Alessandra Rossi, una joven italiana de veintidós años que tras conocer la verdadera historia de su vida, decide tomarse un tiempo lejos de todo lo que le recuerda su triste existencia y de las personas que la han lastimado; sin imaginar que ese cambio de rumbo, la llevaría a conocer a la persona que le enseñaría lo que es el amor verdadero.
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Capítulo 20. Mis sueños más salvajes
Capítulo 20. Mis sueños más salvajes
Conecté mi reproductor de música a las bocinas, recorrí la lista de música que tenía almacenada hasta que me topé con ‘Wildest dreams de Taylor Swift’. Sonreí como una tonta, era ridículo sentirme así, pensaba en Thiago Leblanc constantemente, durante el día mientras trabajaba e inclusive en las noches, mientras soñaba, solo ahí donde nadie podía juzgarme, donde nadie sabría de las tantas cosas que hacíamos en mi cama, donde no había cabida para la ingenuidad. Siempre me despertaba agitada, sonrojada y completamente abrumada por todo lo que mi cuerpo estaba sintiendo. Había una sensación extraña en mi estómago cuando lo veía acercarse a mí, cuando sentía sus caricias, ansiaba sus besos; justo ahora lo extrañaba y me parecía un poco molesto porque apenas dos días atrás había empezado todo entre nosotros.
La música inició mientras yo me movía con delicadeza en la tela de danza aérea, ese era el único momento que necesitaba para olvidarme de todo, para liberarme de todos mis miedos y angustias solo ahí me sentía como un ave en libertad.
Después de que terminara la segunda canción, bajé de la tela y recogí mis cosas, me dirigí hacia la sala donde estarían las parejas para la clase de música salsa. Por la ventana alcancé a ver al Sr. Mauricio Evans y extendí mi mano para saludarlo, él hizo lo mismo. Era extraño verlo tan seguido, pero no pensaba demasiado en eso, suponía que se debía a que su prima era la dueña del salón y a él le gustaba venir a verla trabajar.
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Thiago Leblanc
Salí de la oficina una hora antes, sabía que Alessandra salía a las seis de la tarde y quería pasar a la casa a tomar una ducha antes de ir a verla. Mi madre me observó con curiosidad, pero se mantuvo en silencio mientras me veía subir las escaleras.
Me tomó alrededor de cuarenta minutos bañarme y arreglarme, antes de salir, pasé a ver a Diego, no me gustaba dejarlo por mucho tiempo y debía buscar la manera de organizarme para no descuidar el tiempo que debía y quería dedicarle a mi pequeño.
-¡Hola hijo! – Dije mientras entraba a su habitación. - ¿Qué haces? – pregunté.
- ¿Vas a salir?
- Sí, solo será por un par de horas. ¡Prometo compensártelo el fin de semana cariño! – Le dije besando su cabeza.
- Está bien papá, me saludas a Alessandra.
Me frené de golpe al escucharlo, mi pequeño Diego era mucho más observador de lo que Alessandra y yo hubiéramos esperado.
- Diego… - antes de poder continuar\, él me interrumpió.
- No lo niegues papá\, vi como intentabas besarla el domingo cuando estábamos en el parque. – Diego tomó mi mano y me observó directamente a los ojos. – La quiero mucho papá\, por favor\, cuídala.
Las palabras de Diego me sorprendieron, Alessandra era importante para los dos y me aseguraría de cumplir con la petición de mi hijo. Lo tomé en mis brazos y besé su cabeza.
- Prometo cuidarla cariño\, debo irme. Te veo más tarde. – Alboroté su cabello antes de salir.
Había pasado la primera prueba, ahora tocaba enfrentarme a esas miraditas que mi madre me lanzaba desde que me vio bajar la escalera. Me temía que si Diego sabía sobre mi relación con Alessandra, era muy probable que le haya contado a mi madre sobre lo que vio en el parque de diversiones.
- Voy a salir\, regreso más tarde.
- Bien cariño. – Fue lo único que respondió mientras se acercaba la taza de té a la boca. - Luego hablamos Thiago\, ahora veo que llevas prisa\, pero sin duda te sentarás conmigo.
Definitivamente sabía algo o sospechaba, antes me hubiera cuestionado la razón por la cual no pasaba tiempo con Diego, y no era para menos pues era ella quien cuidaba la mayor parte del día a mi hijo.
- Bien mamá, lo prometo. – Me acerqué para darle un beso y salí de prisa de la casa.
Cuando aún estaba en la oficina recibí una llamada de Matías informándome sobre la decisión de Alessandra, la chica era testaruda y me encantaba eso en ella. Conduje mi auto hacia el salón de baile en el que supuse estaba ella. Fui un par de veces por Mauricio, pues su prima, Julia Evans, era la dueña del lugar.
Veinte minutos más tarde, llegué al lugar, tuve que estacionar el auto un poco más lejos del salón de baile, porque todo el aparcamiento cercano estaba ocupado. Mientras me acercaba, la figura que veía frente al lugar me resultó conocida. Había pasado a despedirme de Mauricio, pero su asistente me había informado que había salido mucho antes que yo, me resultó extraño pues él no acostumbraba a hacer tal cosa, supuse tenía asuntos personales que atender; pero no esperaba encontrarlo aquí.
