Sara queda huérfana luego de perder a sus padres en un accidente, pero aun así ella sigue viviendo con optimismo y tenacidad, convirtiéndose en una hermosa chica. Sin embargo, su vida cambia por completo cuando conoce a ese hombre. Él es un mafioso homicida, el cruel emperador que ronda por las oscuras calles. La belleza de Sara lo deja hechizado, codiciando todo de esta hermosa joven.
-La mayoría de las mujeres, dicen que el sexo masculino, siempre muere primero por hacer cosas estúpidas…. Ella da dos pasos hacia atrás y me mira confundida.
-Me pregunto que hace una chica… que al parecer es bastante llamativa ante los ojos de cualquier hombre, cruzando un parque a media noche…. Si quieres que abusen de ti dímelo, yo estaría encantado…
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CAPITULO 20
Dominic.
El líquido que caía en mi rostro, logró disuadir el fuerte temperamento que me acompañaba en el momento, levante la mirada y en el espejo se reflejaba un rostro desencajado y ojeroso proveniente de muchas noches sin dormir. Eleve la mirada hacia mi antebrazo e identifique un líquido carmesí escurriendo por toda la manga de la camisa. Rápidamente seque mi rostro tome el botiquín de primeros auxilios y Salí dirigiéndome al asiento donde se encontraba Sara vuelta un ovillo y, su mirada estaba perdida en la pequeña ventana.
La voz de la azafata se escuchó por todos los altavoces, recomendando abrochar los cinturones de seguridad, ya se iba dar inicio al despegue, pero al parecer alguien no escuchó porque se encontraba en otro mundo.
-Sara, abróchate el cinturón de seguridad. -Le hable de manera tranquila, pero ella al parecer se empeñaba por llevarme siempre la contraria.
Baje la cortina de la ventana, de inmediato me observó, y ¡demonios! es la primera vez que la mirada de una persona logra afectarme, ese tipo de mirada que dejaba claro todo el odio que Sara sentía hacia mí. “Pero que más va a sentir por ti después de dañarla como lo has hecho” -reprocho mi mente”. Incorpore mi cuerpo tratando de no dejar a la vista como me afectaba su mirada, pero joder si hubiesen sido otras las circunstancias, no me hubiese obligado a arrastrarla a la mierda que yo hago diariamente.
-Que te abroches el cinturón, vamos a despegar. -Le ordené sin retirarle la mirada que ella me sostuvo un poco más del tiempo permitido. La vi enredarse con las cuerdas tratando de cerrar el broche.
-Es que nunca te has subido a un puto avión, no sabes abrochar un simple cinturón. -Mencione a punto de perder la paciencia nuevamente.
-Negó con su cabeza lentamente soltando las cintas dándose por vencida. Me acerqué a ella quedando justamente frente a su rostro. Sus hermosos ojos azules cambiaron del odio a mostrar una profunda tristeza mezclada con miedo, tensándose arrastro su cuerpo hacia atrás tratando de alejarse de mí, queriendo traspasar el espaldar de la silla. Sin retirar la mirada de sus ojos, tome las cintas las lleve al frente de su abdomen para abrochar el cinturón, tener mis manos en esa parte de su cuerpo, despertó mis sentidos
haciéndome sentir suaves punzadas en mi entrepierna que de inmediato hicieron despertar mi hombría.
Me alejé rápidamente, para controlarme, no sería seguro foll**la en pleno despegue. abroché mi cinturón de seguridad, y el avión se puso en marcha. Esperé que estuviéramos en el aire, para poner toda mi atención
en mi herida. Retire mi camisa suavemente, desechándola a un lado, tome el botiquín y de este saque la clorhexidina, aplique por toda mi herida el líquido transparente, seque y empecé lentamente a unir los pedazos de tejidos afectados por el corte. Al terminar vende mi antebrazo.
Escuche un pequeño susurro salir de su boca, el sonido era tan bajo que no lograba entender con claridad lo que decía. Su cuerpo empezó a mecerse de adelante hacia atrás encogiendo sus piernas y enterrando su rostro en ellas tratando de encontrar consuelo.
Quedaba claro, verla de esa manera me estaba afectando. No supe en que momento esta mujer, logro hacer algo que ninguna otra había podido. “Hacerme sentir”.
Lentamente y con sumo cuidado estire mi mano para sobar su cabeza y decirle que todo estaría bien, pero fue perdido porque la detuve a mitad de camino. mi lado oscuro me reprochó, ¡por qué decir que todo estaría bien, Cuando no va a hacer así! Así que nuevamente recosté mi espalda en el asiento.
