trata sobre dos personajes los cuales están comprometidos y uno de ellos está enfermo acá lo vamos a llamar Dimitri dime triste enfermo y no estoy haciendo porque no quiere tomar la medicina y el otro signo que se lo tome personalizado en hacer sus pinches trabajos
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El hombre equivocado para provocar
La tensión en la mansión podía sentirse incluso desde los pasillos.
Lukas lo notó apenas bajó las escaleras.
Los empleados caminaban más rápido de lo normal. Los guardias mantenían las expresiones rígidas. Nadie hablaba demasiado alto. Nadie respiraba tranquilo.
Porque los inversionistas alemanes no eran precisamente conocidos por su paciencia.
La enorme sala principal estaba ocupada por cinco hombres vestidos impecablemente de negro y gris, acompañados por asistentes que revisaban documentos y murmuraban cifras en distintos idiomas. El aroma a café recién servido apenas lograba cubrir el ambiente frío que llenaba la habitación.
Y en el centro de todos ellos estaba Viktor Heisen.
Un hombre alto, de cabello completamente plateado y mirada afilada. Uno de los accionistas más antiguos de la corporación de Dimitri.
Y probablemente el más peligroso.
Lukas lo reconoció enseguida por las fotografías que había visto en oficinas y revistas financieras. Viktor tenía fama de destruir carreras enteras con una sola decisión.
Pero Lukas no se intimidó.
Había aprendido algo viviendo con Dimitri:
Los hombres más poderosos del mundo seguían siendo hombres.
Y los hombres podían ser insoportables.
—Señor Lukas —dijo Iván acercándose rápidamente—. Intenté calmarlos, pero…
—¿Dónde está Dimitri? —interrumpió Viktor directamente.
Sin saludo.
Sin cortesía.
Directo al punto.
Lukas mantuvo la expresión tranquila.
—Descansando.
Viktor lo observó en silencio.
—La junta comenzó hace cuarenta minutos.
—Y continuará sin él hoy.
Uno de los asistentes soltó una risa incrédula.
Error.
Lukas giró lentamente hacia él.
No levantó la voz.
No hizo amenazas.
Pero algo en su mirada bastó para borrar la sonrisa del hombre de inmediato.
Viktor notó eso.
Y sonrió apenas.
—Ahora entiendo por qué Dimitri se casó contigo —murmuró.
Lukas ignoró el comentario.
—Dimitri tiene fiebre alta. Necesita descansar.
—Las empresas no descansan.
—Las personas sí.
—Dimitri dejó de ser “persona” hace muchos años.
La frase fue dicha con tanta naturalidad que provocó un silencio incómodo en la habitación.
Iván bajó la mirada.
Algunos asistentes fingieron concentrarse en sus tablets.
Pero Lukas sostuvo la mirada de Viktor sin moverse.
—Para ustedes quizás —dijo al fin—. Para mí no.
Viktor inclinó apenas la cabeza, analizándolo.
—Interesante.
Luego apoyó ambas manos sobre su bastón elegante y habló con absoluta calma.
—Voy a verlo personalmente.
—No.
Viktor arqueó una ceja.
No parecía acostumbrado a escuchar esa palabra.
—¿Disculpa?
—Dimitri está descansando.
—No estoy preguntando.
—Y yo no estoy negociando.
El aire se volvió pesado.
Iván prácticamente parecía dejar de respirar.
Uno de los guardias miró discretamente hacia Lukas, claramente esperando instrucciones por si todo explotaba.
Pero Viktor solo observó a Lukas unos segundos más.
Luego sonrió.
Una sonrisa pequeña.
Peligrosa.
—Ahora entiendo por qué Dimitri te mantiene cerca.
Lukas cruzó los brazos.
—¿Terminó la reunión?
—Aún no.
—Entonces pueden esperar abajo.
Viktor soltó una risa baja.
—Joven… llevo treinta años trabajando con Dimitri. Lo vi destruir compañías enteras sin pestañear. Lo vi despedir hombres que suplicaban conservar su trabajo. Lo vi aplastar competidores como si fueran insectos.
Se acercó un poco más.
—Y jamás permitió que nadie le dijera qué hacer.
Lukas no retrocedió.
—Entonces supongo que soy especial.
El silencio que siguió fue peligrosamente largo.
Hasta que Viktor comenzó a caminar.
Directamente hacia las escaleras.
Iván abrió los ojos.
—¡Señor Viktor…!
—Me cansé de esperar —dijo él simplemente.
