Morí sin haber amado…
y desperté en un mundo donde el destino se divide en Alfas, Deltas, Omegas y Enigmas.
Reencarnado como un omega en una era antigua llena de magia y alquimia, Arion finge amnesia para sobrevivir.
Todo cambia cuando conoce a Eryndor, un poderoso Enigma capaz de escuchar los pensamientos más profundos del omega… incluso los recuerdos de una vida pasada.
Un amor prohibido.
Un destino que desafía las leyes.
Una familia nacida contra todo pronóstico
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Capítulo 15: El calor que no entiendo
Arion despertó con una sensación extraña.
No era dolor.
No era miedo.
Era un calor interno, profundo, como si su cuerpo estuviera despertando algo que había permanecido dormido demasiado tiempo.
Se incorporó lentamente en la cama, respirando con cuidado. Su piel estaba más sensible de lo habitual, y cada roce de las sábanas le provocaba un leve estremecimiento que lo hizo fruncir el ceño.
—¿Qué… me pasa? —susurró.
Su mente racional, la de su vida pasada como enfermera, buscó explicaciones lógicas. ¿Fiebre? ¿Estrés? ¿Cambios hormonales?
Pero el cuerpo que habitaba ahora no seguía esas reglas.
El aroma del aire era distinto esa mañana. Más intenso. Más presente. Como si pudiera percibir cosas que antes no estaban ahí. Tragó saliva cuando una sensación de vacío suave, insistente, se instaló en su pecho.
No era desagradable.
Pero tampoco sabía cómo manejarla.
Al levantarse, el mareo lo obligó a apoyarse en la pared. Cerró los ojos, respirando hondo, intentando calmar ese hormigueo que parecía concentrarse en su centro, recordándole constantemente que necesitaba algo… aunque no supiera qué.
Un golpe suave en la puerta lo sobresaltó.
—Arion —la voz de Eryndor sonó firme, pero preocupada—. ¿Estás bien?
El omega dudó un segundo antes de responder.
—Creo que… sí. Solo me siento raro.
La puerta se abrió despacio. Eryndor entró y se detuvo en seco, su expresión cambiando de inmediato. Sus pupilas se dilataron apenas, y su respiración se volvió más profunda.
Arion lo notó.
—¿Qué ocurre? —preguntó, nervioso.
Eryndor dio un paso hacia él… y luego se detuvo, como si se obligara a mantener distancia.
—Tu aroma cambió —dijo con voz contenida—. Es más intenso.
Arion sintió el rostro arder.
—No lo controlo —admitió—. Me siento… caliente por dentro. Y confundido.
Eryndor cerró los ojos un instante, como si ordenara sus propios pensamientos.
—Arion —dijo con seriedad—, lo que sientes es parte de tu naturaleza omega. No es peligroso, pero sí delicado.
El omega apretó los puños, inseguro.
—¿Es algo malo?
—No —respondió de inmediato—. Pero es algo que no deberías atravesar solo.
Arion levantó la vista, vulnerable.
—No quiero que pienses que… que estoy pidiendo algo que no entiendo.
Eryndor se acercó un poco más, manteniendo aún una distancia respetuosa.
—No pienso eso —dijo—. Lo que siento ahora no es deseo ciego. Es cuidado.
El calor en el cuerpo de Arion no desapareció, pero sus palabras lo tranquilizaron. Respiró con más calma, dejando que Eryndor tomara suavemente su mano.
El contacto fue suficiente para estabilizarlo un poco. El hormigueo seguía ahí, pero ya no era abrumador.
—Tu cuerpo está despertando —continuó Eryndor—. Y tu mente aún se está adaptando. Eso crea confusión… y emociones intensas.
Arion apoyó la frente en el hombro del Enigma, sin pensarlo demasiado.
—Tengo miedo de perder el control —susurró.
Eryndor apoyó su mano en la espalda del omega, firme y cálida.
—No lo perderás —aseguró—. Mientras confíes en mí… y en ti.
Arion cerró los ojos, dejándose sostener.
El calor seguía ahí.
La necesidad aún no tenía nombre.
Pero por primera vez, no se sentía solo atravesándola.
Y en lo profundo de su corazón, algo le decía que este despertar no era una amenaza…
sino el inicio de una nueva etapa de su vida.