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El Precio Del Mañana

El Precio Del Mañana

Status: En proceso
Genre:Terror / Aventura / Apocalipsis
Popularitas:329
Nilai: 5
nombre de autor: Anthony Medina

La guerra terminó, pero la pesadilla acaba de despertar.

NovelToon tiene autorización de Anthony Medina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 20: EL VENENO DE LA VERDAD

Mirando fijamente a aquellos ojos desafiantes llenos de furia le dijo en un tono cálido casi seductor —Pruébalo, Elías. Es una reserva de antes del colapso. Un recordatorio de que la belleza no tiene por qué morir con la civilización

—dijo ella, su voz fluyendo como seda sobre el metal de las cadenas.

Elías no tocó la copa. Su mirada era una advertencia constante.

—¿Cuándo vas a dejar de jugar a la anfitriona, Celina?

—siseó Elías

— Ambos sabemos que esto no es una cena. Es un interrogatorio.

Celina soltó una risa suave y se levantó. Rodeó la mesa con paso felino, deteniéndose justo detrás de él.

Elías sintió el calor de su cuerpo y el aroma a jazmín que emanaba de su piel, un contraste violento con el olor a pólvora y hongo que él cargaba en los poros. Ella puso sus manos sobre los hombros de Elías, y sus dedos, largos y adornados con anillos de oro, empezaron a masajear la tensión de sus músculos recuperados.

—Eres tan rígido... tan disciplinado

—susurró ella al oído de Elías, rozando el lóbulo con sus labios

— Alexia te ha convertido en una estatua de hierro para su templo. Pero hasta el hierro se quiebra si se le aplica el calor suficiente.

Celina se inclinó más, dejando que su pecho rozara la espalda de Elías. Sus manos bajaron lentamente por el torso de él, deteniéndose justo donde terminaban las costillas.

Fue una insinuación clara, directa, diseñada para romper su guardia. Elías apretó los dientes, sintiendo una furia gélida. Amaba a Alexia con una devoción casi religiosa, y cada roce de Celina se sentía como una profanación.

—Alexia no es quien tú crees, Elías

—continuó ella, ignorando el rechazo físico de él

— Tú la ves como la santa de la Ciudadela, pero yo tengo los registros del Punto Cero.

Celina caminó hacia el frente y dejó caer un pequeño dispositivo de datos sobre la mesa.

Un holograma se activó, mostrando bitácoras médicas firmadas por la propia Alexia. Elías leyó los encabezados y sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies: “Protocolo de Sacrificio Selectivo: Fase 5. Viabilidad de la Simbiosis en Exploradores de Élite”.

—Ella sabía que el hongo no se podía detener, Elías. Sabía que la única forma de que Aegis sobreviviera era que algunos de vosotros os convirtierais en puentes biológicos. Marco no solo se sacrificó; fue el primer experimento que ella autorizó para ver cuánto tiempo podía resistir un hombre antes de perder la conciencia. Ella te envió aquí no para buscar una cura, sino para ver cuánto tardabas tú, su mejor espécimen, en mutar.

Mientras Celina vertía su veneno en la mente de Elías, tres pisos más abajo, Jake estaba viviendo su propio infierno. El fragmento de la placa de Marco estaba ensangrentado; el chico se había cortado las manos en el esfuerzo por forzar la cerradura de la celda, pero finalmente, el mecanismo cedió con un chasquido metálico.

Jake se deslizó fuera de la celda, moviéndose por los conductos de ventilación. El aire allí arriba estaba viciado y lleno de polvo, pero le permitía ver lo que ocurría en las salas de armas de la Hermandad.

—Tengo que llegar al palco

—pensó Jake, arrastrándose con una determinación que quemaba

— Tengo que sacar a Elías de ahí antes de que ella lo termine de romper.

En su camino, Jake encontró una rejilla que daba a una oficina privada. Allí, vio algo que le heló la sangre: el arsenal de percusión de la Hermandad. Cientos de rifles y pistolas idénticos a los de Elías, listos para un asedio. Pero lo más importante era un mapa táctico de la Ciudadela Aegis con puntos rojos marcando las entradas de aire. Celina no mentía sobre su ambición; el ataque era inminente.

De vuelta en el escenario, Celina se había sentado en el regazo de Elías. Sus manos ahora buscaban el rostro de él, obligándolo a mirarla. Elías sentía la presión de su cuerpo, la invitación sexual que ella usaba como una última herramienta de control.

—Mírame, Elías. Olvida a la mujer que te oculta la verdad. Quédate conmigo. Puedo darte el mundo que Alexia solo puede soñar. Puedo darte un cuerpo que no sienta dolor y un deseo que nunca se agote.

Ella se desabrochó ligeramente el escote, acercando el rostro de Elías al suyo, buscándole los labios en una provocación final. Elías podía sentir su aliento. Era el momento de la verdad: ceder ante la tentación de una reina que le ofrecía todo, o seguir fiel a una mujer que, según las pruebas, lo había traicionado.

Elías la miró fijamente. Sus ojos de lobo ya no estaban cansados.

—Celina...

—susurró él, y ella sonrió, creyendo que lo había vencido

— Tienes razón en algo. Soy un arma. Pero las armas no eligen a su dueño por la verdad. Eligen por la lealtad. Y mi lealtad no se compra con sexo ni con mentiras.

En ese momento, el techo sobre ellos crujió. Jake había llegado a la posición de disparo.

1
Isabel Ortega
gracias por actualizar Escritor muy bueno.
Isabel Ortega
me equivoqué de nombre Celina
Isabel Ortega
Elías fiel a Alexia espero qué puedan escapar de Celia
T.gaitán
eso jake, aprende que no estás cultivando flores.
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