Renace en un mundo mágico para cobrar venganza.
* Novela parte de un gran mundo mágico *
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Oliver
Al día siguiente, Cora se levantó de excelente humor.
El recuerdo de los gritos de Wilma, de su rostro desencajado y su humillación pública, aún le provocaba una sonrisa satisfecha frente al espejo mientras se arreglaba. Se permitió ese pequeño placer sin culpa alguna.
—Buen día —murmuró para sí misma, acomodándose el vestido.
Se preparó con cuidado, eligió colores sobrios pero elegantes, y por supuesto no se quitó el brazalete rosado. Era parte del mensaje. Parte del juego.
Cuando llegó al ducado Evenson, entró con paso seguro, como si ya perteneciera a ese lugar. Esperaba encontrar a Jason… pero no fue así.
En su lugar, estaba Oliver.
Él se encontraba revisando unos documentos cerca del escritorio cuando levantó la vista y la vio entrar. Sus ojos se iluminaron de inmediato y una sonrisa franca apareció en su rostro.
—Buenos días —dijo—. ¿Puedo saber a qué debo el honor?
Cora alzó ligeramente el mentón.
—Vengo a trabajar —respondió con naturalidad.
Oliver arqueó una ceja, sorprendido solo un segundo. Luego asintió, como si una pieza invisible hubiese encajado.
—Ya veo…
La observó caminar hasta el escritorio y, sin pedírselo, tomar algunos documentos. Cuando ella los hojeó con rapidez, señalando cifras y murmurando para sí, Oliver recordó de inmediato cómo días antes había entendido contratos y registros que a otros les costaban horas.
[que bien que tendremos mas ayuda con los documentos]
Pero entonces sus ojos descendieron a la muñeca de Cora.
El brazalete rosado era inconfundible. Fino. Costoso. De un gusto preciso. No era una joya que Jason regalara a cualquiera.
Oliver sonrió con una mezcla de sorpresa y diversión.
—Ese brazalete es… bastante lujoso para una simple asistente —comentó con ligereza.
Cora alzó la muñeca, mirándolo con orgullo.
—¿Te gusta?
Oliver soltó una pequeña risa.
—Déjame adivinar —dijo—. No solo vienes a trabajar… también eres la novia de Jason.
Cora no dudó ni un segundo.
—Sí —respondió, feliz, con una sonrisa abierta—. Lo soy.
Oliver la observó con atención, evaluándola, conectando cada gesto, cada escena del día anterior, cada rumor que había oído.
Finalmente asintió, divertido.
—Ahora todo tiene sentido.
Oliver, naturalmente curioso, no pudo contenerse.
Mientras Cora revisaba documentos y hacía anotaciones con seguridad, él comenzó a lanzar preguntas con aparente ligereza, como quien no quiere parecer demasiado interesado.
—Y dime… ¿cómo ocurrió todo esto? ¿Dónde se conocieron? ¿Por qué tú?
Cora levantó la vista apenas un segundo.
—El destino —respondió, sonriendo.
Oliver frunció el ceño, divertido.
—Eso no es una respuesta.
—Claro que lo es —replicó ella, inclinando la cabeza—. Solo que no es satisfactoria.
Intentó otra vez.
—¿Fue amor a primera vista?
—Tal vez.. soy adorable
Oliver soltó una risa.
—Eres imposible.
Cora se encogió de hombros, aún sonriendo.
—Si tienes tanto interés —añadió con tono travieso—, pregúntale a mi novio.
La palabra novio salió de sus labios con una naturalidad deliciosa.
Oliver no pudo evitarlo: soltó una carcajada, larga y sonora.
—Vaya —dijo entre risas—. Jamás pensé que escucharía eso referido a Jason Evenson.
La risa aún flotaba en el aire cuando la puerta del despacho se abrió.
Jason entró.
Se detuvo apenas un segundo al ver la escena: Oliver inclinado hacia el escritorio, riendo; Cora de pie frente a él, con esa sonrisa despreocupada que parecía provocarlo todo; la complicidad evidente entre ambos.
La expresión de Jason se endureció.
—Buenos días —dijo, con voz grave.
Oliver se giró de inmediato.
—¡Jason! Justo hablábamos de ti.
Jason no respondió enseguida. Sus ojos se posaron en Cora… luego en Oliver… y volvieron a ella. No dijo nada, pero la tensión era palpable.
