Renace en la novela que estaba leyendo y en el personaje que más odiaba.. Pero, dispuesta a cambiar su destino.
* Historia parte de un universo mágico.
** Todas novelas independientes.
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Molly
Ahora que la realidad terminaba de asentarse, una certeza la atravesó como un relámpago..
No iba a repetir la misma historia.
Si ese mundo la había convertido en Florence Evenson, entonces ella iba a cambiarlo todo. No permitiría que la manipularan, ni que la despreciaran, ni mucho menos que un esposo que fingió su muerte por cinco años regresara y fuera recibido con lágrimas de perdón.
[No… esa Florence ya no existe]
Respiró hondo, tratando de ordenar sus pensamientos. Lo primero era ubicar dónde en la línea temporal estaba. Necesitaba información. Discreción.
Y solo había una persona en la mansión a quien podía acercarse sin recibir miradas de lástima o condena.. Molly.. su doncella..
Golpearon suavemente la puerta desde fuera, casi como si temieran molestar.
—Señorita… ¿ya despertó? —preguntó una voz cálida y tímida.
Molly, la doncella que, incluso en la novela, había sido la única persona que la trataba con cariño genuino.
—Puedes entrar —respondió ella en un tono suave, intentando imitar la forma de hablar que imaginaba debía tener.
La puerta se abrió con cautela. Entró una joven de cabello recogido en un moño sencillo, rostro redondeado y manos algo temblorosas. Sus ojos se iluminaron al verla sentada en la cama.
—Gracias al cielo… —susurró Molly, llevándose una mano al pecho—. Me tenía tan preocupada, mi lady.
La miraba como quien ve una flor marchita que podría romperse al mínimo roce.
Florence tragó saliva.
—Molly… —dijo despacio—, necesito preguntarte algo. Pero… por favor, no se lo digas a nadie.
La joven asintió de inmediato. Su lealtad era inquebrantable.
—Jamás la traicionaría, mi lady.
Florence dudó un segundo. Tenía que sonar creíble.
—He estado… confundida últimamente —confesó—. Y mi memoria está… borrosa. ¿Podrías decirme… cuánto tiempo ha pasado desde que… desde que anunciaron la muerte de mi esposo?
Molly bajó la mirada de inmediato, con una tristeza tan profunda que hizo que el pecho de Florence se apretara.
—Hoy… —respondió apenas en un hilo de voz— se cumple un mes, mi lady.
[Un mes]
Eso significaba que aún quedaban cuatro años y once meses antes de que Jason Evenson, el esposo desaparecido, regresara.
Molly continuó, con cuidado..
—Desde el día que llegó la noticia… usted no ha salido de esta habitación. Apenas come… apenas duerme… —sus ojos se humedecieron—
Tomó la mano de Molly con delicadeza. La doncella se sobresaltó, sorprendida por el contacto.
—Gracias —dijo con sinceridad—. Gracias por quedarte a mi lado.
Los ojos de Molly se llenaron de lágrimas. Nadie la agradecía. Nadie la veía.
—Siempre estaré con usted, milady.
Florence apretó suavemente su mano, y su mirada se endureció apenas un poco, llena de determinación.
[Un mes de luto. Un mes de encierro.. eso fue suficiente]
Eso era todo lo que le concedería a ese pasado.
Porque, a partir de ahora… ella escribiría un futuro distinto.. asi que se animo a salir de la habitación de inmediato..
flores blancas adornaban discretamente los jarrones del pasillo. El aire todavía olía a incienso reciente, y los pasos de los sirvientes sonaban suaves, contenidos, casi temerosos de romper el luto de la casa Evenson. Aún no había cuchicheos venenosos, aún no había miradas de desprecio. Solo había lástima. Una lástima densa, silenciosa… como una nube gris flotando sobre ella.
Y Florence lo sabía.
Sabía que en la novela aquello era solo el principio. Que con el pasar de los meses, la compasión se convertiría en burla. Que la viuda joven, aislada en su mansión, sería el blanco perfecto para la crueldad disfrazada de preocupación.
Pero esta vez no.
Esta vez no iba a permitirlo.
—Molly —dijo suavemente, pero con un tono que no admitía réplica—, quiero pedirte algo.
La doncella la miró, parpadeando, como si aún temiera que cualquier palabra pudiera herirla.
—Lo que desee, mi lady.
Florence respiró hondo.
[Es momento de empezar]
—Por favor… reúne a todos los empleados de la mansión. Quiero hablar con ellos. Que se junten frente a la entrada principal.
Molly abrió los ojos, sorprendida.
—¿A… a todos? ¿En la entrada?
Florence asintió.
—Sí. Quiero agradecerles por todo lo que han hecho este último mes… y decirles algunas cosas importantes.
Hubo un pequeño silencio. Y luego, algo que Florence no esperaba.. una sonrisa. Suave, temblorosa… pero genuina.
Molly se llevó ambas manos al pecho.
—Mi lady… Me alegra tanto verla así… Usted… usted había estado tan triste… Pensé que nunca volvería a verla sonreír.
Florence sintió un nudo en la garganta. Ese cariño era real. Sincero. No era compasión forzada. No era interés. Era afecto puro.
Tomó la mano de la doncella una vez más.
—Gracias, Molly. No sabes cuánto significa para mí que estés aquí.
Los ojos de la joven se llenaron otra vez de lágrimas, pero esta vez no eran de tristeza… sino de alivio.
—Entonces iré enseguida.. Haré que todos se reúnan como pidió.
Molly salió con rapidez, casi con pasos ligeros, contagiada por la nueva energía de su señora. Y Florence, por primera vez desde que abrió los ojos en ese cuerpo, sonrió con serenidad.
No la miraban con desprecio.
No la juzgaban todavía.
Solo la veían como una joven viuda rota.
Y estaba bien.
Porque a partir de hoy… se encargaría de que la vieran como algo más. Como una mujer fuerte. Respetada.
Alguien a quien nadie se atrevería a humillar… ni ahora, ni en cinco años.
Florence Evenson no sería la víctima de la historia.
Sería la que la reescribiera.
[seré la put4 ama! y al que no le guste que soporte!]