden me habían enviado aun con la esperanza de hacerlo cambiar de opinión, pero no lo obligaré si ese es su deseo—respondió dejando en la mesa un sobre negro—solo quieren que usted sepa que en cualquier momento será recibido de nuevo en la lucha, hasta entonces, lo que podemos hacer para ayudarle a su situación actual es brindarle un poco más de información.
Dicho aquello, el misterioso hombre desapareció tan rápido y silencioso como había aparecido, deshaciendo la ilusión para dejar ver al duque que en realidad jamás estuvo solo en la terraza del restaurante.
Un poco receloso, Dante abrió el sobre que le entregaron para comenzar a leerlo. Frunció el ceño apenas su vista pasaba por cada una de las palabras allí escritas. Si bien no era algo que lo ayudara a demostrar de una vez el robo del comandante de manera directa, de modo que fuera arrestado enseguida, sí era algo que le helaba la sangre.
INFORME DE INVESTIGACIÓN DE DELITOS COMETIDOS A MONJAS DE LA ORDEN AZUL
***Nombre de la víctima: Elisa (no apellido). ***
Edad: 12 años.
***Ocupación: Aprendiz para ser monja en la orden azul de la iglesia del dios Ápate. ***
Fecha del registro: 14 de mayo de 1898.
Descripción del caso: Asaltada salvajemente la noche del 24 de diciembre de 1897. Debido al brutal ataque, quedó en coma sin posibilidad de ser despertada pero en estado de embarazo. Las monjas han orado para que logre despertar, pero no hay resultado alguno. Los médicos han dicho que de seguir con el embarazo, podría morir. Pero nadie se atreve a matar a la pobre criatura en su interior, así como a su madre la cual tan solo es una niña quien apenas había tenido su primera menstruación. Según algunos testigos, se vio al comandante Gerald Smith, líder del batallón de la ciudad de Nova Verona, en las inmediaciones de la residencia. Aun no se sabe como se procederá siendo la influencia del supuesto involucrado...
El duque no pudo continuar leyendo aquello, por lo que terminó dándole vuelta a la hoja. Si bien en parte era por lo viejo del documento, haciendo que casi todo el contenido del mismo fuera ilegible, lo que lo aterraba en realidad era que según los cálculos, Atenea podía haber sido producto de esa posible violación.
Si lograba demostrar la veracidad de ese evento y tener pruebas, pudiera sumarlas al ataque que estaba planeando contra el comandante; sin embargo, ¿Se puede revelar la verdad aun después de casi veinte años?
—Maldito bastardo, cada una de las cosas que has hecho, así como a Giselle, se las devolveré el triple—dijo moviendo su pierna, intentando contener su ansiedad—tanto ella como usted terminarán implorándome la muerte.
Tras pedir otra limonada, esta vez más dulce para poder calmarse, agachó un poco su cabeza para buscar calma; sin embargo, aquello no le permitió ver a la persona que se había visto a su lado y estaba por susurrarle unas palabras en su oído.
—El que persevera, encuentra—dijo la diosa Eos antes de desaparecer—¿Serás capaz de sumergirte en un mar de oscuridad, dejando la seguridad de la orilla?
Dante de inmediato levantó la cara, pero lo único que vio fue al mesero con su orden. Dando un fuerte suspiro, a veces deseaba poder zarandear a la diosa y que esta fuera más clara con los mensajes que le daba. Pero si lo que creía era cierto, a raíz de todo lo que pasó, si él quería que la existencia de Atenea lo ayudara, él debía también ayudarla.
Luego de terminar su segunda limonada y pagar la cuenta, bajó a las caballerizas donde estaba su caballo y se dispuso a regresar a la mansión, con un sabor agrio en la garganta por aquello que implicaba la carta que tenía cuidadosamente guardada en su casa.
Cuando estaba por atravesar el puente hacia el campo, se dio cuenta de que había una tienda nueva que parecía ser muy lujosa. Si bien no conocía del todo a la marca, según lo que alcanzaba a recordar de las tonterías que decía Giselle en el pasado, era una de las mejores en el cuidado facial para las mujeres.
—¡Gran duque!—saludó la vendedora principal al verlo entrar—¡Es una alegría y un honor que usted visite nuestra tienda!
Aquella visita la emocionó bastante, ya que permitiría que su día inaugural tuviera gran publicidad. Dante, por otro lado, observaba la lujosa tienda de cuatro pisos, bellamente decorada y con vitrinas que mostraban tanto productos del cuidado facial como maquillaje.
—¿Se encuentra aquí para hacerle un regalo a la duquesa?—preguntó un tanto chismosa.
Hacía tan solo una hora que había escuchado lo que ocurrió calles más abajo y ya todas las empleadas estaban hablando del duque como el hombre cuernudo.