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El Taxista Y La Dama De Rojo

El Taxista Y La Dama De Rojo

Status: Terminada
Genre:Venganza de la protagonista / Equilibrio De Poder / Dejar escapar al amor / Aventura de una noche / Completas
Popularitas:73.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria L C

Itzcelina Bocanegra dejo todo por el amor de Luca Harrison.
Adrian Stuart ama a su esposa.
una noche unidos por la traición se encuentran.
¿Que pasará entre ellos dos?

NovelToon tiene autorización de Maria L C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 2

Itzcelina Bocanegra siempre fue la hija perfecta.

Llegaba a la hora, obedecía sin chistar, se vestía bien y hablaba dulce, aunque no quisiera. Desde chica aprendió a portarse bien, a bajar la mirada cuando su papá hablaba y a sonreír en las fiestas, aunque estuviera cansada. Entendió rápido que en su familia no importaba ser feliz, sino representar bien a los Bocanegra, con buena conducta y obediencia.

Como hermana mayor de cuatro hijas, Itzcelina fue como una segunda mamá. Celene, Tamara y Luz la seguían a todos lados. Les arreglaba el pelo para la escuela, revisaba sus tareas, calmaba sus peleas y las defendía, aunque supiera que estaban mal. Sus papás trabajaban mucho en la empresa familiar, así que ella se encargaba de todo en casa.

Era el ejemplo. La perfecta. La intachable.

Y así fue por años.

Hasta que conoció a Lucas Harrison.

Lucas no pertenecía a su mundo.

No usaba trajes caros ni hablaba de negocios. Sus manos eran toscas, de tanto trabajar. Olía a aceite y metal, no a perfumes finos. Estudiaba de noche después de trabajar todo el día en un taller, y aun así sonreía, como si la vida fuera algo bueno.

Tenía sus propios sueños. Unos que no dependían de su apellido ni de herencias. Sueños que había logrado solo.

Se conocieron en una tarde de lluvia.

El cielo estaba lluvioso, la ciudad atascada y el carro de Itzcelina se dañó justo al doblar en una calle pequeña. El motor falló un par de veces y luego se apagó frente a un taller pequeño, con un cartel viejo y oxidado.

Itzcelina se frustró. Su abrigo se mojó, el pelo se le pegó a la cara y el chofer no había podido ir ese día.

Salió del carro molesta, sin darse cuenta de que alguien la veía desde el taller.

Lucas la vio justo cuando ella cerró la puerta del carro de golpe.

Por un segundo, el taller se silenció. Solo existía esa mujer con cara de pocos amigos, labios que temblaban y una elegancia que no pegaba en ese lugar lleno de grasa.

Se secó las manos y se acercó.

—¿Te puedo ayudar? —preguntó, con una sonrisa tímida.

Itzcelina lo miró de arriba abajo.

—No sé si tenga arreglo… Empezó a fallar y… bueno, ya ves.

Lucas asintió y abrió el capó del carro. Se agachó, revisó el motor y empezó a trabajar con cuidado. No habló por media hora, concentrado, mientras seguía lloviendo.

Itzcelina se quedó quieta.

Vio cómo sus manos se movían con seguridad, cómo fruncía el ceño cuando algo no cuadraba, cómo sonreía al encontrar la solución. Nunca había visto a alguien disfrutar tanto su trabajo.

—Listo —dijo al final—. Intenta ahora.

El motor arrancó de inmediato.

Itzcelina respiró aliviada.

—Gracias —dijo, y por primera vez lo miró bien.

Lucas sonrió, nervioso.

—No fue nada.

Compartieron número de teléfono. Esa tarde se despidieron con una sonrisa que ninguno olvidó.

Al día siguiente, Lucas le escribió.

El primero de muchos mensajes.

Poco a poco, lo prohibido se volvió normal. Cafés lejos de su casa, paseos de noche, mensajes a escondidas, llamadas de madrugada. Lucas le contaba de sus planes, de poner un taller de carros personalizados, de viajar sin permiso, de vivir sin miedo.

Y por primera vez, Itzcelina sintió que podía respirar. Que podía decidir por sí misma.

El día que lo llevó a cenar a su casa y presentarlo como su novio fue el principio del fin.

La mesa estaba perfecta. La vajilla buena, las copas brillantes, la comida preparada con cuidado. Lucas llegó con una camisa normal, nervioso, tratando de no desentonar.

León Bocanegra lo miró callado.

Imelda apenas probó la comida.

Celene, Tamara y Luz hablaban entre ellas sin disimular.

—¿Y tú… dijiste que trabajas en un taller? —preguntó León, con tono seco.

—Sí, señor. También estudio ingeniería mecánica de noche. Estoy en el último año.

—Ya. ¿Y cómo piensas mantener a una mujer como mi hija?

Lucas respiró hondo.

—Trabajando. Y respetándola. Sé que ella merece lo mejor y quiero dárselo.

—¿Y quién decide qué es lo mejor? —preguntó León—. ¿Tú?

Lucas lo miró a los ojos.

—El amor, señor.

León golpeó la mesa.

—En esta casa, el amor no paga las cuentas.

Esa noche León gritó mucho, Imelda lloró y las hermanas se encerraron sin hablarle.

Al día siguiente, todo cambió.

Le quitaron su cuenta de banco.

Sacaron su carro de la casa.

Bloquearon su tarjeta de crédito.

Cuando intentó hablar con su mamá, Imelda casi ni la miró.

—Nos estás avergonzando, Itzcelina. ¿Qué te pasa? ¿Qué hicimos mal?

