Emili de 18 años es hija de una migrante cubana y un Italiano, su padre no la reconoció por eso lleva los apellidos de su madre, Álvarez García con orgullo, deciden migrar a Estados Unidos, el sueño Americano Pero en la travesía en México conoce a Dimitri por mediación del coyote y tienen un encuentro sexual, ella se embaraza de mellizos y pero la niña tiene una enfermedad grave que necesita mucha atención médica y apartir de ese momento, Ella hará lo que sea por sus hijos y su bienestar...
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La travesía
Emily Alvarez García
Mi madre contactó al coyote por Internet, una amiga le pasó el contacto, el hombre mando una cuenta donde mi madre debía depositar 500 usd por cada una y cuando llegáramos a Nicaragua le daríamos 1000 USD por cada una, Pero abia otras cosas que pagar, como sobornos a los guardias en las fronteras, o Salvoconductos para transitar por algunos países y eso no estaba incluido dentro de los 1500 usd que mi madre pagará en total por cada una.
Llegó el día y mi madre alquilo un lada 1500 para que nos llevara de Camagüey al aeropuerto de la Habana, llegamos tres horas antes del vuelo, escogimos Nicaragua porqué es libre visado para los cubanos. El aeropuerto José Martí era un hervidero de despedidas y ansias. Daily, con un nudo en la garganta, revisaba por décima vez los pasaportes, mientras Emili, de mano firme, cargaba su mochila llena de libros y expectativas. El anuncio de su vuelo a Managua sonó como una liberación. Al cruzar la puerta de embarque, una mezcla de vértigo y esperanza las envolvió; dejaban atrás el rumor habanero por el silencio suspendido de las nubes.
El Airbus despegó raudo, cortando la densa humedad cubana. Desde la ventanilla, Daily vio cómo la isla se convertía en una mancha verde y azul, cada vez más pequeña, más lejana. Emili, a su lado, observaba absorta el mar infinito, un tapete azul cobalto salpicado de espuma. En la cabina, el murmullo era bajo, un zumbido de sueños y cansancio. La tripulación, con sonrisas profesionales, servía una comida sencilla que ambas compartieron en silencio cómplice, encontrando consuelo en el roce de sus hombros.
Tras poco más de dos horas, un suave cambio en el motor anunció el descenso. Emili apretó la mano de su madre. Bajo el ala, la geografía se transformó: aparecieron los volcanes, redondos y verdes, como guardianes antiguos, y el enorme espejo del lago Xolotlán reflejando el cielo. El aterrizaje fue suave, pero el corazón de ambas latía con fuerza. Al abrirse la puerta, una bocanada de aire caliente y seco, cargado del aroma a tierra y diesel, las recibió. Era el olor de Nicaragua, intenso y prometedor.
Al caminar por la manga, Daily sintió el peso del viaje y la ligereza del nuevo comienzo. Emili, con ojos brillantes, buscaba entre la multitud a la persona que las esperaba. En la terminal del Augusto C. Sandino, entre el bullicio de "¡Bienvenidas!", los abrazos fueron largos, apretados, disolviendo la fatiga del trayecto. El viaje había terminado. Ahora empezaba otra cosa: el ruidoso, cálido y abrumador reencuentro con una tierra que, para Emili, era un descubrimiento, y para Daily, un regreso a la memoria, de. Lo que pudo ser y no es.
Emili, reconoce al hombre que vino a buscarlas, tiene un cartel con sus nombres, luego de saludarse y presentarse, ellas recogen su equipaje y siguen camino con el hombre se dirigen una Ban donde hay 13 personas más, cubanos, haitianos y venezolanos.
Un hombre rubio de acento americano en un Español claro explica la trayectoria, los países que hay que atravesar, los horarios de comida y se ban a súpermercado y todos compran galletas, refrescos, pan, mayonesa mantequilla y agua, entre otras cosas, Emily agrega a su compra chocolates, caramelos y galletas dulces. Todos regresan al Ban y comienza la travesía.