Me llamo Araceli Durango, y toda mi vida me han señalado como la mala del cuento.
La manipuladora.
La egoísta.
La que destruye todo lo que toca.
Y quizá tengan razón.
No nací siendo un monstruo…
Pero cuando te enseñan desde pequeña que el mundo solo respeta a los fuertes, aprendes rápido a ocultar tus heridas detrás de una sonrisa afilada. A empujar primero antes de que te empujen. A tomar lo que quieres, incluso cuando no deberías.
Durante años construí mi reputación:
la mujer que nadie podía engañar, la que siempre ganaba, la que controlaba cada pieza del tablero.
Todo iba bien… hasta que Yubitza Sandoval regresó a mi vida.
La chica que una vez llamé amiga.
La única que vio mi vulnerabilidad.
La que, sin saberlo, presenció el día en que dejé de ser víctima y me convertí en la villana que todos temen.
Ahora, Yubitza aparece con una sonrisa que me hiere más que cualquier golpe del pasado, dispuesta a demostrar que no soy tan invencible como aparento. Su regreso reabre las puertas
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El precio del silencio
Yubitza Sandoval nunca había pensado en huir, ni siquiera cuando todo empezó a derrumbarse a su alrededor, ni cuando las miradas en la universidad dejaron de ser cómplices y se volvieron acusadoras. Ni cuando los susurros la seguían por los pasillos como sombras, siempre creyó que el tiempo, o Elías, o la verdad, harían justicia.
Se equivocó.
La mañana en que la señora Martha Divas llegó a su vida, el cielo estaba cubierto de un gris pesado, como si incluso el clima supiera que algo definitivo estaba por ocurrir.
Yubitza estaba sentada en la sala de su casa, con una taza de café frío entre las manos, no había dormido, su madre la observaba desde la cocina, preocupada, y su padre hojeaba el periódico sin leerlo realmente. El ambiente estaba cargado de una tensión muda, esa que se instala cuando todos saben que algo va mal, pero nadie se atreve a nombrarlo.
El timbre sonó, tres veces, firme, autoritario, sin paciencia.
El padre de Yubitza fue quien abrió la puerta.
—Buenos días —dijo la mujer al otro lado, con una sonrisa perfectamente ensayada—. Soy Martha Divas, la madre de Elías Montenegro.—
El nombre cayó como una sentencia.
Martha entró sin esperar invitación, su presencia llenó la sala de inmediato, vestía de negro, elegante, impecable, con un collar de perlas que parecía más una advertencia que un adorno, no era una mujer que levantara la voz. No lo necesitaba, su poder estaba en la calma, en la certeza de que siempre obtenía lo que quería.
Sus ojos se posaron en Yubitza, la analizaron, la midieron y decidieron.
—Así que tú eres Yubitza —dijo, con una voz suave que helaba la sangre—. La famosa Yubitza.—
La joven se puso de pie, temblando apenas.—Señora Divas… yo…—
—No —la interrumpió Martha, levantando una mano—No vine a escuchar explicaciones, vine a cerrar un asunto.—
Los padres de Yubitza intercambiaron una mirada inquieta.
—¿De qué se trata todo esto? —preguntó su madre, tratando de sonar firme.
Martha se sentó en el sillón principal, cruzó las piernas con elegancia y abrió su bolso, sacó un sobre grueso y lo dejó sobre la mesa de centro.
El sonido fue seco, final.
—Su hija ha sido un problema —dijo sin rodeos—. Un obstáculo innecesario en la vida de mi hijo.—
Yubitza sintió que el aire le faltaba.—Yo no he hecho nada —susurró—. Elías y yo…—
—Elías es un hombre casado —la cortó Martha—. Casado con una mujer embarazada, una mujer de su clase, de su mundo.—
Cada palabra era un golpe preciso.
—Lo que ustedes llaman amor —continuó—, yo lo llamo un error juvenil, uno que ya ha causado suficiente daño.—
Empujó el sobre un poco más hacia adelante.—Ese dinero es para que su hija se vaya del país, hoy, mañana a más tardar.—
El padre de Yubitza se levantó de golpe.—¡Esto es un insulto!—
Martha ni siquiera lo miró.
—Es una oportunidad —corrigió—. Una muy generosa, estudios en el extranjero, una nueva vida, lejos del escándalo, le estoy comprando el futuro.—
Los ojos de Yubitza se llenaron de lágrimas.—¿Y Elías? —preguntó, con la voz rota—. ¿Qué hay de lo que él quiere?—
Martha sonrió, esta vez, con auténtica frialdad.—Mi hijo quiere paz, quiere estabilidad y sobre todo… quiere dejar de sentirse culpable.—
Se inclinó hacia adelante.—Y tú lo haces sentir culpable.—
Silencio.
—Si te quedas —continuó—, solo lo arrastrarás más al desastre, la prensa, los rumores, la humillación. ¿Eso es amor?—
Yubitza bajó la mirada, su corazón latía con fuerza, como si quisiera escapar de su pecho.
—No —susurró.