—Nada, mamá. Solo me enamoré.

—Eso no es amor. Es un simple gusto.

Su papá fue más directo.

—Tienes una semana para terminar con ese muchacho. O te olvidas de tu familia.

—¿Quieren eso? ¿Que elija entre ustedes y lo que siento?

León la miró fríamente.

—Ya elegiste. Y elegiste mal.

A Itzcelina le dolía el corazón. Quiso gritar, quiso llorar, pero respiró hondo.

—No voy a dejar a Luca.

León golpeó la mesa.

—¡Entonces vete!

Imelda gritó.

Celene la miró mal.

—Nos arruinas la vida a todos.

Tamara ni la miró.

Luz bajó la cabeza.

Esa noche, Itzcelina empacó ropa y libros. Cada cosa que guardaba era un recuerdo, una despedida. No sabía a dónde ir, pero no podía seguir ahí.

Solo le quedaba Lucas.

El apartamento era pequeño, arriba del taller. Olía a aceite, los muebles eran sencillos y la luz era tenue.

Itzcelina tocó la puerta.

Lucas abrió y se sorprendió al verla llorando.

—Itz…

Ella no dijo nada. Lo abrazó fuerte.

Lucas la abrazó también, sintiendo cómo temblaba.

—Me echaron de mi casa… por mi culpa —dijo ella, con la voz quebrada.

—No —dijo él—. Te fuiste por ti.

Luca cerró los ojos y la abrazó.

—No voy a dejar que te hagan daño —dijo—. Te voy a cuidar. Nos podemos casar mañana mismo.

Itzcelina lo miró. Tenía los ojos rojos, pero estaba tranquila.

Pensó en su familia. En la casa que ya no era suya. En la niña buena que había sido.

Sonrió, una sonrisa triste pero segura.

—Sí —dijo—. Casémonos.

Esa noche durmieron abrazados en un colchón sencillo, escuchando la lluvia. Itzcelina lloró hasta quedarse dormida. Lucas prometió que ella nunca se arrepentiría de haberlo elegido.

Al amanecer, el mundo seguía igual, pero ellos no.

Casi no había gente en el registro civil. Firmaron temblando, se dieron anillos sencillos y se besaron con ganas.

—Ahora somos familia —dijo Luca.

—La única que necesito —dijo ella.

No fue fácil.

Los primeros meses fueron duros, llenos de dudas y de noches en las que Itzcelina extrañaba a sus hermanas. Lucas trabajaba mucho, estudiaba, llegaba cansado, pero nunca se quejaba.

—Todo va a salir bien —le decía—. Te lo juro.

Y ella quería creerle.

Había perdido su apellido.

Pero era libre.

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❤Angelita♥
Magistral obra, la recomiendo ampliamente.
Maria🌊😭
hermosa historia me encantó de principio a fin
Carol Rueda (V)
muy bonita historia felicitaciones
Viviana Bustos Aldana
Hermosa novela, Maryta de mi corazon no solo leí tu obra, la viví, me llevaste a perderme en ese mundo de fantasía. Tienes un don increíble para transformar palabras en realidades, bendiciones 🙏🙏🙏
MARYTANCHY: gracias corazón por tu apoyo
total 1 replies
Viviana Bustos Aldana
Me dio pena por Lucas
Viviana Bustos Aldana
Siempre supo lo que tenía, pero nunca pensó que lo perdería
Viviana Bustos Aldana
Ni modo Lucas asume las consecuencias de tus malos actos 😒😒😒
Viviana Bustos Aldana
Que bonito 🥹🥹
Viviana Bustos Aldana
Debe ser lo más bonito que les puede pasar en la vida 🥹🥹🥹🥹
Viviana Bustos Aldana
Maryta dice con el pelo canoso y muy "estéril.legante" para que corrijas cuando puedas, siento que querías escribir elegante y se fue la otra palabra o no sé la verdad 🤔🤔
MARYTANCHY: 😜 ya voy
total 1 replies
Viviana Bustos Aldana
Perdiste tu oportunidad hace tiempo, ya no jodas más 😒😒😒😒
Viviana Bustos Aldana
No fue antes ni después, fue justo cuando el corazón estaba listo para reconocerse en el otro. El destino no se equivoca cuando decide entrelazar dos vidas que estaban hechas para encajar, el complemento perfecto 🥰🥰🥰🥰
Viviana Bustos Aldana
Sigue tomando malas de decisiones, ni modo que sufra por estúpida 😒😒😒
Viviana Bustos Aldana
Al final la vida puso las cosas en su lugar. Nadie la obligó a fallar a su palabra, a su pareja; simplemente está recibiendo el resultado exacto de las malas decisiones que tomó
Viviana Bustos Aldana
Basta un mensaje de la persona que amas para que puedas estar en calma 🥰🥰
Viviana Bustos Aldana
Merecen una vida donde sean la prioridad, no la opción de nadie. 🥰🥰🥰
Viviana Bustos Aldana
Vas a ver que tu propia compañía es el lugar más seguro del mundo. Estar sola no es un vacío, es el espacio perfecto para conocer a la mujer increíble que eres y que habías dejado en pausa.🥰🥰
Viviana Bustos Aldana
Adrian es un amor 🥰🥰🥰🥰
Viviana Bustos Aldana
Bien cínico el desgraciado 🤬🤬🤬
Viviana Bustos Aldana
El cabrón no le duele terminar con Itzcelina, solo piensa en que le tocará darle parte del dinero
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