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Antiguo Amor

Antiguo Amor

Status: Terminada
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Amor-odio / Completas
Popularitas:5.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

🚩🔞⚠️Tras cinco años de injusto exilio en las heladas estepas del norte, el implacable General Yan Jincheng regresa a la capital con un solo objetivo: vengarse de la dinastía Li. Para salvar a su familia biológica de la ejecución pública, el Segundo Príncipe, Li Xiaowei, acepta un destino humillante: convertirse en el consorte cautivo de su antiguo amor.
En un palacio militar donde el rencor y los secretos dictan las reglas, Xiaowei soportará el dolor de la servidumbre y la crudeza del cautiverio en un silencio frío. Sin embargo, lo que el general ignora es que el príncipe sacrificó su propia reputación para mantenerlo con vida.
¿Podrá el remordimiento de Jincheng sanar un cuerpo y un alma destrozados cuando la verdad salga a la luz en medio de un imperio en cenizas? Una historia BL oscura de traición, redención y amor incondicional.
HAY SUFRIMIENTO. SI NO ESTÁN LISTOS, NO LO LEAN.⚠️🔞🚩

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Beso

El carruaje regresó a los muros de piedra blanca de la capital bajo el manto de una noche estrellada y serena. El viaje secreto hacia la frontera helada había dejado una marca profunda, pero esta vez no era una cicatriz de dolor, sino el inicio de una tregua silenciosa entre la carne herida y el espíritu que buscaba la redención. Al cruzar el umbral del Palacio de la Primavera Eterna, el olor a hierro y a humo que antes asfixiaba los pasillos exteriores pareció haberse disipado por completo, reemplazado por la suave fragancia de los jazmines nocturnos que florecían en los patios periféricos.

Los días posteriores al viaje trajeron consigo una nueva dinámica, una atmósfera que transformó los aposentos imperiales. Yan Jincheng cumplió su palabra con una disciplina militar inquebrantable. El general ya no se imponía como una sombra asfixiante ni utilizaba su presencia dominante para acorralar las decisiones del soberano. Se mantuvo a la distancia exacta de los cuatro pasos, vigilando la seguridad de Li Xiaowei desde los umbrales de las puertas, permitiendo que el joven monarca respirara sin el peso constante de la sospecha. Cuando el viejo médico militar acudía para revisar la cadera derecha del príncipe, Jincheng esperaba en el corredor exterior, de pie bajo el frío del pasillo, asumiendo su exilio físico como la única ofrenda posible para calmar el sistema nervioso de su esposo.

Esta distancia voluntaria actuó como un bálsamo milagroso sobre la anatomía delgada de Xiaowei. Al notar que las manos del general ya no se extendían de forma brusca para reclamar su piel, y que la amabilidad ya no ocultaba una trampa, el pánico comenzó a retirarse de forma paulatina. Los temblores incontrolables que sacudían sus hombros cesaron; sus pupilas recuperaron su tamaño normal cuando Jincheng entraba a la alcoba, y el miedo instintivo a regresar a los maltratos se transformó en una melancolía pacífica. Xiaowei volvía a adueñarse de su propio cuerpo. Salió de la cama por su propio pie, y aunque una rigidez sutil aparecía en su cadera tras las largas horas en el salón del consejo, su andar recuperó la elegancia aristocrática y severa que le pertenecía por derecho de sangre.

En la medianoche de la segunda semana tras el regreso, el palacio imperial quedó sumergido en silencio. Los ministros dormían en sus residencias periféricas, y las tropas custodiaban las murallas exteriores, dejando el jardín interior del palacio como un santuario desierto.

Xiaowei no podía dormir. El peso de la corona de espinas y la inmensidad de los deberes del imperio le abrumaban el pecho. Se vistió con una túnica sencilla de seda celeste inmaculada, un atuendo que flotaba a su alrededor como el agua de un manantial, y caminó despacio hacia el jardín privado del dragón. Avanzaba sin el peso de las telas doradas; el balanceo de su ropa disimulaba la sutil cojera ante la penumbra de las linternas de papel que colgaban de los sauces llorones.

Al llegar al estanque de lotos, el joven se detuvo, apoyando sus manos sobre la barandilla de piedra tallada. El agua reflejaba la luz plateada de la luna llena, y el aire fresco de la noche limpiaba sus pulmones de la asfixia del protocolo.

Un crujido suave en la grava del sendero interrumpió su soledad.

Xiaowei no se tensó, ni buscó el acero de la guardia. Sabía perfectamente quién se aproximaba. Yan Jincheng avanzaba desde las sombras del corredor de laca roja. El general vestía una túnica interior oscura y sencilla, desprovisto de su capa militar negra y de su espada. Su rostro, marcado por la cicatriz, no reflejaba la furia salvaje del patio de armas, sino una tristeza dócil y una devoción que conmovió el corazón del monarca.

Jincheng se detuvo, manteniendo la cabeza baja en una señal de sumisión voluntaria.

—Majestad —susurró el general, y su voz dominante se convirtió en un soplido ronco en la inmensidad del jardín—. No era mi intención interrumpir su descanso. Los guardias del perímetro informaron de su salida y... solo quería asegurarme de que el aire de la noche no afectara la recuperación de su cadera. Me retiraré de inmediato si mi presencia le causa desconfianza.

Xiaowei miró la silueta del hombre que se humillaba en el sendero. Vio las manos de Jincheng, limpias y quietas a los costados de su cuerpo, cumpliendo la promesa de no forzar su lecho ni exigir su sumisión. El dique de contención del orgullo de jade del Emperador se desmoronó por completo ante la pureza de esa constancia. Comprendió que el monstruo del norte había muerto en la nieve de la frontera, y que el joven teniente que le prometía un futuro de amor en el jardín de las promesas muertas había regresado finalmente a reclamar su lugar.