- Mauricio\, ¿qué estás haciendo aquí? – Pregunté cuando me acerqué lo suficiente.
Mauricio me observó de pies a cabeza, sabía que tenía curiosidad, estaba recién bañado y vestía con ropa casual.
- Yo… vine a ver a Julia. – Había algo en su mirada, no sabía qué, pero me resultó extraño que esquivara mi mirada. - ¿Y tú? – Preguntó.
- Alessandra Rossi está aquí\, ¿cierto?
- ¿Estás interesado en ella? – Sus preguntas me resultaban un poco incómodas\, estaba usando un tono un tanto hosco y no tenía idea del porqué.
- Estamos saliendo Mauricio\, y sí\, ya sé que es algo sorpresivo e inesperado\, pero es la verdad. Solo… por favor\, podrías no mencionárselo\, ella aún no quiere que demos a conocer nuestra relación.
- Entiendo\, no te preocupes\, de mi parte no saldrá nada. – Mauricio sacó las llaves de su auto. – Debo irme\, solo pasé un momento pero ella está ocupada. Alessandra acaba de terminar con su rutina de danza aérea y ahora está en la misma sala que Julia. – Dijo señalándome hacia donde estaba mi hermosa rubia.
- Bien, gracias amigo. Te veo mañana en la oficina. – Mauricio asintió con la cabeza y subió a su auto.
Me apoyé en uno de los autos que estaban estacionados afuera del establecimiento, quería mandarle un mensaje a Alessandra pero en vez de eso, preferí observarla. Vi a un tipo alto llegar al salón de baile con una maleta negra colgando en su hombro.
- ¿Viene a las clases de salsa? – Preguntó.
- Yo… no\, en realidad estoy esperando a… - El tipo ni siquiera me dio oportunidad de terminar de hablar\, me jaló del brazo y me hizo entrar al lugar.
Me fui a un rincón del salón, Alessandra estaba conversando con Julia y ninguna de las dos prestó atención a mi presencia, en realidad, todas las personas ahí estaban más interesadas en el tipo que acaba de llegar.
- Bien chicos\, soy Timothy Adams\, e da gusto ver la sala llena. Esta es la segunda vez que Julia me invita a dar una clase de salsa y la verdad es que me encanta. Nos vamos a ir conociendo poco a poco\, les enseñaré los pasos básicos y empezaremos con una coreografía sencilla\, la canción que estaremos practicando es una de mis favoritas. ‘Parecen viernes de Marc Anthony ’. – Dijo el tipo. – Pues bien\, que si ya tienen sus parejas vamos a empezar.
El tipo comenzó a mostrar algunos pasos, yo no era demasiado afín al baile, lo hice antes solo cuando la familia insistía en que Mía y yo bailáramos, pero ella tampoco era muy buena bailando, Mía disfrutaba de escuchar la música, pero siempre dijo tener dos pies izquierdos.
Pasaron alrededor de diez minutos, entre básico lineal, básico lateral, todo delante y todo atrás, era lo que escuchaba salir de la boca del tal Timothy, pero no tenía ni la mínima idea de qué hablaba, por más que intentaba prestar atención, la verdad es que Alessandra me tenía embobado, traía puesto una especie de traje completo en color rosa con algunas tiras cruzadas en la espalda y transparencia en la parte frontal. Sí, desde la primera vez que la vi, no pude evitar admirar su belleza, porque vaya que tiene un hermoso y angelical rostro, pero ahora confirmo lo que he escuchado de las bailarinas. La mujer tenía unas hermosas piernas bien torneadas, su cintura definitivamente lo había comprobado antes y era muy pequeña, sus brazos estaban tonificados pero no con exageración, era muy femenina y prefiero omitir las otras cosas que hasta ahora me ponían demasiado nervioso y acalorado con tan solo observarla.
La mayoría de los presentes eran parejas jóvenes y solo un par de adultos. El maestro de baile le hizo señas a Julia, quien enseguida cambió la música por lo que supuse era la que ensayarían. Pasó alrededor de veinte minutos mostrando los pasos, entre gritos y aplausos, animando a los presentes a seguirle el ritmo.
- Bueno\, ahora sí\, tomemos a nuestras parejas. Mi querida Julia me ayudará en esta ocasión. – Vi a Julia diciéndole que no con un movimiento de su mano\, en vez de eso\, vi a Alessandra acercarse.
El tipo le sonrió y extendió su mano para tomar la de ella, Alessandra sonreía tímidamente, esa era la sonrisa que me encantaba, pero sólo era para mí. Lo vi poner una mano en su espalda baja, ambos comenzaron a moverse al ritmo de la música, su cercanía, miradas, el sujetaba su cintura y lo veía poner las manos de ella sobre su abdomen.