—Entonces sé inteligente —sentenció Martha—. Desaparece.—
La madre de Yubitza comenzó a llorar en silencio, el padre apretó los puños, derrotado por una realidad que no podía combatir.
—Mi hijo ya ha sufrido suficiente —agregó Martha mientras se ponía de pie— lo menos que puedes hacer… es dejarlo libre.—
Libre, la palabra resonó en la mente de Yubitza como una burla cruel.
Martha caminó hacia la puerta, pero se detuvo un segundo antes de salir.
—Ah —dijo, sin volverse—. Si rechazan mi oferta, las consecuencias serán… incómodas, para todos.—
La puerta se cerró, el silencio que quedó fue devastador.
Yubitza se dejó caer en el sillón, llorando sin sonido, sin dignidad, sin fuerzas, todo lo que había sido, todo lo que había soñado con Elías, se reducía ahora a un sobre lleno de dinero y una despedida forzada.
Esa misma noche, hizo su maleta, metió ropa, libros, recuerdos, dejó atrás fotos, regalos, promesas, cada objeto que abandonaba era una herida nueva.
Antes de salir, escribió un mensaje que nunca envió.
Te amo, pero me voy.
En el aeropuerto, mientras anunciaban su vuelo, Yubitza miró por última vez su ciudad, no sabía si algún día volvería, no sabía si Elías entendería, solo sabía una cosa...
No se iba porque dejara de amar, se iba porque el amor, en ese mundo, no valía nada frente al poder.
Y mientras el avión despegaba, en otra parte de la ciudad, Martha Divas brindaba en silencio por haber protegido a su hijo… sin imaginar que, al expulsar a Yubitza, acababa de alimentar al verdadero monstruo que crecería dentro de su matrimonio.
Martha había movido una pieza en el tablero sin darse cuenta.
No lo hizo por Araceli.
Lo hizo por orgullo, por control, por esa idea retorcida de protección que solo conocen las madres que creen poseer a sus hijos. Al expulsar a Yubitza del país, Martha creyó que estaba salvando a Elías de un error, limpiando su nombre, devolviéndolo al camino correcto.
Pero lo que en realidad hizo fue sellar su condena.
Elías no lo supo de inmediato, al principio sintió alivio, el silencio, la ausencia de miradas acusadoras, la calma aparente de una casa donde todo parecía en orden, Araceli cumplía su papel a la perfección, la esposa dedicada, la futura madre, la mujer “adecuada”, nadie veía las grietas, nadie quería verlas.
Excepto él.
Porque la culpa no se fue con Yubitza, se quedó, se volvió más pesada.
Cada noche, Elías miraba a Araceli dormir y sentía un vacío que no sabía nombrar, algo no encajaba, algo estaba mal desde el origen, pero ya no tenía a quién preguntarle, la verdad había sido comprada, empacada y enviada lejos.
Y Araceli… Araceli entendió.
Entendió que el tablero estaba a su favor, que la reina se había movido sin saber que estaba protegiendo a la verdadera villana, con Yubitza fuera, Elías estaba solo, vulnerable, cansado, exactamente como ella lo necesitaba.
Martha había querido darle paz a su hijo.
Le había dado una jaula.
Una hecha de deber, de silencio y de un matrimonio sin amor.
Elías Montenegro quedó atrapado entre lo que debía ser y lo que nunca pudo elegir y mientras su madre dormía tranquila, convencida de haber hecho lo correcto, Araceli sonreía en la oscuridad.
Porque el infierno no siempre empieza con fuego.
A veces empieza con una decisión tomada “por tu bien”.
además de que fortuna habla si ella no tiene dendo caerse muerta será la fortuna de La familia de Elias y eso dudo que los padres del permitan eso y menos la acepten a ella y a esa niña ya que para ellos su único nieto es Máximo y su único heredero y ellos no creo que caigan en la manipulación de una niña en cambio Elias yo creo que si ya que su hijo no la ve como padre más bien como un extraño así que este si caerá en la trampa de Yubitza
lastima que esta mujer use asu hija y le enseño de pequeña a manipular solo la usa como una herramienta para subir de estrato y habría camino
a diferencia de Aracelis ella no utiliza a su hijo ni lo obliga a estar con su padre ella solo deja que su hijo sea feliz y tenga una vida normal como un niño mientras ella lo protege y además no solo tiene a la mamá si a los abuelos maternos y paternos que lo quieren y a un padrino que lo quiere lo protege y es capaz de hacer cualquier cosa por el incluso destruir a quellos qué quieran acelerar daño o a destruir su paz
así que Yubitza no la tendrá fácil y espero que Aracelis no caiga en su trampa y mas bien le haga creer a la Yubitza que sus planes están saliendo bien y ojalá ella descubra que en su casa hay una espía una traicionera que se vendio
que no es la persona que el cree solo espero Araceli no caiga en sus juegos si ella no necesito a Elías en el momento que debía ser no lo necesitará ahora
solo espero sea correspondido por Araceli
que se vaya con su gran amor y será la peor Araceli ahora tiene algo que proteger y no dejar que sea Tratado como a ella la trataron