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La Luz Rojo Carmesí Del Final

La Luz Rojo Carmesí Del Final

Status: En proceso
Genre:Acción / Escena del crimen / Terror
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: XintaRo

Pesadillas terribles torturan la conciencia y cordura de un Hombre. Su deseó de proteger a los suyos y recuperar a la mujer que ama, se ven destruidos por una gran telaraña de corrupción, traición, homicidios y lo perturbador de lo desconocido y lo que no es humano. La oscuridad consumirá su cordura o soportará la locura enfermiza que proyecta la luz rojo carmesí que late al fondo del corredor como un corazón enfermo.

NovelToon tiene autorización de XintaRo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Hombre Sin Ojos. Pt2.

Al doblar la esquina. Me recibe mi comisaría. Alta y gastada, 4 pisos de corruptos malditos, uno que otro honesto aun con placa y, aun vivo. Héctor ya me espera en la entrada, como siempre, con una sonrisa torcida y dos tazas de café en las manos.

Me detengo en la entrada, justo frente a las escaleras. Apago el motor. Salgo del coche y veo como Héctor se acerca caminando lento. Alzo la mano en señal de saludo, siento la cabeza pesada como plomo, la luz de la mañana me quema la vista. No traje las gafas.

—Tu cara dice que anoche fue otra de esas, pareces un cadáver —me dice, ofreciéndome una de las tazas.

—Me siento de lo peor —respondo, aceptando el café con un gruñido apenas humano.

—¿Otra noche con tus “visiones”?

—Pesadillas, Héctor. Solo eso.

—Claro, claro. Pesadillas… —sonríe casi burlándose, pero sus ojos dicen lo contrario.

Sabe que es algo más.

—Lo son. Y la de anoche no fue para nada agradable.

Meto la mano en mi abrigo. Saco mi libreta de sueño y se la paso sin decir nada. Solo la lee sin comentar, como hace siempre.

Héctor no cree del todo en mis sueños, pero tampoco los ignora. Después de cinco años de esta mierda, aprendió a no preguntar demasiado, y a no tomarse a la ligera cuando le digo: “Algo viene”.

Caminamos a la entrada. Me devuelve la libreta y la guardo, su cara queda en blanco, solo camina a mi lado…

Al entrar, vamos directo a nuestro escritorio conjunto en la unidad de homicidios del Distrito Sur. Antes de que pueda siquiera sentarme, aparece el teniente con un informe en las manos.

Su cara es todo menos amistosa.

—Detectives. Tenemos un nuevo caso —dice, con su tono de jefe—. Distrito Sur, calle 13, cerca de los viejos edificios abandonados de la zona industrial. Cadáver masculino, sin identificación. El detalle: le faltan los ojos. Nada más ha sido tocado.

Siento un nudo en el estómago. Me quedo frio a medio sentar.

—¿Fueron extraídos quirúrgicamente? —pregunta Héctor, de pie detrás de mí.

—No. Arrancados. A mano limpia, según el forense preliminar —responde, torciendo las cejas.

Siento como mi pulso se detiene medio segundo. Héctor me mira de reojo. Sabe. Me levanto sin decir más. Tomo el informe de las manos del teniente.

—Vamos —digo, despegándome del escritorio.

Camino directo a la salida, sintiendo los pasos firmes de Héctor detrás de mí.

Al salir. Respiro por un segundo. Veo como Cuatro Leguas una vez más me pone contra la pared, aplastando mi cordura con sus interminables crímenes; el oscuro cielo matutino y su fría brisa solo me susurran algo perturbador. Nuevamente sin desayunar, solo café y nicotina en el interior.

Héctor se para junto al coche acomodando su colorida corbata azul en el reflejo del cristal.

Camino al costado del piloto, abro con fuerza la vieja manija del coche, sigue igual de atorada que siempre. Entro y enciendo su motor, ruge con esmero.