Deslicé mi mano de la parte baja de mi cabeza hacia mi cuello, no sé cuánto tiempo más se iba a tomar este ensayo pero yo deseaba que terminara ya. Creo que mi actitud no pasó desapercibida, pronto tuve a mi lado a Julia, quien se mostró sorprendida por verme ahí.
- ¿Thiago? ¿Qué haces aquí? – Ni siquiera me dio oportunidad de responder, ella continuó hablando sin parar. Supongo estás acompañando a Mauricio, desde que supo que Alessandra ensayaba aquí, siempre viene. – Su comentario llamó mi atención, Mauricio no mencionó nada pero ahora entendía el porqué de su actitud. Él estaba interesado en Alessandra.
- No Julia\, él se fue antes de que comenzara esta clase. Y… yo estoy aquí por Alessandra. – Respondí fríamente.
- ¡Oh! – Fue lo único que Julia pudo pronunciar, debió entender que había metido la pata.
- Yo… lo siento Thiago, no sabía que ustedes estaban saliendo.
- Bueno, en realidad solo tenemos un par de días saliendo, pero no es que tengamos que anunciarlo a todo el mundo, ¿cierto? – Es probable que Julia notara mi mal humor, la verdad es que ni siquiera me había tomado la molestia de mirarla, yo mantenía mi vista fija en Alessandra y las manos de ese tipo. – Esto… ¿va a tardar mucho? – Pregunté impaciente.
- Vi a Julia sonreír.- No, no te preocupes. Yo continuaré, ahora le aviso que estás aquí.
Julia se despidió palmeando mi brazo y se acercó a donde estaba Alessandra, interrumpiendo su baile. Ella me observó con cierto toque de asombro en sus ojos, obviamente no esperaba verme de pie en la sala de baile. La vi inclinar su cabeza hacia el maestro de baile, él pronunció algunas palabras apenas audibles, supongo que le estaba agradeciendo.
- ¡Hola! – Dijo Alessandra manteniendo distancia de mí. – No esperaba verte aquí.
- Pues aquí estoy. – Intenté acercarme a ella\, pero extendió sus brazos para evitarlo.
- Estoy sudada\, déjame tomar una ducha.
- ¿Lo harás aquí? – Pregunté impaciente.
- No, en mi departamento. – Alessandra caminó hacia la salida - ¿Ya cenaste? – Preguntó.
Negué con la cabeza mientras me acercaba al auto para abrirle la puerta, su departamento estaba a tan solo dos cuadras del salón de baile de Julia, entendía por qué no quiso que Matías la llevara, lo que no entendía era cómo se atrevía a salir vestida así; pero no era algo que me atreviera a preguntarle.
Cuando llegamos a su departamento, me hizo pasar y sentarme en el sofá, tomé el control remoto del televisor y comencé a cambiar los canales sin prestar la menor atención a la programación. Mi mirada seguía a Alessandra hasta que se perdió tras el muro de madera que dividía su cuarto de la cocina. Había perdido alrededor de media hora en el salón de baile y ahora ella se tomaría otros treinta minutos en el baño. Me quedaba menos de una hora con ella y no quería desperdiciarlo viendo la televisión y mucho menos preparando cena. Tomé mi teléfono móvil y le pedí a Emmanuel, mi asistente, que me recomendara algunos lugares donde tenían servicio a domicilio.
- Voy a preparar algo para cenar. – Dijo Alessandra al salir de la habitación\, yo estaba sentado sobre el borde de la ventana del comedor. No perdía de vista ninguno de sus movimientos\, se veía tan adorable con su vestido blanco de tirantes.
Me acerqué a ella y la abracé por la espalda, la hice girar para que quedara frente a mí, ella tenía sus mejillas ligeramente sonrojadas, lucía tan tierna e ingenua.
- Pedí algo de cenar, no puedo quedarme mucho tiempo, debo volver con Diego. – Dije sin quitar la vista de sus labios.
- Lo siento\, tardé un poco en el salón de baile.
- No te preocupes\, no habíamos quedado en nada.
Rodeé su cintura con una mano, ella subía y bajaba su mirada con nerviosismo, bajé la cabeza mientras acercaba mis labios a los suyos. Había extrañado su sabor, esos deliciosos labios rosa que me hacían perder el sueño y volar la imaginación.
No tenía idea de si a ella le pasaba lo mismo, habíamos coincidido de una forma que ninguno de los dos hubiese imaginado. Habían pasado solo dos días desde que me atreví a besarla por primera vez y no podía sacarla de mi mente.
Ella puso sus manos alrededor de mi cuello, nuestra cercanía nos permitía escuchar el sonido agitado de nuestra respiración, cada sonido que inconsciente e involuntariamente dejábamos escapar. No quería ir demasiado rápido, ella era demasiado joven y debía controlarme.
Pero no estaba dispuesto a separarme de sus labios, ambos pudimos tomar un poco de aire cuando escuchamos el sonido del timbre.
- Bajaré a buscar el pedido. – Le dije pellizcando ligeramente sus sonrojadas mejillas.