Eleonor Baxter aprendió desde pequeña a ser perfecta.
Amable, inteligente y elegante, creció entre apellidos influyentes y cenas compartidas con familias amigas. Desde adolescente, Alex King fue parte de su vida… y también de sus sueños. Mucho antes del matrimonio, Eleonor ya lo amaba en silencio.
A los veintisiete años dirige SweetBaby, la empresa cosmética heredada de su familia, y sostiene un matrimonio que nunca se construyó sobre las promesas que ella imaginó. Casada desde hace tres años con Alex —uno de los cirujanos cardíacos más prestigiosos del país y dueño de una red de hospitales—, Eleonor aprendió que conocer a alguien desde siempre no garantiza ser elegida.
Durante años intentó ser paciente, comprensiva, invisible. Alex, marcado por la vergüenza de un matrimonio arreglado y consumido por el trabajo, dejó que la distancia creciera hasta volverse insoportable.
Cansada de sentirse desplazada, Eleonor toma una decisión que lo cambia todo.
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capitulo 9
A un kilómetro del hotel donde se alojaban Eleonor y Jonni, él estaba en una pista de esquí cerrada.
Le estaban tomando fotografías para una campaña.
—Bien, bien —dijo el fotógrafo—. Sujeta bien los esquíes.
El obturador capturó varias imágenes.
—Me gusta —comentó Mark—. Tómale algunas solo con el pantalón. Las fotos del cuerpo venden mucho.
Jonni lo miró con desagrado. Aun así, se quitó la campera y la remera.
—¿Así? —preguntó, sin entusiasmo.
—Perfecto. Ahora acomódate el pelo hacia el costado y mira aquí —indicó el fotógrafo.
La sesión duró casi tres horas. Hubo alrededor de siete cambios de ropa.
Cerca de las 21:00, Jonni regresaba al hotel.
—Prepárate —dijo Mark—. Mañana volvemos a Nueva York. Hay una campaña para un centro comercial.
—Sí… yo me voy a quedar aquí. A dar unas vueltas.
Mark le sonrió con ironía.
—¿A ver a esa mujer elegante, no? Está fuera de tus ligas, hijo.
—En fin, haz lo que quieras. Solo sé prolijo. El año pasado te vincularon con esa modelo que tuvo una sobredosis en una fiesta.
—Sabes que no tuve nada que ver con eso —respondió Jonni, seco.
Jonni la esperó apoyado contra una de las columnas del hotel. Fingía mirar el teléfono, pero en realidad la buscaba con la mirada.
Eleonor apareció acompañada por su asistente. Llevaba una valija pequeña y un abrigo claro, impecable como siempre. Caminaba con seguridad, sin apuro.
Se detuvo al verlo.
—Jonni —saludó, cordial.
—Eleonor —respondió él, sonriendo—. ¿Te vas?
—Sí. Vuelvo a Nueva York. Tengo reuniones pendientes.
Su asistente se despidió con un gesto y se adelantó unos pasos. Eleonor le tendió la mano. Jonni la tomó con cuidado, apenas un segundo más de lo necesario.
—Fue un gusto verte —dijo él—. Ojalá volvamos a cruzarnos.
—Igualmente —respondió ella, con una sonrisa correcta, distante—. Que te vaya bien.
Soltó su mano y giró para marcharse. Jonni se quedó mirándola mientras se alejaba, como si quisiera decir algo más… pero no lo hizo.
A unos metros de allí, alguien levantó una cámara.
El clic pasó desapercibido entre el murmullo del hotel.
Eleonor no miró atrás.
Jonni tampoco notó la presencia ajena.
Cuando ella desapareció entre la gente, Jonni soltó el aire despacio.
Sí… está fuera de mis ligas, pensó.
La imagen, sin embargo, ya estaba capturada.
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En la clínica, Alex caminaba por los pasillos con la bata aún puesta. Había terminado su última cirugía hacía más de una hora, pero no se iba.
—Doctor King —dijo Katherine, alcanzándolo—. Le traje un café.
Él miró el vaso.
—Gracias. No hacía falta.
—Lo sé —respondió ella—. Pero pensé que tal vez lo necesitaba.
Alex lo tomó y asintió apenas.
—Fue una jornada larga.
—Últimamente todas lo son para usted.
Alex no contestó. Dio un sorbo distraído mientras revisaba unas placas apoyadas contra la luz.
—¿Va a quedarse mucho más? —preguntó Katherine.
