"Antes de la leyenda, existió una verdad oculta entre las sombras del bosque. María Clara solo buscaba sanar con sus brebajes, pero una premonición de muerte y un amor prohibido marcaron su destino para siempre
Precuela de la novela amor sobrehumano
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Capitulo 19 - Luciana presencia el asesinato de una persona
En la habitación de Nicolás, el eco de su pesadilla aún flotaba en el aire. Alejandra, apartando a Adela con brusquedad, estrechó a su hijo contra su pecho.
—Tranquilo, mi amor. Mamá está aquí y no permitirá que vuelvas a tener esos sueños —susurró con una posesividad asfixiante.
—Mamá, ¿Adela puede quedarse hasta que me duerma? —pidió el niño.
—No. Yo velaré tus sueños —sentenció Alejandra, dejando claro quién mandaba en ese corazón.
Adela se retiró a la cocina, suspirando. Sabía que ese niño crecía rodeado de un amor que asfixiaba, mientras sus hermanas, Isabella y Ana María, languidecían en el olvido de su madre.
El Pasaporte a la Libertad
En la guarida, el Jefe de los Vampiros no podía creer el informe de sus súbditos.
—¿Una niña que corre velozmente? ¡Eso es imposible! —rugió—. Solo nosotros tenemos ese don. Olviden esa fantasía y encuentren a las hijas de la hechicera. Ellas son nuestro pasaporte a la libertad. Si fallan, no solo no beberán el brebaje solar, sino que conocerán el verdadero castigo.
Secretos Compartidos
A la mañana siguiente, Adela visitó la cabaña.
—Le mentí a Salvador, Soledad. Le dije que el padre de la niña apareció y las sacó de la pobreza. Ya no volverá a insistir.
—Gracias, Adela. Es lo mejor —respondió Soledad, sintiendo que un peso se le quitaba de encima.
Adela le contó sobre la pesadilla de Nicolás: la niña de colmillos que lo atacaba. Soledad sintió un escalofrío. «Sus destinos se están cruzando incluso en sueños», pensó. Adela también le confesó el infierno que vivía Salvador con Alejandra, un matrimonio sostenido
El Salto del Tiempo (Diez años después)
Los años pasaron como ráfagas de viento entre los pinos. Luciana ya no era la niña que jugaba con conejos; se había convertido en una adolescente de belleza salvaje y habilidades asombrosas. Se movía por las copas de los árboles con la gracia de un depredador, alimentándose de los frutos más altos y vigilando el bosque que consideraba su reino.
Mientras tanto, en el jardín de la Mansión Pérez, Nicolás estudiaba con una disciplina férrea.
—Eres muy juicioso, Nico —le dijo Adela, alcanzándole un jugo—. No como tu hermana Ana María, que es una rebelde.
—Tal vez es por la falta de cariño de mi madre, Adela —susurró Nicolás con amargura—. Ella me prefiere a mí y hace que mis hermanas sufran. Me siento culpable. Además... sigo odiando a mi padre por haberme abandonado.
Testigo de un Crimen
Lejos de la mansión, Luciana observaba desde la rama de un roble una escena que le heló la sangre. Dos asaltantes tenían amordazado al gerente de un banco local.
—El dinero está completo —dijo uno, contando los billetes manchados de codicia—. Pero no podemos dejarte ir.
Luciana vio, con horror, cómo el asaltante le disparaba al hombre a sangre fría. El estruendo de las balas resonó en el bosque, rompiendo la paz que ella tanto amaba. Al intentar huir para pedir ayuda, su pie rompió una rama seca.
—¿Escuchaste eso? —dijo el cómplice, girándose bruscamente.
—¡Es una joven! ¡Lo vio todo! —gritó el asaltante, apuntando con su arma hacia los arbustos donde Luciana se ocultaba.
Luciana se quedó petrificada. Por primera vez en su vida, su velocidad no era solo un juego; era su única oportunidad de sobrevivir a la maldad humana.