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Vínculo Prohibido

Vínculo Prohibido

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Mafia / Romance oscuro / Completas
Popularitas:63
Nilai: 5
nombre de autor: Maiara Brito

Dos jefes mafiosos. Un matrimonio arreglado.
El odio que los separa es tan intenso como la atracción que los consume.
Entre lealtad, sangre y deseo prohibido, Jay y Win descubrirán que el enemigo más peligroso no está fuera de la guerra… sino dentro de ellos mismos.

NovelToon tiene autorización de Maiara Brito para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

La mañana nació gris. La lluvia había cesado, pero el cielo seguía cargado, y la mansión parecía guardar el peso de lo que había sucedido la noche anterior.

Win estaba en el balcón lateral, con los brazos cruzados, la mirada perdida en el jardín mojado. El cigarrillo entre sus dedos ardía lentamente, y el humo se disolvía en el viento frío. Casi nunca fumaba, pero esa mañana lo exigía. Era como si necesitara llenar el vacío con algo más tóxico que sus propios pensamientos.

La puerta rechinó detrás de él. Nin apareció, vestida con una bata clara, el cabello suelto cayendo sobre sus hombros. Por un instante, solo lo observó en silencio. Él se dio cuenta, pero no se giró.

—Fumas cuando estás nervioso —dijo ella, con voz calma.

Win aspiró profundamente, soltó el humo y respondió sin mirar:

—Tal vez lo esté.

Nin caminó hasta quedar a su lado. Se quedaron juntos, mirando el jardín empapado. Por unos segundos, solo el ruido de las gotas escurriendo por los aleros acompañaba el silencio entre los dos.

Entonces, ella habló.

—Win… necesitamos hablar sobre lo que sucedió ayer.

El cuerpo de él se tensó. El cigarrillo tembló en sus dedos. Cerró los ojos por un instante, como si quisiera desaparecer.

—No hay nada de qué hablar.

Nin arqueó la ceja, con voz más firme:

—¿De verdad crees que puedes fingir que no vi?

Win se giró hacia ella, irritado, la mirada chispeando.

—¡No quiero hablar de eso!

Ella no retrocedió. Al contrario, sostuvo la mirada con firmeza.

—Pues yo sí quiero.

El silencio cayó pesado. Win desvió el rostro, aspirando el cigarrillo hasta el filtro. Tiró la colilla al suelo mojado y la aplastó con el pie. Sus manos estaban temblorosas.

—Nin… —murmuró, con voz baja, cargada de culpa—. Él es tu prometido.

Ella soltó una risa breve, sin alegría.

—Prometido de fachada. Sabes tan bien como yo que Jay no es mío.

Win se frotó el rostro con fuerza, como si quisiera borrar algo.

—¡Eso no cambia nada!

—Tal vez —respondió Nin, con calma—. Pero lo que me preocupa no es el consejo, Win. Eres tú.

Él la encaró, sorprendido.

—¿Yo?

—Te estás destruyendo —dijo, simple—. Anoche, cuando abrí la puerta, no vi solo un beso. Te vi a ti rompiéndote.

Las palabras de ella calaron hondo. Win respiró pesado, intentando mantener la compostura.

—No siento nada por él —insistió, nervioso—. Fue rabia, solo eso.

Nin cruzó los brazos.

—Puedes repetir eso cuantas veces quieras, pero yo vi. Vi la forma en que no retrocediste. Vi cómo tus ojos ardían.

Win cerró los ojos, la rabia y la vergüenza mezcladas.

—No entiendes. Odio a Jay. Odio cada provocación, cada mirada.

—Y aun así, cediste —respondió Nin sin dudar—. Eso no es odio, Win. Es algo que no quieres admitir.

Él se volvió de espaldas, apoyando las manos en el parapeto del balcón. El corazón latía demasiado fuerte, como si fuera a rasgar las costillas.

—Preferiría morir a aceptar eso.

Nin suspiró, pero no había dureza en su voz.

—Entonces vas a morir en silencio. Pero no vas a borrar lo que sucedió.

Win permaneció inmóvil, mirando el jardín sin realmente verlo. El viento helado golpeaba su rostro, pero era el calor dentro del pecho lo que lo sofocaba.

—Me siento culpable —confesó, por fin, con voz baja, casi un susurro—. No por ti… sino porque no conseguí parar.

Nin lo observó con atención.

—Eres mi hermano. No quiero juzgarte. Solo quiero que seas honesto contigo mismo. Fingir no va a apagar lo que arde.

Él rió sin humor, un sonido amargo.

—¿Honestidad? Vivo en un mundo de mentiras. Y ahora… hasta yo soy una de ellas.

Nin se acercó, posando la mano en el hombro de él.

—No voy a contar nada a nadie. El consejo jamás lo sabrá por mí. Pero, Win… —hizo una pausa, encarándolo firme—… Jay no va a parar.

El corazón de él dio un vuelco. El recuerdo del beso volvió como un golpe: el sabor, la fuerza, la provocación. Win tragó saliva, la respiración acelerándose.

—Lo sé —murmuró, con voz débil—. Y eso es lo que me asusta.

Cuando Nin dejó el balcón, Win se quedó solo. El silencio volvió, pero no trajo paz. Apoyó las manos en el parapeto, mirando el cielo cargado.

No había cómo borrarlo. El beso no era más un accidente. Era una marca.

Y, por más que lo negara, Win sabía que la llama solo se haría más fuerte.

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