Él la dejó.
Ella se reconstruyó
Ahora, él quiere volver.
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Capítulo 3: Lo que no quise ver
Narrado por Cristian
Narrado por Cristian
Estoy en la playa.
Rodeado de mis amigos, mi familia… y mi prometida.
Vinimos a festejar mi compromiso con Sara.
Todo debería sentirse perfecto.
Y, sin embargo…
Hay algo que no encaja.
Estamos sentados bajo las sombrillas. Tengo a Sara abrazada contra mí mientras converso con los chicos. Hablamos de todo un poco: negocios, anécdotas, recuerdos.
Río.
Asiento.
Participo.
Pero no estoy del todo presente.
En un momento, noto que Alan se queda mirando fijo hacia un punto.
No le doy importancia.
Hasta que lo escucho decir:
—¿Esa no es Celia?
Mi cuerpo se tensa.
Automáticamente.
Estaba mirando hacia el mar… pero al escuchar ese nombre, algo dentro de mí se activa.
Molestia.
Fastidio.
—Dejá de joder —pienso.
Sabía perfectamente que no toleraba hablar de ella.
De mi ex esposa.
La mujer con la que me casé hace tres años…
Por obligación.
Fue un matrimonio arreglado por nuestros padres.
Una unión de empresas.
Nunca fue amor.
Nunca.
Yo siempre fui claro con ella.
Siempre.
Le dije que amaba a otra persona.
Que ella no era más que…
Un reemplazo.
Una sustituta.
Sara.
La mujer que realmente amaba.
La que estaba fuera del país en ese momento.
Diez meses después de mi matrimonio…
Sara volvió.
Y su regreso fue suficiente.
Suficiente para dar por terminado lo que nunca debió empezar.
Ese mismo día, volví a la casa que compartía con Celia.
Con mi esposa… en ese entonces.
Llevaba los papeles de divorcio en la mano.
Esperaba una escena.
Un reclamo.
Un llanto.
Algo.
Pero no.
Ella firmó.
Sin decir nada.
Sin pelear.
Sin mirarme siquiera.
Y se fue.
Como si yo no significara nada.
Ese recuerdo todavía me molesta más de lo que debería.
—Sí… es ella —escucho decir a Sebastián.
Y, sin saber por qué…
Giro la cabeza.
La veo.
Celia.
Es ella.
Pero no es la misma.
Está… distinta.
Más segura.
Más fuerte.
Más…
No sé cómo explicarlo.
Y no puedo dejar de mirarla.
Los segundos pasan.
Y sigo ahí.
Observándola.
Hasta que siento un golpe suave en el hombro.
—Amor, ¿estás bien?
Sara.
—Sí… —respondo.
La beso.
Pero antes de girarme… vuelvo a mirarla.
Otra vez.
Intento seguir con la conversación.
Negocios.
Trabajo.
Temas sin importancia.
Pero mi cabeza ya no está ahí.
Las horas pasan.
Y en un momento, un grupo de personas pasa frente a nosotros.
Y entre ellos…
Ella.
Más cerca.
Más real.
Más imposible de ignorar.
Está hermosa.
Demasiado.
Alan se levanta.
Le habla.
Ella no responde.
Entonces él la alcanza… y la toma del brazo.
La obliga a detenerse.
Ella gira.
Lo mira.
—¿Alan? —dice, sorprendida.
—Sabía que eras vos —responde él, con esa sonrisa que conozco demasiado bien—. Vinimos a festejar el compromiso de mi hermano con Sara.
Sé lo que está haciendo.
La está provocando.
Quiere lastimarla.
Pero…
Ella no reacciona.
No como antes.
—Yo vine a festejar mi cumpleaños… con mi familia y amigos.
Cumpleaños.
Mi mente se queda en esa palabra.
Y el golpe llega solo.
Hace dos años…
Ese mismo día…
Yo le pedí el divorcio.
No lo había olvidado.
Pero tampoco lo recordaba así.
Con ese peso.
Con esa coincidencia.
Celia se despide.
Educada.
Correcta.
Distante.
Y se va.
Sin mirar atrás.
Como aquella vez.
Después de que desaparece, mis amigos empiezan a hablar.
—Amigo… ¿te puso los cuernos después del divorcio o antes? —dicen, riéndose.
No respondo.
No me río.
Nada.
Porque, en el fondo…
Hay algo que no me cierra.
Todos asumen que ella ya hizo su vida.
Que me superó rápido.
Que ya hay otro hombre.
Y debería darme igual.
Debería.
Pero no.
Porque recuerdo…
Que ella decía que me amaba.
Una y otra vez.
Y eso…
Siempre me molestó.
Porque no tenía sentido.
Si realmente me amaba…
¿Por qué no luchó?
¿Por qué no dijo nada?
¿Por qué no se quedó?
Firmó.
Y desapareció.
Como si yo no importara.
Y eso…
Eso me sigue molestando más de lo que quiero admitir.
Aprieto los puños.
Inconscientemente.
No quiero pensar en eso.
No quiero volver ahí.
Así que hago lo único que sé hacer.
La ignoro.
La borro.
Tomo a Sara por la cintura.
—Vamos.
Y me la llevo de vuelta al hotel.
Lejos de la playa.
Lejos de Celia.
Lejos de todo lo que…
No quiero entender.