El trauma y la carnicería interna cedieron ante la certeza de que ya no estaba en peligro.

—No te retires, Jincheng —dijo Xiaowei. Su voz suave no tenía la melodía fría de la alcoba; era un hilo de agua tibia que recorrió la penumbra del jardín, cargada de una ternura antigua que el general creía perdida para siempre.

Jincheng levantó el rostro de golpe, con los ojos enrojecidos brillando con una chispa de esperanza desesperada.

Xiaowei dio un paso al frente de forma voluntaria. Redujo la distancia que los separaba, arrastrando sutilmente su pierna derecha sobre la grava del sendero, transformando su paso quebrado en una marcha deliberada hacia el reencuentro de sus almas. Dio el segundo paso, y luego el tercero, hasta detenerse a escasos centímetros del pecho firme del general. El aroma terroso del aceite de loto salvaje y el olor a cuero de Jincheng inundaron los sentidos del príncipe, pero esta vez no desataron el pánico, sino una nostalgia abrasadora.

El príncipe levantó sus manos con extrema lentitud y, desafiando el miedo que su cuerpo había guardado, colocó las palmas sobre los hombros del general. El contacto fue cálido. Jincheng contuvo la respiración, paralizado por el terror de cometer un movimiento en falso que rompiera el encanto, con los ojos empañados por las lágrimas mientras sentía la delgadez del cuerpo de su esposo tan cerca del suyo.

—En el cuartel militar, me dijiste que me harías aprender lo que significa pagar una deuda con el diablo —susurró Xiaowei, mirando fijamente a los ojos de Jincheng, con una lágrima solitaria rodando por su mejilla pálida—. Pero la única deuda que nos queda es la promesa que dejamos rota bajo los sauces de nuestra juventud. No quiero más castigos. No quiero más muros de piedra entre nosotros.

Xiaowei inclinó el rostro hacia el frente. Con una entrega voluntaria y un anhelo que había sobrevivido a los golpes, al desgarro interno y a la humillación, buscó los labios del general.

El contacto de sus bocas fue el inicio de su verdadera unión. No fue una agresión, ni una muestra de poder. Fue el primer beso verdadero de toda su vida: un roce suave, limpio y sumamente delicado que devolvió la pureza a los aposentos imperiales. Jincheng entreabrió los labios con una reverencia sagrada, saboreando la calidez de la boca de Xiaowei sin morder, sin presionar, permitiendo que el joven dictara el ritmo y la profundidad del encuentro. Las lágrimas de ambos se mezclaron en la penumbra, diluyendo el sabor metálico del pasado y sellando un pacto que no estaba escrito en pergaminos, sino en la piel y las almas que comenzaban a sanar.

Jincheng extendió sus brazos despacio y, con el permiso implícito del suspiro del joven, rodeó la cintura de Xiaowei, estrechándolo contra su pecho con una suavidad que parecía adorar cada una de las marcas que ya se desvanecían bajo la túnica celeste. El joven apoyó la cabeza contra el hombro del general, cerrando los ojos, sintiendo por primera vez en cinco largos años de sufrimiento acumulado que el palacio de la primavera eterna hacía honor a su nombre.

La desconfianza eterna no desapareció de golpe, pero en el silencio del jardín de jade, las cenizas de la venganza fueron sopladas por el viento del invierno, dejando al descubierto los cimientos de un amor corrompido por la tragedia, pero purificado por la paciencia de un esposo que había aprendido a sostener la corona del monarca desde la distancia, y el corazón de un Emperador que finalmente encontraba la paz en las manos que una vez causaron su tormento.

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Idalmis Piña
esperemos que mejores después de esos masajes tu salud del cuerpo, la espiritual está muy lastimada .
Skay P.: ¡Claro que sí, amor!🤭
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Idalmis Piña
el perdón que anhelas, nunca llegará general .
Idalmis Piña
en realidad es muy difícil perdonarlo .
Idalmis Piña
comandante como reparar tanto sufrimiento .?
Idalmis Piña
al fin su corazón se hablando comandante, pero el corazón y el cuerpo del principe están muy lastimados .
Idalmis Piña
La culpa se hará cargo de ti .
Idalmis Piña
veremos, general
Adeb Acuña
me encantó /Sob/
Adeb Acuña
me encantó
Skay P.: ¡Gracias mi Chickis! Revisa el perfil para más historias 😘😘
total 1 replies
pryz
Nada que decir más que excelente
pryz: Te lo mereces belleza
total 2 replies
pryz
Me encanto, aunque le hizo daño jamás lo traicionó y apesar de todo lo amaba, ninguna queja
Skay P.: ¡Gracias, mi Chickis!💋
total 1 replies
pryz
Oye pero si ya tiene su marido, que emperatriz de la onde, ministros babosos
pryz
Sufre, te lo mereces por no investigar antes de dañar😈
pryz
En tu cara perra, te lo mereces por tatar mal al niño
Skay P.: ¡Uuf! 🤭
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pryz
Espero con ancias que te pudras en el dolor y sin derecho a perdón 😈 😊
pryz
Desgraciado ahora si preguntas pero rapidito le creiste a la bruja
pryz
Solo deseo que esa bestia bruta no quede con mi niño
pryz
Pobre de mi niño, mal nacido general me caes mal ojalá se te caiga el pitó
pryz
Este general me cae mal
pryz
Empieza pisando duro /Angry/
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