Cerré mis ojos y pasé mi mano por mi cabello, todos estos sentimientos que estaba experimentando, eran nuevos para mí, me estaban confundiendo a tal punto que lograba frustrarme.
-Carmen. -Llame a la azafata que de inmediato atendió a mi orden.
-Señor en que le puedo servir. -Preguntó inclinándose a mi lado dejando a la vista sus enormes tetas, mis ojos automáticamente cayeron allí, pero no tuve el impulso de tomarla del cabello y follarle la boca como lo había hecho muchas veces… En cambio, esta vez mi mente estaba ocupada con la chiquilla que estaba frente a mí.
-Tráeme un vaso de whisky. Carmen pareció confundida con mi petición, se le hizo raro que no la follara, su cara era de sorpresa. -Estas sorda, o no te lavaste los oídos. -Se sobresalto y atendió de inmediato. Al
momento regreso con un vaso de whisky, el cual tome de un solo sorbo. -Algo más señor. -La mire y de verdad ya se volvía molesto que siempre se me insinuara.
–No. Y si te vuelvo a ver con cara de foll**me. -Acerque mi rostro al de ella -Te lanzare por la ventana al vacío…-Tráeme la botella completa -Mencione en tono molesto.
Mire hacia mi pequeña nena, y recordé que no había consumido alimento durante todo el día, no dude en preguntarle, pero al ver que no me contestó, que seguía meciéndose como una loca, le pedí a Carmen que le trajeran un emparedado y un juego natural, inmediatamente la comida estaba justo frente a ella, pero al parecer no le importaba en lo absoluto, ida no sé a qué puto mundo y sin saber cómo iba a reaccionar le pedí en tono bajo que comiera.
-Sara debes comer algo. -No se inmutó en contestarme, esa clase de mala educación hacia mi era lo que me jodía el ego haciéndome perder la paciencia. -¡JODER, ES QUE HOY A TODO EL MUNDO LE QUEDO MUGRE EN LOS OIDOS!
-Grite haciendo captar su atención.
-No tengo hambre. -Respondió al fin en tono bajo, su voz sonaba tan baja que podía escuchar cómo se quebraba.
-No te lo estoy pidiendo. -Es una orden -Así que come o de lo contrario are que te tragues hasta las migajas de ese pan.
Acercándose al plato tomo el emparedado devorándolo en dos mordidas. -Y no tenías hambre, puse mis ojos en blanco. -Levanté la botella de whisky y le di un gran sorbo que de inmediato quemo mi garganta. Sara termino de comer y sus ojos se fueron cerrando lentamente hasta quedarse dormida, era jodidamente orgullosa, prefería morir de hambre antes que pedir algo para comer, escanee todo su cuerpo, y su apariencia higiénicamente era un asco; su ropa estaba manchada de sangre y podía oler la humedad que la acompañaba, su cabello estaba un poco desarreglado, pero aun así se veía hermosa.
-Sara, en la parte de atrás encontrarás una pequeña puerta que te conduce a una habitación, ve y aséate ponte presentable. Apestas. - Mencione tomando un sorbo de whisky.
Me miro con su rostro desencajado, se veía que el cansancio y tanto llorar le estaba pasando factura, dio un profundo suspiro, se levantó de su asiento y sin protestar obedeció encerrándose en esa pequeña habitación.
Tres Botellas de whisky no fueron suficientes para decirle a mi mente ¡ordénale a mi corazón que allí no puede instalarse nadie! Y “menos un alma buena”. Tal vez tendría que podrirla para que ella pudiera estar allí. Cerré mis ojos, de inmediato empezando a recordar cuando la tuve por primera vez, y joder desde ese día no sale de mi mente… A decir verdad, solo quería escupirle la verdad de su pasado en la cara para hacerla sufrir, follarla, esclavizarla hasta que deseara que acabara con su vida. Pero mi destino me está jugando una mala pasada, sintiendo esas ganas insaciables de no querer apartarme ni un solo segundo de su lado, y afirmo que es así porque véanme viajando con una mujer algo que nunca estuvo dentro de mis necesidades, porque eso la consideraba ahora una necesidad para mí.
