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Me Enamore De La Mamá De Mi Mejor Amigo

Me Enamore De La Mamá De Mi Mejor Amigo

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Sinopsis: Un amor prohibido

Todo comenzó cuando empecé a ir a la casa de Juan Alcázar, mi mejor amigo. Al principio, todo era normal, hasta que comencé a mirar a su mamá con otros ojos. Ella era una mujer hermosa, madura y completamente diferente a todas las que había conocido. Sin darme cuenta, empecé a sentir algo que jamás imaginé sentir por la madre de mi mejor amigo. Intenté luchar contra aquellos sentimientos, pero el corazón no entiende de reglas ni de prohibiciones. Hasta que una mirada se convirtió en deseo y comenzamos a vivir un amor a escondidas, capaz de destruir nuestra amistad y cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: ¿Me acepta una salida?

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Eran casi las cuatro de la tarde cuando empecé a sentirme un poquito mejor. La fiebre había bajado después de recibir atención médica y descansar varias horas. Todavía me dolía el cuerpo y tenía la cabeza pesada, pero por lo menos ya podía sentarme en la cama sin sentir que todo me daba vueltas.

Lo primero que recordé fue la noche anterior.

¡Juepucha, qué vergüenza!

Había llegado a la casa de Juan completamente borracho, había terminado sentado en el mueble de la sala y, para rematar, le había confesado a su mamá que me parecía hermosa.

Me tapé la cara con ambas manos.

—No, hermano, yo sí soy mucho güevón —murmuré—. ¿Cómo se me ocurre hacer semejante cosa?

En ese momento escuché que golpeaban suavemente la puerta.

—¿Joaquín? ¿Ya está despierto, mijo?

Era Gabriela.

—Sí, doña Gaby. Siga, por favor.

Ella entró con una bandeja que tenía un vaso de agua y algo de comer. La miré y sentí que me ponía nervioso otra vez. ¡Qué problema tan berraco! La mujer ni siquiera estaba haciendo nada especial y yo ya no sabía dónde poner los ojos.

—¿Cómo sigue? —me preguntó mientras dejaba la bandeja sobre la mesita.

—Mejor, gracias a usted. Y disculpe por todo el problema que le causé anoche.

—Ay, Joaquín, deje la bobada. Lo importante es que se recupere. Eso sí, no me vuelva a llegar en ese estado a medianoche, ¿oyó?

—Tiene toda la razón, doña Gaby. No vuelve a pasar.

Ella se sentó en una silla junto a la cama y me preguntó si necesitaba alguna cosa. Yo negué con la cabeza, pero había algo que llevaba dando vueltas en mi mente desde que había despertado.

Tenía que hablar con ella.

—Gaby...

Ella levantó las cejas, sorprendida por la manera en que la había llamado.

—¿Qué pasó, Joaquín?

Me acomodé en la cama y respiré profundamente.

—Lo que le dije anoche es cierto.

Gabriela guardó silencio unos segundos.

—¿A qué se refiere, mijo?

—A lo que le dije cuando llegué. Que usted está hermosa y que me gusta.

Ella me observó con atención, como si estuviera intentando entender si hablaba en serio.

—Joaquín, usted estaba borracho anoche. Yo no sabía si esas palabras eran algo que realmente pensaba o si simplemente estaba hablando por el alcohol.

—Por eso se lo estoy diciendo ahora, Gaby. Estoy enfermo, sí, pero sé perfectamente lo que estoy diciendo.

Me pasé una mano por el cabello y continué.

—Desde aquella tarde que vine a jugar Play con Juan, no he dejado de pensar en usted. Yo sé que usted es la mamá de mi mejor amigo y entiendo que esto puede sonar muy raro. Créame que yo mismo he intentado sacarme esta idea de la cabeza, pero no he podido.

Gabriela bajó la mirada hacia sus manos.

—Joaquín, yo tengo treinta y siete años y usted tiene veintitrés. Además, es el mejor amigo de mi hijo. ¿Usted sí ha pensado en todo lo que eso significa?

—Claro que sí, Gaby. No le voy a decir que tengo todas las respuestas, porque estaría mintiendo. Pero sí sé que me gusta hablar con usted, que me parece una mujer increíble y que quisiera conocerla de otra manera.

Ella suspiró suavemente.

—Mijo, usted es un buen muchacho y yo le tengo cariño, pero no quiero que confunda las cosas. Nuestra relación siempre ha sido cordial porque usted es amigo de Juan.

—Lo entiendo. Y tampoco quiero presionarla.

Me quedé callado un momento antes de animarme a hacerle la pregunta que tanto me había costado formular.

—Gaby, ¿me aceptaría una salida cuando me recupere?

Ella me miró directamente a los ojos.

—¿Una salida conmigo?

—Sí, señora. Bueno, con usted. Podemos ir a tomar un café, conversar y pasar un rato agradable. Sin compromisos ni presiones. Si después de eso usted siente que no quiere nada conmigo, yo voy a respetarlo.

Gabriela permaneció pensativa.

—Usted sí me pone en unas situaciones, Joaquín. ¡Ave María!

Solté una pequeña risa.

—Perdón, Gaby. Es que tenía que preguntarle.

—Déjeme pensarlo, ¿bueno? No quiero tomar una decisión apresurada, y mucho menos sin considerar cómo podría afectar mi relación con Juan.

Asentí.

—Está bien. No le voy a insistir.

Ella se levantó y acomodó la bandeja.

—Ahora cómase eso y descanse. Todavía necesita recuperarse.

—Sí, señora.

Cuando llegó a la puerta, volví a llamarla.

—Gaby.

—¿Qué pasó ahora, Joaquín?

Sonreí un poquito.

—Gracias por cuidarme.

Su expresión se suavizó.

—De nada, mijo. Descanse.

La vi salir y me recosté nuevamente en la almohada.

No me había dado un sí, pero tampoco me había cerrado la puerta por completo.

Y, por primera vez en mucho tiempo, sentí que estaba esperando algo con verdadera ilusión.

Aunque todavía me faltaba lo más complicado: descubrir si Gabriela Alcázar estaba dispuesta a darme una oportunidad, sabiendo que enamorarse del mejor amigo de su hijo podía cambiar nuestras vidas para siempre.

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