Me desperté aturdida en un lugar desconocído y después de una serie de acontecimientos me di cuenta que habia reencarnado en una novela, pero mi personaje no existia
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capitulo 20
El eco del beso aún vibraba en el salón cuando las puertas volvieron a abrirse.
Esta vez no fue elegante.
Fue contundente.
Botas militares golpearon el mármol al unísono.
Los generales que habían jurado lealtad en secreto a Aurelian entraron acompañados de soldados armados. Algunos guardias reales reaccionaron de inmediato, formando un escudo frente al rey, la reina y el príncipe.
Pero no todos.
Muchos dudaron.
Algunos retrocedieron.
Otros, directamente, bajaron sus armas.
—¿Qué significa esto? —rugió el rey, levantándose de su trono.
Uno de los generales dio un paso al frente.
—Significa que el reino ha abierto los ojos.
El salón estalló en murmullos.
—¡Traición! —escupió el príncipe.
—No —replicó otro general con voz firme—. Justicia.
Los soldados comenzaron a rodear estratégicamente a los nobles más cercanos al trono.
—Se les acusa de secuestro —continuó el primero—. Del hijo menor de los duques Mateo Draconis.
Un murmullo más fuerte recorrió la sala.
Mateo apretó los puños.
—Se les acusa de secuestro y ocultamiento de identidad de la princesa Amara de Eryndor.
Los reyes de Eryndor se enfurecieron de sólo récordar.
—Se les acusa de desfalcos al tesoro real, de pactos ilegales con comerciantes extranjeros, de trata de personas en las fronteras del norte, y de encarcelar a nobles que se opusieron a sus abusos.
Cada acusación caía como una piedra lanzada al centro del salón.
Algunos nobles comenzaron a retroceder.
Otros intentaron escapar.
Pero los soldados ya los estaban rodeando.
—¡Mentiras! —gritó la reina.
—¿Mentira fue vender aldeanos como pago de deudas? —replicó un general—. ¿Mentira fue encarcelar a quienes denunciaron sus actos?
Uno por uno, los nobles aliados al rey fueron desarmados y detenidos.
El príncipe dio un paso atrás.
Por primera vez…
tenía miedo.
Mateo, sin embargo, no miraba a los reyes.
Miraba a Aurelian.
Y estaba furioso.
—¡¿Ahora?! —susurró con rabia contenida—. ¡¿Tenía que ser ahora?!
Aurelian sostuvo su mirada, aún con Amara entre sus brazos.
—Era el único momento en que no podrían ocultarlo —respondió con frialdad.
—¡Por qué no nos avisaste! —replicó Mateo, señalando a los reyes de Eryndor—. ¡Ellos querían ayudar con una escena!
Los reyes, efectivamente, no esperaban que no los tuvieran en cuenta para la escena de esa noche.
Habían venido a negociar.
La pelea pero no los incluyeron.
El rey anfitrión intentó recuperar autoridad.
—¡Guardias, arresten a ese hombre!
Pero la orden se perdió en el vacío.
La mayoría de los soldados no se movió.
Porque ahora sabían.
Porque ahora las pruebas estaban sobre la mesa.
Porque el miedo había cambiado de bando.
En medio del caos, la reina de Eryndor avanzó hacia Aurelian.
Sus ojos verdes ardían.
—Sueltala.
No fue una súplica.
Fue una orden.
Aurelian no se movió.
El rey de Eryndor habló con voz grave:
—En nuestro reino, el rostro de una princesa es sagrado. Solo su prometido puede verlo. Es una ley ancestral. Íntima. Privada.
El silencio volvió a extenderse.
—Has levantado su velo frente a todos.
La acusación no era política.
Era cultural.
Era profunda.
Mateo miró a Amara con preocupación.
—Eso no fue parte del plan —murmuró, dolido.
Aurelian bajó lentamente la mirada hacia ella.
Por primera vez desde que entró…
pareció dudar.
No por miedo al rey.
No por la guerra.
Sino por ella.
Porque en su impulso por protegerla…
había cruzado una línea que para los padres de Amará era sagrada.
El salón entero observaba.
Esperando.
La guerra política ya había comenzado.
Pero ahora…
lo que estaba en juego era algo más personal.
Más profundo.
Más íntimo.
Y el silencio de Amara pesaba más que todas las espadas desenvainadas.
pensó que podría pero ya demostró Aurelian su potencial y que Amara no es una muñeca de decoración allá gobernará como igual a Aurelian no será una muñeca de adorno