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Desde El Momento Que Te Vi

Desde El Momento Que Te Vi

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Amor en la madurez
Popularitas:9.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Isa González

Renata Solis tenía la vida que siempre soñó: un matrimonio estable de veinticinco años con Fernando Lavallée, un próspero ejecutivo, y dos hijos a los que adoraba. Ella era la esposa abnegada que cuidaba del hogar mientras su marido aseguraba el futuro familiar. Sin embargo, una llamada a la una de la madrugada destruye su mundo para siempre.
​Tras correr al hospital, Renata no solo recibe la devastadora noticia de que Fernando ha muerto en un accidente de tránsito, sino que descubre que no iba solo: la mujer que viajaba a su lado en el copiloto tampoco sobrevivió. El día del entierro, la verdad sale a la luz de la forma más cruel cuando una compañera de trabajo le confiesa la pesadilla: Fernando llevaba más de tres años manteniéndole una doble vida a su amante, con quien además tenía una hija de año y medio.
​Por si la traición no fuera suficiente, Renata descubre que su esposo hipotecó la casa familiar y entregó todo a su amante.

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Capítulo 2 ¿Quién Es Esa Mujer?

​—¿Un... un accidente? Pero ¿cómo está él? ¿Qué le pasó? ¡Por favor dígame algo! —logró articular con un nudo sofocante apretándole la garganta.

​—Señora, por protocolo no podemos darle detalles sobre la condición médica del paciente por teléfono. Por favor, venga lo antes posible. Pregunte en la barra principal de Urgencias.

​La llamada se cortó con un tono seco. Renata se quedó paralizada unos segundos con el auricular pegado a la oreja, mirando fijamente un punto indeterminado en la pared. El pánico recorrió cada centímetro de su cuerpo. Intentó reaccionar, tomó aire profundamente para no desmayarse y gritó con todas sus fuerzas hacia la parte superior de la escalera:

​—¡Mateo! ¡Mateo, baja por favor! ¡Baja ya!

​Escuchó el ruido inmediato de las cobijas desplazándose y los pasos apresurados de su hijo bajando los escalones de tres en tres. Mateo apareció en el pasillo alarmado, despeinado y con la cara pálida al notar el estado desencajado de su madre.

​—¿Qué pasó, mamá? ¿Por qué gritas así? ¿Qué tienes?

​—Es tu papá... me llamaron del hospital —dijo Renata entre sollozos, apretándose las manos contra el pecho—. Tuvo un accidente de carro. Mateo, tenemos que irnos ya, por favor.

​Sin perder un solo segundo en cambiarse de ropa ni en hacer preguntas que retrasaran la salida, Mateo corrió a la cocina, tomó las llaves del vehículo familiar y abrió la puerta principal. Renata solo alcanzó a tomar su bolso del perchero y salieron a toda prisa, procurando cerrar la puerta con delicadeza para no despertar al pequeño de catorce años, quien dormía plácidamente en su habitación sin sospechar la pesadilla que acababa de desatarse.

​El trayecto hacia el centro médico fue un tormento angustioso de minutos eternos. Mateo manejaba con las manos firmes sobre el volante, acelerando lo más rápido que le permitía el motor y esquivando los pocos vehículos que circulaban por las avenidas oscuras a esa hora de la madrugada. En el asiento del copiloto, Renata apretaba las manos sobre su regazo hasta dejar los nudillos blancos, cerrando los ojos y rezando en silencio. Le suplicaba a Dios que solo fuera un susto, una pierna fracturada o golpes leves que pudieran curarse con el tiempo.

​Al llegar a la entrada principal del Hospital Central, Mateo frenó de golpe frente a la rampa de emergencias. Se bajaron del carro sin importarles cómo había quedado parqueado y corrieron juntos atravesando las puertas automáticas de cristal. El olor penetrante a desinfectante, el sonido constante de los monitores y la luz blanca de las lámparas del techo aumentaron la desesperación de Renata. Se acercó a toda prisa al mostrador de la recepción, donde una mujer con uniforme médico anotaba datos en una carpeta.

​—Por favor... me llamaron hace un rato de aquí —habló Renata agitada, con las lágrimas a punto de brotar de sus ojos—. Me dijeron que mi esposo tuvo un accidente de tránsito en la avenida.

​La recepcionista levantó la mirada y la observó con una expresión seria y profesional.

​—Nombre completo del paciente o de usted, por favor.

​—Renata Solis... soy la esposa de Fernando Lavallée.

​La mujer tecleó rápidamente el nombre en la computadora, revisó la pantalla unos segundos y luego volvió a mirar a Renata. Su rostro cambió por completo, adoptando un matiz de compasión que le heló la sangre a la protagonista.

​—Espere un momento aquí a un lado, por favor. Ya aviso al médico de guardia que está atendiendo el caso.

​Fueron los dos minutos más largos y tortuosos en la vida de Renata. Aferrada con fuerza al brazo de Mateo, sentía cómo su hijo también temblaba en silencio a su lado. De pronto, las puertas dobles del pasillo interior se abrieron con un sonido metálico y de ellas salió un médico con bata blanca, rostro visiblemente cansado y expresión grave. Avanzó directamente hacia donde estaban ellos.

​—¿Familiares del paciente Fernando Lavallée?—preguntó el doctor.

​—Sí, doctor. Yo soy su esposa —contestó Renata con la voz completamente quebrada.

​El médico suspiró profundamente, se retiró los anteojos y los miró directamente a los ojos.

