un caos en tacones
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Cap 19
La Conciencia: ¡Pasen y vean! El búnker emocional de Renata ha sido oficialmente invadido. Estamos en su departamento: un lugar lleno de plantas, libros y un aroma a hogar que está volviendo loco a Alek. El gran mafioso está sentado en un sillón demasiado blando para él, sosteniendo una rebanada de pizza de pepperoni como si fuera un tesoro, mientras Katia finalmente se quedó dormida en el sofá abrazada a un cojín.
—Admítelo, Volkov —dijo Renata, limpiándose una mancha de salsa de la comisura de los labios—. Conduces así porque te crees el protagonista de una película de acción, no por el jugo de uva.
Alek soltó una carcajada ronca, relajándose por fin.
—Tal vez. Pero en mi defensa, Renata, nunca me habían regañado tanto en un solo día siento que tengo cinco años de nuevo.
—Bueno, es que a veces te portas como si tuvieras tres —replicó ella con esa chispa de sarcasmo que a él tanto le encantaba—. Eres un hombre lleno de secretos, Alek. Un día eres un grillo, otro día un corredor de Fórmula 1... ¿Cuál es el verdadero tú?
Alek la miró fijamente, la luz de las velas (porque Renata no quería prender la luz fuerte "para no despertar a la niña") hacía que sus ojos azules se vieran más profundos. Estaba a punto de decir algo real, algo sin filtros, cuando el timbre del departamento sonó como una alarma de guerra.
La Conciencia: ¡Corten! El momento romántico ha sido asesinado. ¿Quién toca a estas horas? Oh, esperen... reconozco esas risas.
Renata abrió la puerta y se quedó de piedra. Ahí estaba su hermana Sofía, luciendo radiante, y a su lado, un Ivan que parecía haber perdido el norte, el sur y la brújula. Venían cargando más cajas de pizza y una botella de vino que probablemente costaba lo mismo que el alquiler de Renata.
—¡Sorpresa, hermanita! —gritó Sofía, entrando como si fuera su casa—. Me encontré a este "muñeco de nieve" ruso perdido en la calle y decidí traerlo para que nos cuente historias de terror. ¡Hola, Alek! Veo que sobreviviste al manejo de tu chofer.
Ivan entró detrás, rascándose la nuca y evitando la mirada asesina de su jefe.
—Jefe... yo... la señorita Sofía es muy... persuasiva. Me dijo que si no la traía, me pincharía las llantas con un tacón de aguja. Y le creí.
La Conciencia: ¡Mírenlos! Es la cena más bizarra de la historia. Alek quiere matar a Ivan, Ivan no puede dejar de mirar a Sofía, y Sofía se está divirtiendo de lo lindo viendo a su hermana mayor ponerse roja como un tomate.
La cena se convirtió en un caos delicioso. Sofía, con su coquetería natural, empezó a sacar los trapitos al sol.
—¿Saben que Renata de niña tenía un diario donde decía que nunca se casaría porque prefería adoptar veintidós gatos? —soltó Sofía, sirviendo más vino—. Decía que los hombres eran "distracciones con mal olor".
—¡Sofía! —protestó Renata, escondiendo la cara entre las manos.
—Bueno —intervino Ivan, ya con un poco de vino encima—, Alek una vez intentó cocinar para una cita en Moscú y terminó llamando a los bomberos porque confundió el aceite con... bueno, con algo inflamable. El hombre es una amenaza en la cocina.
Alek gruñó, pero terminó sonriendo. Ver a Renata reírse a carcajadas de sus desgracias culinarias era mejor que cualquier trato comercial exitoso.
—Parece que los dos somos un desastre en el amor, Maestra —susurró Alek, acercándose a ella mientras los otros dos discutían sobre música en el balcón.
—Un desastre total, Grillo —respondió ella, mirándolo con una ternura que ya no podía ocultar—. Pero al menos la pizza está buena.
La Conciencia: ¡Esto es vida! Pero mientras ellos ríen y Sofía vuelve loco a Ivan, afuera, en la oscuridad, una cámara fotográfica hace "clic". El grupo rival ya tiene la foto de "la familia feliz". La burbuja de paz está a punto de explotar, y esta vez, no habrá regla de madera que los salve.
besos xxx