—Lo necesario.
Ella dudó, midiendo sus palabras.
—Si quiere… puedo acompañarlo. Ayudarlo con los informes.
Alex levantó la vista. Su tono fue correcto, pero definitivo.
—No, Katherine. Puedes irte. Ya hiciste suficiente.
Ella sonrió, aunque la decepción se filtró en sus ojos.
—Como quieras, doctor.
Cuando se alejó, Alex dejó el café sobre el escritorio. Se quedó unos segundos inmóvil, luego pasó una mano por su nuca. El cansancio le pesaba en los hombros.
Decidió no volver a casa.
Más tarde, ya de madrugada, entró al pequeño dormitorio de guardia. Cerró la puerta y se quitó la bata. Aflojó la corbata con un suspiro y comenzó a desabrocharse la camisa, lento, agotado.
Estaba de espaldas cuando la puerta se abrió.
Alex frunció el ceño.
—¿Qué haces acá?
Katherine parpadeó, como si recién entonces entendiera la situación.
—Yo… quería saber si necesitaba algo —
—No —la interrumpió él, con voz firme.
Katherine dio un paso atrás, incómoda.
—Perdón… no quise molestar.
Alex respiró hondo. Su tono no fue duro, pero sí distante, preciso.
—Soy el doctor King —dijo, marcando cada palabra—. Y necesito que respetes los límites.
El silencio se volvió incómodo.
—Solo mi familia… mi esposa —continuó— me llaman Alex.
Katherine tragó saliva.
—Perdón, doctor —murmuró, bajando la mirada.
—Puedes retirarte —dijo él, volviendo a los papeles—. Ya es tarde.
Ella salió sin decir nada más.
Alex apoyó las manos sobre el escritorio y cerró los ojos por un instante.
Ni siquiera Eleonor estaba ahí…
y, aun así, seguía siendo la única.
Una hora más tarde, Eleonor estaba en el departamento de Abby.
El ruido de la ciudad quedaba amortiguado por los ventanales altos y las cortinas claras. Abby le alcanzó una copa de vino y se sentó frente a ella, cruzando las piernas con naturalidad. La conocía demasiado bien como para no notar que algo estaba mal.
—No estás acá solo por cansancio —dijo, sin rodeos.
Eleonor apoyó la copa sobre la mesa sin beber.
—Estoy… agotada —respondió—. No del trabajo. De todo lo demás.
Abby la observó con atención.
—¿Y ahora qué vas a hacer?
Eleonor levantó la mirada. No dudó.
—Voy a seguir con lo que tengo planeado.
Abby frunció suavemente el ceño.
—¿Estás segura?
—Sí. En dos días tengo cita con el médico —respondió, con voz firme—. Finalmente lo voy a hacer.
El silencio se hizo presente por unos segundos.
—Es mi oportunidad, Abby. No puedo seguir postergándolo por miedo… ni esperando a que alguien decida por mí.
Abby apoyó los codos sobre las piernas.
—¿Él lo sabe?
Eleonor negó.
—No. Y no tiene por qué. Esto no es una reacción. Es una decisión que tomé hace tiempo.
Abby la miró con una mezcla de respeto y preocupación.
—Siempre quisiste ser madre —dijo con suavidad.
Eleonor asintió.
—Y después de lo que me pasó, me dijeron que me iba a costar serlo.
Cerró los ojos un instante.
—Muero de ganas —dijo en voz baja—. Y esta vez voy a hacerlo a mi manera. No lo necesito a él para eso.
Abby estiró la mano y tomó la suya.
—Entonces hazlo. Pero no te olvides de cuidarte en el proceso.
Eleonor sonrió apenas.
—Estoy cansada de ser fuerte para los demás. Esta vez quiero serlo para mí.
Abby levantó su copa.
—Por eso.
Eleonor la imitó.
—Por elegirnos.
El tintinear del cristal fue suave, casi íntimo.
Y aunque el camino que venía no sería fácil, Eleonor lo supo con claridad:
no estaba huyendo.
si realmente la quieres y amas
ahora veremos si en verdad exiten las segundas oportunidades.
claro todo depende de nuestra autora
no eres infiel y eso le suma puntos pero tú absoluto desinterés en la relación la falta especial de amor dan ganas de matarte por otro lado Jony podría ser un nuevo amor la nueva oportunidad que le guste a ele
Mi pregunta es aceptarás que ella se hizo una inceminacion y que va a ser madre sin ti?