A Jason no le pareció en absoluto que ellos estuvieran hablando solos.
Mucho menos entre risas.
Cora no estaba segura de cómo debía comportarse frente a Oliver. No sabía hasta dónde llegaba la confianza entre él y Jason, ni cuánto debía fingir y cuánto podía permitirse ser ella misma.
Pero, por si acaso, decidió actuar.
Alzó la voz con dulzura ensayada y, sin perder la sonrisa, dijo:
—Buenos días, cariño. ¿Dónde puedo trabajar hoy?
Jason seguía molesto. La escena anterior.. las risas, la cercanía, la complicidad.. aún le pesaba. No respondió de inmediato. Su silencio fue más elocuente que cualquier reproche.
Antes de que la tensión se volviera incómoda, Oliver intervino con total naturalidad:
—Oh, no te sorprendas —dijo con una media sonrisa—. A Jason nunca le ha gustado compartir su oficina. Es territorial. Pero si quieres, puedes trabajar en la mía.
Jason lo fulminó con la mirada. Una de esas miradas que advertían peligro.
—¿Qué estás diciendo? —gruñó.
Oliver alzó las manos en señal de rendición.
—Tranquilo, tranquilo. Solo digo que podemos ser amigos. Yo soy tu mejor amigo.. ¿por qué no podría ser amigo de tu novia?
El ambiente se tensó aún más.
Cora captó de inmediato la expresión letal de Jason. Ese brillo oscuro en sus ojos no dejaba lugar a dudas. Y, divertida por la situación, decidió avivar el fuego.
Se llevó una mano al pecho, fingiendo resignación, y dijo con voz dulce pero exagerada:
—No puedo tener amigos… mi novio no me deja.
Jason, lejos de contradecirla, asintió con total seriedad.
Oliver abrió los ojos, incrédulo.
—¿Qué? No te dejes mandar, Cora. Eso nunca termina bien.
Ella sonrió, bajando la mirada como si fuera una joven dócil… aunque en el fondo disfrutaba cada segundo de la incomodidad que había sembrado.
—Trabajarás aquí. En esta oficina —dijo Jason, con voz firme, señalando el escritorio junto al suyo.
Cora no discutió. No hizo preguntas. Simplemente obedeció… o al menos eso pareció. Caminó con calma hasta la silla indicada y se sentó a su lado con absoluta tranquilidad, como si aquel lugar le perteneciera desde siempre. Cruzó las manos sobre el escritorio y alzó la vista hacia los documentos, perfectamente cómoda.
Oliver, en cambio, no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente.
—De verdad, Cora, no deberías dejar que te mande así. Los hombres autoritarios son un problema, créeme.
Jason levantó la vista, visiblemente irritado.
—¿No tienes nada mejor que hacer? —le espetó, seco.
Antes de que Oliver pudiera responder, Cora sonrió. Una sonrisa suave, inocente… peligrosamente calculada.
—Es que mi novio quería estar a solas
Oliver soltó una carcajada inmediata.
—Vamos, Jason no diría eso ¿O sí?
Miró a su amigo, esperando la negación, la broma, el desmentido.
Pero Jason no dijo nada.
No la negó.
No se defendió.
No corrigió la situación.
Simplemente se quedó en silencio, con el rostro serio, como si la afirmación de Cora fuera un hecho incuestionable.
La risa de Oliver se apagó lentamente.
—…Espera —murmuró.
Miró a Cora. Luego a Jason. Luego de nuevo a Cora.
—Ustedes… —empezó, pero no terminó la frase.
Sacudió la cabeza, todavía sonriendo, aunque ahora con desconcierto.
—Definitivamente me perdí de algo importante.
Y sin añadir nada más, se dio media vuelta y salió de la oficina, confundido, murmurando para sí mismo.
Cora lo siguió con la mirada hasta que la puerta se cerró.
Entonces, sin borrar la sonrisa, apoyó ligeramente el codo en el escritorio.
El silencio entre ella y Jason se volvió espeso.
Y peligrosamente íntimo.
que no pierde tiempo para recordarte directa e indirectamente tus errores pasados!, detesto ese/Smug/ Callalos Jason
ya está muerto y no se ha dado cuenta mi amigo, con esas palabras que le dijo a Jason, creó su propia tumba😡