Mía Smith, es hija de dos agentes del FBI quedó huérfana tras la terrible muerte de sus padres y es entregada a su tío para que sea su albacea, pero este es un hombre sumamente ocupado y opta por mandarla a las mejores academias y allí ella pasa de todo, a los 19 años es regresada a su tío y este la hace parte de un equipo especial de la CIA, dónde tendrá que trabajar rodeada de hombres que piensan que ese no es ambiente para una mujer...
Mía ha pasado por tanto que unos niños creyéndose hombres no la van a hacer sentir mal.
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terca.
Mía.
Yo seguía corriendo, no paraba a descansar, no correría el riesgo a que alguien me viera y empezar de nuevo tenía sed, demasiada, estaba al borde del colapso, cualquier idiota diría; nadie puede aguantar algo así, pues, mírenme yo sigo aquí, en cualquier momento podría caer era lo que pensaba yo, pero no demostraba lo mal que me sentía.
— Millers, ya para, ve a acostarte.— la voz del capitán me había sacado de mis pensamientos.
— No sé qué hora es exactamente, pero sí sé que falta mucho para las ocho de la mañana.— le contesté al capitán mientras corría sin casi voz, ya que tenía la garganta totalmente seca.
—Por qué tienes que ser tan terca, te estoy diciendo que descanses.— dijo severo el capitán.
—¿Cuánto faltan, cuatro… cinco horas? Puedo hacerlo, no se verá bien que después que de una orden se retracte, así que terminaré.
—Eres demasiado obstinada.— dijo corriendo junto conmigo.
Las horas pasaron y los demás salieron, vi a varios con agua, manzanas, y cosas así, el ver eso me hacía desesperar, tenía hambre, a caso era una especie de tortura.
—Listo, son las ochocientas— dijo y yo paré, pero al hacerlo me tambaleé y el chico llamado Oliver me sostuvo.
Me quiso cargar y no dejé, solo me apoyé en él, todos los demás, me entregaron lo que tenían en sus manos, parecía un animalito salvaje comiéndose todo y tomando agua como loca.
—Ve a descansar, no puedes entrenar así.— Ordenó el capitán.
— Más tarde me dobla el entrenamiento si quiere— dije exhausta.
—Basta pequeña, por favor no te sigas extralimitando, eso te pasará factura.— dijo el chico llamado Ethan.
Oliver me iba a ayudar, pero el capitán les ordenó ir al campo de tiro, cuando estos se retiraron, él me llevó cargada a la habitación.
Casi no tenía fuerzas, volteé y no estaba, me levanté y quite mi ropa, como pude entré al baño y comencé a bañarme, estuve rato en la tina, casi me quedo dormida.
Salí del baño, envuelta en una toalla y me dejé caer en la cama, estaba completamente agotada, traté de colocarme ropa y me fue imposible.
— ¿Llamo a un doctor?, ni siquiera te puedes vestir sola.— la voz de aquel sujeto me sobresaltó.
— capitán que hace aquí.
—No me he ido en ningún momento, solo volteé para buscar en mi cómoda una pastilla para ti.— mis ojos se abrieron al escuchar eso y yo, paseándome desnuda, me hice la desentendida y negué con la cabeza.
— No es necesario capitán, solo descansaré y listo — dije y cerré mis ojos.
Desperté y estaba arropada, debajo de la sábana no estaba mi toalla, entré en pánico, busqué y la vi colgada en un perchero.
—Yo la guindé allí, ya que la tiraste dormida y te arropé— confesó y mi cara era un tomate, por Dios, dos veces me vio este hombre sin ropa.
—Lo siento capitán, no fue mi intención.—
—Lo sé cálmate, no fue como que me hubiese traumado lo que vi.— estaba muy avergonzada, mi lengua viperina se había quedado sin veneno para defenderme.
Me levanté con la sábana, tome la toalla y entré al baño, me volví a duchar y salí, busqué ropa y él ya no estaba, al vestirme, salí, no había nadie, eso me extrañó, me preparé algo y comí.
—Si buscas a los chicos, no están, fueron a despejar su mente.— dijo sentándose a la mesa.
—Y usted, no despeja su mente.— pregunté bebiendo un poco de jugo.
—Sí, pero alguien te debía cuidar.—dijo comiendo un sándwich.
—No necesito que me cuiden, nunca lo he necesitado y ahora no será la excepción.— Le digo muy seria mientras toda mi vida cruza ante mis ojos.
Luego de cenar me fui a acostar y caí rendida. Abrí mis ojos y estaba oscuro, vi a mi lado y allí se encontraba el capitán dormido en su cama, bajé ya lista y comencé a entrenar, los chicos se me unieron.
— ¿Qué, no puedes dormir hasta tu hora pequeña torbellino? Soy Adams, el Ethan, el James, el Kevin, el Williams, el Jasper, él es Jacob y él es Oliver.— dijo sonriendo.
—Hola muchachos, gracias por ser simpáticos, pensé que me odiarían por ser mujer.
—Odiarte, si estamos felices, eres la chispa del equipo, un poco rebelde y más loca, pero nos pones el toque — dijo Jacob riendo.
Nos pusimos a entrenar y llegó el capitán mientras luchaba cuerpo a cuerpo con Oliver, lo tumbé dos veces, pero este me acorraló montándose encima de mí.
—Lo hiciste bien pequeña, sigue esforzándote.— dijo y todo esto ocurría bajo la mirada del capitán.
Lo miré a los ojos y luego a sus labios, mordí mi labio inferior y aflojó el agarre, aproveché para girarlo y quedar encima de él con mi brazo en su cuello.
—Regla uno, no confíes en nadie y vivirás más.— dije y todos se rieron y me alabaron, me levanté y el capitán me miró con una mirada incierta, no sabía lo que quería decir esa mirada.
—Basta de juegos, a entrenar.— dijo y entrenamos a morir, luego fue práctica de tiro, de cuchillos y de rifle.
—La que más me gustó fue la de rifle, me monté en una base alta y le pegué a todos mis objetivos.— cada día era más experta, más decidida, más fuerte y precisa, pronto vendría mi primera misión, la anhelaba con ansias.