Me puse en pie y camine hacia la habitación tambaleándome un poco, al abrir la puerta pude apreciar ese pequeño cuerpo tendido en la cama cubierta de pies a cabeza, me retire la ropa, y me di una ducha para retirar el exceso de sangre proveniente de la herida en mi brazo. Después de casi media hora bajo el chorro de agua fría, salí cubriendo de mi cintura hacia abajo, me recosté a su lado con sumo cuidado de no despertar a la causante de la pelea que tenía mi mente y corazón.
Mis sentidos despertaron llevando ondas de calor a todo mi cuerpo, su olor era una de las cosas que me volvía loco y recordaría para siempre. Acerqué mi nariz para inhalar profundo su aroma, invitándome a acercarme más a ella, mi brazo descanso en su abdomen y la atraje a mí, abrazándola fuerte dejándome llevar por un profundo sueño….
El sonido de una dulce voz, y suaves apretones en mis manos me hicieron despertar. –Quédate quieta. -Duerme aún es temprano. –Mencione adormilado.
-Necesito ir al baño. –Menciono Sara, empezando a removerse en mi regazo, su trasero hacia contacto con mi virilidad la cual reacciono a sus sentidos.
-Quédate quieta, porque estas despertando a mi gran amigo y créeme una vez despierto no volverá a dormir hasta que le den la atención que necesita. –Hable haciendo que su cuerpo se tensara.
-Necesito hacer pis –Por favor
-Suspire con leve molestia soltándola, inmediatamente corrió al baño y cerró la puerta con llave. Aquel acto infantil, me saco una pequeña sonrisa que inmediatamente borré. ¿Cómo es posible que ella logre esto en mii?
-Di la vuelta quedando boca abajo, tratando de dormir nuevamente, estaba loco por tomar esa pequeña rubia, quería follarla hasta saciarme, mi mente me decía que la tomara, para eso estaba aquí.
Suspire de la frustración, me levante de la cama y mis pasos los dirigí a la puerta del baño que se encontraba cerrada…di dos golpes. –Sara estas bien. –la llamé, pero no respondió. Di dos golpes más, cuando al instante se abrió la puerta, dejando a la vista ese tentativo cuerpo que inmediatamente iba hacer mío…
Su cabello estaba húmedo y vestía con una sudadera mía, verla con mis pertenencias no me molestaba, es más la veía con más propiedad, con mi mano tome su mentón para levantar su rostro, sus ojos ya se tornaban rojos y la humedad en sus mejillas confirmaban que estaba llorando. Pase mi pulgar retirando el exceso de humedad, ella no protesto ni se movió de su lugar; lo cual me dio la oportunidad de plantarle un beso, en esos rosados y carnosos labios, al principio no me dio acceso así que tuve que morder un poco su labio inferior para que le permitiera la entrada mi lengua, de inmediato mi hombría salió a relucir; levantándola camine con ella haciendo que se presionara mi dureza en su pelvis… La recosté en la cama con suavidad, esta vez no quería ser violento, de ninguna manera. Lentamente me deje llevar por este yo, que no conocía, lleve
mis labios a su cuello, allí su aroma era más embriagador, baje hasta su clavícula, que me invitaba a seguir explorando a través de sus grandes y provocativos senos. Hasta que dos golpes en la puerta me jodieron el día.
-¡¡¡QUE!!-Grite molesto…
-Señor en 20 minutos aterrizamos, por su seguridad y la de la señorita, es mejor que tomen asiento y se abrochen los cinturones… -Maldije para mis adentro, pero me reconfortó que ella siempre estaría para mí, así que si no es hoy cuando lleguemos a casa terminare lo que inicié. –En un momento salimos- Dije más calmado.
-Revise a Sara y su rostro era de pánico total, su pecho subía y bajaba y podía sentir los latidos de su corazón. Me retire de encima de ella, tome mi ropa vistiéndome lo más rápido que pude, tome la perilla de la puerta para salir.
-Vamos le ordené – y como si se tratara de una mascota, acudió a mi orden sin protestar. Salimos y tomamos asiento, aseguré su cinturón para luego abrochar el mío. Cuando el avión empezó a descender, se sintió una fuerte turbulencia que sacudió todo a su paso, sentí como unas suaves manos tomaron las mías, lo más interesante era sentir como hundía sus uñas en el dorso de mi mano.
Cuando la turbulencia pasó, la vi abrir los ojos lentamente, fijándolos en su mano que cubría la mía, inmediatamente me miro confundida
¿Qué? -Fuiste tú quien tomo mi mano. –Mencione sin darle tanta importancia.