Lukas reaccionó de inmediato.
Subió las escaleras detrás de él.
—No puede entrar ahí.
—Mírame.
Los guardias dudaron.
Nadie parecía saber si detener a un inversionista multimillonario o no.
Viktor siguió avanzando con total tranquilidad.
Paso.
Paso.
Paso.
Hasta llegar al segundo piso.
Lukas aceleró el ritmo y finalmente se colocó frente a él en el pasillo.
—Última advertencia.
Viktor lo observó fijamente.
—¿Vas a detenerme tú solo?
Lukas no respondió.
No hizo falta.
Porque la expresión en su rostro dejó claro que sí lo haría.
Y por un segundo…
Viktor pareció divertirse.
—Dimitri realmente encontró algo interesante contigo.
Antes de que Lukas pudiera responder, Viktor abrió la puerta de la habitación.
Error enorme.
La habitación estaba en silencio.
Oscura.
Las cortinas apenas dejaban entrar luz gris de la lluvia.
Y Dimitri estaba sentado en la cama.
Despierto.
Observando.
La temperatura de la habitación pareció bajar inmediatamente.
Porque esa mirada…
No era la del hombre enfermo escondido bajo cobijas.
Era la del empresario que hacía temblar continentes enteros.
Dimitri ni siquiera habló al principio.
Solo miró a Viktor.
Luego a Lukas.
Y finalmente al resto detrás de ellos.
Su expresión era completamente fría.
—¿Quién les dio permiso de entrar? —preguntó con voz baja.
Nadie respondió.
Ni siquiera Viktor.
Porque incluso enfermo, Dimitri seguía siendo aterrador.
Lukas dio un paso adelante.
—Lo siento. Intenté detenerlo.
Dimitri lo miró apenas un segundo.
Y algo en su expresión cambió levemente.
La dureza disminuyó apenas.
—Lo sé.
Luego volvió a mirar a Viktor.
—Salgan.
Una sola palabra.
Fría.
Directa.
Viktor sostuvo su mirada.
—Necesitamos hablar.
—Entonces agenda una reunión cuando no tenga cuarenta grados de fiebre.
—La empresa—
—La empresa seguirá existiendo mañana.
Viktor entrecerró los ojos.
—Te estás debilitando.
Silencio.
Mala frase.
Muy mala frase.
Porque algo cambió en Dimitri inmediatamente.
La habitación entera pareció tensarse.
Lukas lo notó primero.
La forma en que Dimitri enderezó apenas la espalda.
La mirada oscureciéndose.
La voz volviéndose peligrosamente tranquila.
—¿Quieres repetir eso?
Viktor sostuvo la mirada.
Pero incluso él pareció darse cuenta demasiado tarde de que había cruzado una línea.
—Dimitri—
—Salgan. Ahora.
La autoridad en su voz fue absoluta.
Los asistentes reaccionaron primero, retrocediendo casi de inmediato hacia la puerta.
Iván prácticamente huyó.
Los guardias bajaron la mirada.
Y Viktor permaneció quieto apenas unos segundos más antes de suspirar.
—Sigues igual de insoportable.
—Y tú igual de imprudente.
Viktor sonrió apenas.
Luego finalmente salió de la habitación.
Cuando la puerta se cerró…
El silencio regresó.
Y entonces Dimitri se desplomó ligeramente hacia atrás.
Lukas reaccionó enseguida.
—¡Dimitri!
Corrió hacia la cama justo cuando él cerraba los ojos con agotamiento.
La respiración del empresario era pesada.
Demasiado pesada.
—Odio… a esa gente —murmuró Dimitri con voz ronca.
Lukas tocó su frente.
Seguía ardiendo.
—No debiste levantarte.
—No iba a dejar que entraras solo en una guerra corporativa.
Lukas suspiró, ayudándolo a recostarse otra vez.
—Eres imposible.
Dimitri abrió apenas un ojo.
—Y aun así me amas.
—Desafortunadamente sí.
Eso provocó una sonrisa cansada en él.
Pequeña.
Real.
Luego Dimitri tomó la mano de Lukas lentamente entre las suyas.
—Gracias.
La palabra sorprendió incluso a Lukas.
Porque Dimitri rara vez la decía.
—¿Por qué?
Dimitri cerró los ojos otra vez.
—Por protegerme… incluso de mí mismo.
Y esa vez…
Lukas no encontró nada que responder.
Solo se quedó allí, sosteniendo su mano mientras afuera seguía lloviendo.