Conduzco en silencio mientras Héctor mira por la ventana, como contando las farolas que pasamos reflejándose en sus grandes gafas de nerd.

Al acercarnos. El edificio se nos viene encima con su olor a humedad y abandono. La luz de la mañana se filtra por sus altos muros y ventanas rotas; cada rayo parece más pálido sobre el asfalto húmedo.

Me detengo frente al viejo edificio, en la entrada dos oficiales miran el suelo, —parecen realmente perturbados—, están rodeados de otros uniformados que detienen a los que anhelan el morbo de ver un cadáver fresco.

Apago el motor y salgo del coche, Héctor sale con el informe en mano y cierra la puerta del auto con cuidado, como si el golpe pudiera romper algo más que la chapa. Saco mi placa del bolsillo y me la cuelgo al cuello, su frio metal contra el pecho me grita que no hay descanso en Cuatro Leguas…

—Llegaron cinco chicos a eso de las 04:00 a.m. —dice Héctor, mientras caminamos hacia la entrada leyendo el informe—. Entraron a beber, dicen… Se metieron por la puerta trasera y uno de ellos salió corriendo hacia el norte gritando despavorido, aun no dan con él. Los otros cuatro, están en un estado catatónico. La gente de la zona llamó a emergencias, después de escucharlos gritar por veinte minutos, según el viejo guardia que cuida el edificio del frente.

Se gira y apunta a un viejo edificio tras nosotros, bodegas viejas de las cuales aún salen camiones y se ven algunos obreros caminando con pasos agotados.

Al llegar a la entrada. La cinta amarilla ondea con el viento, como si la escena misma respirara. Me abro paso entre los uniformados y el público que rodea la zona. Curiosos.

Los dos oficiales mudos en la entrada, nos indican con la mano. En el segundo piso se encuentra el cadáver. Levantan la cinta policiaca invitándonos una vez más a un crimen. Caminamos dentro del viejo almacén que se cae a pedazos, directo a las desgastadas escaleras a nuestra derecha.

Subimos en silencio, al llegar, lo siento detrás de la nariz; la escena del crimen huele a óxido, humedad y algo más… algo que mi estómago reconoce y no quiere admitir. El segundo piso está más oscuro; nuestras linternas cortan el aire como un bisturí.

El edificio está completamente abandonado, las paredes cubiertas de grafitis antiguos, botellas rotas y… orina seca…

Al fondo, una gran superficie roja domina la sala; un inmenso espejo roto enmarcado en metal ennegrecido. No es un espejo normal. La luz lo atraviesa y vuelve teñida, densa, como si dentro del vidrio hubiera un líquido.

Me acerco con paso medido. La respiración corta en la garganta. El hedor del lugar me grita despertar una vez más. Pero no estoy dormido, no ahora…

Y lo veo. El cuerpo yace de rodillas frente al espejo roto, rodeado de polvo y vidrios. Sobre él, un foco apenas palpitante. Lo más perturbador: la posición del cadáver.

1
favita
me encanta la historia muy genial el detective
melani99
🥰
sofialopez2010
favuloso
jomijomi2012
Muy buena, que siga
jomijomi2012
Que increíble el relato, hasta me dio penita la polilla de papel😔
manueles
Me encanta, que siga contando la historia 😻😻😻
manueles
Que hermoso, parese un poema😻
jotape
Donde habrán quedado mis alas de papel 😔
entomomoyan
Yo nací sin mis alas de papel, al igual que el detective 😔
latifa
yo igual ya no tengo mis alas de papel 😭
XintaRo
👍
latifa
ingreible quiero leer mas
jotape
😻
Anon
Esta muy buena la historia
Anon
Nadie pisa el sur sin consecuencias 😎
Anon
El héroe oscuro del distrito sur 😻😼
Anon
/Casual//Determined/
Anon
😻😎😼
Anon
👏/Good/
Anon
Esto esta muy bueno 🙀 esta muy buena la historia
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