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Quiero Ser Tuyo

Quiero Ser Tuyo

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Aventura
Popularitas:819
Nilai: 5
nombre de autor: Margalo

Si siempre estás en busca de un giro inesperado este es el lugar equivocado... o tal ves no ... ups, ya dije demasiado.

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capítulo 20

La habitación en la que se encontraba Neithan estaba completamente en silencio, solo roto por el sonido de su propia respiración pesada y agitada reproduciendo el mismo ruido una y otra vez.

Neithan caminaba de un lado a otro, con los brazos sumamente duros y cruzados,al mismo tiempo que la mente llena de imágenes que le quemaban por dentro. No podía dejar de pensar en ella, en cómo había estado con Daniel, porque si efectivamente, los balbuceos producidos por ella durante su encuentro le habían confirmado las sospechas que llegó a tener desde un principio y que le recordaban en cierta medida el pasado del inicio de su relación.

Se puso a pensar en todo lo que habían compartido, en las horas que pasaron juntos hablando, riéndose, entregándose. Sabía cada detalle, y cada uno era como una puñalada directa al pecho y al corazón perforando le algo que internamente seguía dañado hasta ahora. Los celos le corrían por la sangre, ardientes, dolorosos, mezclados con esa amargura que habían acumulado entre ellos durante meses: el hastío, las peleas, la indiferencia, las palabras que se habían dicho para hacerse daño.

Se sentía herido, traicionado, pero al mismo tiempo, en medio de todo ese caos, había algo que no podía negar: la extrañaba. La extrañaba tal como era, la extrañaba cuando todo era nuevo, cuando lo prohibido era emoción y no veneno, cuando ella era lo más importante en su mundo, aunque después se hubieran perdido el uno en el otro.

Se detuvo frente a la ventana, mirando la oscuridad de la noche, y dejó que todo lo que sentía saliera de golpe.

—¿Por qué? —susurró, con la voz rota—. ¿Por qué me duele tanto? ¿Por qué no puedo odiarte de verdad, aunque lo intente?

Cerró los ojos, y en su mente se mezclaban todos los detalles que llegó a armar como un rompecabezas por las mismas palabras de la misma boca de ella,: ella saliendo de la estética, tan guapa y arreglada; ella llegando a casa perdida y borracha, buscando su calor; las horas en que se habían tratado con desprecio, y los momentos en que, aunque fuera a escondidas, se habían pertenecido. Y en medio de todo eso, la figura de Daniel aparecía una y otra vez, provocando esa rabia, esa envidia de saber que otro había tenido lo que él tenía, lo que él había dejado de valorar hasta que estuvo a punto de perderlo para siempre si es que decidía no hacer nada la noche en la que fueron interrumpidos por un cierto ruido de la manija de la puerta de la habitación.

Pero entonces, poco a poco, la amargura que había llevado en el pecho durante tanto tiempo empezó a desvanecerse. Se dio cuenta de que todo ese rencor, todo ese aburrimiento, todo ese rechazo que sentían el uno por el otro al final, no era porque ya no hubiera nada, sino porque habían confundido el deseo con el amor, y la costumbre con la compañía. Habían dejado que la relación se volviera fría, que la rutina se comiera todo lo bonito, que lo prohibido fuera lo único que los unía, y cuando eso se acabó, creyeron que también se había acabado lo demás. Pero no era así.

Entendió entonces que lo que sentía no era solo atracción ni costumbre. Entendió que, aunque hubo errores, aunque hubo distancia, aunque ella hubiera estado con otro, ella era el amor de su vida. Esa fue la revelación que le golpeó el alma con fuerza, limpiando todo lo malo. No importaba lo que había pasado con Daniel; eso había sido un aviso, una señal de que si él no hacía algo, la perdería para siempre. Los celos ya no eran rabia hacia ella ni hacia él, sino el miedo profundo a vivir sin ella.

—Tal vez me apresure a decirlo, o incluso al contrario, quizás m estoy tardando en darme cuenta pero...me equivoqué —se dijo a sí mismo, sintiendo cómo los ojos se le llenaban de lágrimas, pero ya no de dolor, sino de conciencia—. Me equivoqué al dejar que nos convirtiéramos en esto. Me equivoqué al tratarte mal, al aburrirme, al no cuidarte como te merecías. Pero ahora lo veo claro: tú eres todo lo que quiero. Tú eres lo que siempre he amado, aunque me haya tardado tanto en entenderlo de verdad, y más que nada las señales de la vida me decían claramente que la respuesta a mi sola existencia te pertenecía, tal vez no con la frecuencia de algo más pero si como lo estoy haciendo ahora.

Decidió entonces algo muy importante y que de manera definitiva trataria de hacer a toda costa, dejar atrás todo lo que les había hecho daño. Olvidar las ofensas, olvidar el aburrimiento, olvidar la amargura que los había separado. Ya no quería esa relación llena de sombras y rencor. Quería algo auténtico, real, limpio. Quería amarla de verdad, con todo lo que eso significaba: respeto, cariño, atención, entrega. Quería conquistarla de nuevo, desde cero, como si fuera la primera vez, pero ahora con un amor maduro, sincero, que no dependiera de secretos ni de adrenalina, sino de lo que sentía su corazón, algo parecido a lo que hacía antes de que iniciará su aventura, solo que está vez, con todos los sentimientos y conocimientos que implican el gozo de una mujer como ella.

Salió de la habitación con paso firme, con una determinación que hacía mucho no tenía. Sabía que no sería fácil, sabía que había mucho que sanar, que ella tenía sus propios sentimientos, sus propios errores y sus propias dudas. Pero estaba dispuesto a todo. Haría cualquier cosa para ganarse su confianza, para que volviera a brillar por él, para que entendiera que él había cambiado, que él la amaba con toda su alma, y que ella, sin duda alguna, era y siempre sería el amor de su vida.

Llegó hasta donde ella estaba, descansando todavía por los efectos de la noche anterior, y se sentó despacio a su lado. Le acarició el pelo con una ternura que hacía tiempo no usaba, y le habló bajito, como si le hiciera una promesa eterna:

—Voy a hacer que te enamores de mí otra vez. Voy a darte el amor que te mereces, uno de verdad, sin secretos, sin aburrimiento, sin nada malo. Porque tú eres para mí, y yo voy a luchar por ti hasta el final, así me cueste lo que me cueste, y no te preocupes, ahora sí sabré como un hombre en todos los sentidos tienes que estar con una mujer en todos los sentidos igualmente.

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