​—Lo lamento muchísimo. Hicimos todo lo humanamente posible por reanimarlo desde el momento en que la ambulancia lo ingresó a la sala de trauma, pero las lesiones en la cabeza y el tórax eran demasiado severas. El paciente no sobrevivió.

​Las palabras del médico resonaron en el pasillo como un eco distante y ensordecedor. Renata sentió que la tierra se abría debajo de sus pies y que el aire se le agotaba por completo. Mateo dejó escapar un grito sordo cargado de dolor y la sujetó con fuerza por los hombros antes de que ella se desplomara sobre el piso de grano. Las lágrimas inundaron el rostro de Renata mientras un llanto desesperado le brotaba desde lo más profundo del pecho. El hombre con el que había compartido veinticinco años de matrimonio, el padre de sus dos hijos, el pilar de su hogar, estaba muerto.

​Sin embargo, mientras estaba sumida en medio de ese dolor desgarrador, abrazada al cuerpo tembloroso de su hijo mayor, el ruido brusco de unas ruedas metálicas apresuradas interrumpió el ambiente.

​Por el mismo pasillo de donde había salido el médico, dos paramédicos avanzaban a paso rápido empujando una segunda camilla cubierta enteramente por una sábana blanca. Justo detrás de ellos caminaba una enfermera, quien se acercó al doctor y le dijo en un tono bajo, pero lo suficientemente claro como para que Renata alcanzara a escuchar cada palabra:

​—Doctor, la mujer que venía con el paciente en el asiento del copiloto tampoco sobrevivió. Los familiares de ella acaban de llegar a la otra sala de espera.

​Renata se congeló en el acto. Las lágrimas se detuvieron por un instante sobre sus mejillas. Con el corazón latiéndole a mil por hora, levantó la vista muy despacio, siguiendo con la mirada la camilla que se alejaba por el pasillo. Luego miró el rostro de Mateo, quien estaba tan cegado por el llanto que ni siquiera había prestado atención al comentario de la enfermera.

​¿Una mujer en el asiento del copiloto?, se preguntó Renata, sintiendo una punzada de confusión helada atravesarle la mente. Fernando le había jurado esa misma tarde que estarÍa encerrado en una reunión ejecutiva únicamente con los socios directivos de la empresa. ¿Quién era esa mujer y qué hacía a su lado, en su carro, a la una de la mañana?

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mariela
Cony fuiste por lana y saliste trasquilada pensaste que pagando esa fortuna habías comprado al mejor abogado tienes el cerebro como un coco seco inmadura creiste que por eso Ricardo iba a volver contigo sigue soñando.
Definitivamente no se que haría con Sergio porque es un rebelde sin causa que provoca sacarlo de la casa y dejarlo pasar carencias en la calle para que aprenda a ser más humilde, valorar a su madre y hermano que están haciendo lo imposible para que el pueda seguir estudiando mal agradecido.
Milcaris
Hasta que dijo parte del dolor que lleva dentro.
Milcaris
Que le pasa al niño, está molesto porque mamá no le hizo la cena y él no puede hacerla.
Milcaris
El abogado jugó contigo como quiso.
ana luisa
porque de última y Aura de primera no puede ser si escribo de primera en todos los comentarios me bajan me tienen arrechera no puede que no respeten los seguimientos de los comentarios en está plataformas por eso bloqueo para ser de primera
ana luisa
Me encantó el capítulo está bueno Sergio tiene miedo de ser abandonado
Aurora
Cuales palabras , en el capítulo anterior quedó que Sergio estaba en el pasillo, ahora qué pasó ahí y porque ese salto tan extraño.
ana luisa
Me me encantó el capítulo muy bueno perdió Cony está fúrica porque le ganó una vieja a ella pero Renata tenía todo por ganar que luchen por ese amor pero su hijo Sergio no lo es otro rebelde
ana luisa
autora está enferma no actualizado mas
ana luisa
autora no a escrito mas la novela que ha pasado por favor
Milcaris
🤣🤣🤣 el abogado se quedó con el dinero si hacer ningún esfuerzo.
Milcaris
🤣🤣🤣🤣 menos mal no estaban haciendo nada privado de parejas 😂😂🫣🫣
Milcaris
Mateo es un amor como hijo
Aurora
Como que al antiguo estudio de su padre, no se supone que ellos ya habían abandonado esa casa ?
ana luisa
Me me encantó la novela está buena Cony lo que le va a llegar ella no sabe todo lo que Ricardo está haciendo va a quedar aplastada
ana luisa
por qué María tiene que ser primero y yo de última porque siempre ella la dueña de esto o qué ustedes ustedes son son arrechas este no tiene componen ese esta plataforma yo no puedo comentar nada por eso tengo que bloquear para decir yo La primera y única
ana luisa
Porque siempre Mariela es de primera está plataforma no respetan las normativa de los comentarios
Violeta
Boba gasto su dinero por gusto, ojalá el abogado Morales sea multado y que pierda el dinero que ganó, gracias autorita por este capitulo 🥰❤️💖💖💖💖
mariela
Cony dicen que del plato a la boca se cae la sopa estabas celebrando antes de tiempo y sorpresa 😮 😮😮 Benavides ganó el juicio y Renata y sus hijos se llevan el dinero.
mariela
Vaya sorpresa se llevó Mateo cuando encontró el cuaderno de anotaciones de su padre donde detallaba y específica como gasto el dinero y a quien se lo dió la familia de la amante se creen dueños de todo y Cony se siente triunfante.
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