Reencarné como la hija del Señor Demonio… justo antes de la guerra.
Pero yo no vine a luchar.
Vine a cambiarlo todo.
Si los demonios necesitan recursos
y los humanos necesitan magia…
¿por qué no convertir el conflicto en negocio?
Funcionó.
Hasta que mi ambición empezó a ir demasiado lejos…
y lo que intenté construir
comenzó a dañar a quienes quería proteger.
Ahora, mi mejor cliente es el príncipe humano…
y mi padre está listo para destruirlo todo. 😈
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Capítulo 20: El Tablero Completo
Cuando un juego estratégico comienza…
la mayoría observa solo las piezas visibles.
Los productos.
Las caravanas.
Las fábricas.
Pero los verdaderos jugadores…
saben que el tablero siempre es más grande.
Mucho más grande.
El amanecer caía sobre el Imperio Noctheris.
Nyxara caminaba lentamente por el balcón del castillo, el viento moviendo suavemente su cabello oscuro mientras observaba el territorio que se extendía ante ella.
Caravanas entrando.
Caravanas saliendo.
Rutas iluminadas por cristales que no existían hace un año.
Todo funcionando.
Todo creciendo.
Todo… bajo su control.
Pero su mirada no estaba en el comercio.
Estaba más allá.
En la frontera.
(Lysander se movió…)
Y eso lo cambiaba todo.
Aurora Lux ya no era solo una empresa rival.
Ahora tenía respaldo político.
Y eso significaba una cosa:
Esto dejó de ser un juego comercial.
Ahora… era poder.
Nyxara sonrió levemente.
—Entonces… veamos hasta dónde eres capaz de llegar, príncipe.
—¿Probándolos otra vez?
La voz grave de su padre la alcanzó desde atrás.
Malakar Noctheris se acercó al balcón, su presencia imponiendo silencio incluso al viento.
—No los pruebo —respondió Nyxara sin girarse—. Los empujo.
Malakar observó las rutas.
—El príncipe humano reorganiza gremios.
—Sí.
—Eso fortalece a Aurora Lux.
—Sí.
Silencio.
Luego—
—Entonces esto será una guerra real.
Nyxara giró apenas el rostro.
Sus ojos brillaban.
—Eso espero.
Malakar la observó con atención.
—¿No te preocupa perder?
Nyxara lo miró directamente.
Y por un segundo…
solo por un segundo…
algo más profundo cruzó su mirada.
—No me preocupa perder.
Pausa.
—Me preocupa aburrirme.
Malakar soltó una risa baja.
—Eres peligrosa.
—Lo aprendí de ti.
Mientras tanto…
El reino humano hervía.
El salón del consejo estaba lleno.
Pero esta vez nadie gritaba.
Porque Lysander Vaelor estaba presente.
Y cuando él hablaba…
todos escuchaban.
—El comercio con Noctheris ha aumentado un cuarenta por ciento.
Silencio.
—Eso es el problema —gruñó un noble.
—No —respondió Lysander—. Ese es el síntoma.
Se acercó al mapa.
Marcó ciudades.
—Sus cristales iluminan nuestras calles.
—Mejoran nuestras cosechas.
—Reducen enfermedades.
Cada palabra era un golpe.
—No están vendiendo productos.
Se giró.
—Están creando dependencia.
El aire se volvió pesado.
—Entonces Aurora Lux debe competir —dijo otro noble.
—Sí.
—¿Cómo?
Lysander sonrió levemente.
Pero no era una sonrisa tranquila.
Era peligrosa.
—Destruyendo su red…
Pausa.
—O creando una mejor.
En Noctheris…
Nyxara sostenía el nuevo cristal de comunicación.
La energía vibraba en su mano.
—¿Alcance?
—El doble.
—¿Interferencias?
—Casi nulas.
Perfecto.
Otro investigador habló—
—Los cultivos reaccionan mejor si combinamos purificación y energía demoníaca.
Nyxara levantó la mirada lentamente.
Una chispa de interés real apareció.
—¿Sincronización?
—Sí… como una red.
Ahí estaba.
Eso era.
No productos.
No ventas.
Un ecosistema.
Una estructura imposible de romper sin colapsar todo.
Nyxara sonrió.
(Y ahora será imposible alcanzarnos…)
Esa tarde…
Lysander volvió.
Y esta vez…
no venía como visitante.
Venía como rival.
—Princesa.
—Príncipe.
El aire entre ellos era distinto.
Más tenso.
Más… cargado.
Lysander observó el mapa.
—Tu sistema crece demasiado rápido.
—¿Eso te preocupa?
—Me obliga.
Nyxara ladeó la cabeza.
—¿A qué?
Lysander la miró directo a los ojos.
—A dejar de jugar limpio.
Silencio.
Pero no incómodo.
Peligroso.
Nyxara dio un paso hacia él.
—Por fin.
—¿Por fin?
—Estaba empezando a pensar que eras aburrido.
Lysander rió bajo.
—Seraphine tenía razón.
—¿Sobre qué?
—Eres un problema.
Nyxara sonrió.
—No.
Se inclinó apenas hacia él.
—Soy una consecuencia.
Pausa.
—Dime, príncipe…
Su voz bajó.
—¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar?
Lysander no retrocedió.
—Hasta que tu sistema deje de existir.
Silencio.
Nyxara lo observó.
Largo.
Profundo.
Y luego…
sonrió.
—Entonces por fin estamos jugando el mismo juego.
Esa noche…
Nyxara volvió al balcón.
Pero esta vez…
no estaba tranquila.
Las caravanas seguían moviéndose.
Las luces seguían brillando.
Todo seguía funcionando.
Pero ahora…
había una variable nueva.
Lysander.
(Y si él rompe una parte del sistema…)
(Y si encuentra un punto débil…)
Nyxara cerró los ojos un segundo.
Y cuando los abrió…
ya no había duda.
Solo decisión.
—Entonces no dejaré ninguno.
El viento sopló con fuerza.
Y en la distancia…
una de las rutas comerciales parpadeó.
Una sola.
Casi imperceptible.
Pero Nyxara lo vio.
Y su sonrisa desapareció.
Porque alguien…
ya había hecho el primer movimiento.
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