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Fingimos Ser Nosotros Mismos

Fingimos Ser Nosotros Mismos

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Malentendidos / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:772
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Luna es una creadora de contenido y diseñadora UX que se hace pasar por su hermana Sol para contraer un matrimonio arreglado con Gael, un fundador de ciberseguridad al que todos llaman "lobo de negocios". Pero él ya sabe la verdad – su fachada feroz es solo para proteger a los suyos – y juntos hacen un pacto para investigar las amenazas que acechan a la empresa de su hermana.

Mientras trabajan en equipo, las reglas de su mentira empiezan a romperse: descubren una pasión compartida por la tecnología con propósito, y cada día se acercan más. En un mundo donde la imagen parece todo, tendrán que decidir si seguir fingiendo o atreverse a ser ellos mismos – porque el único código que nunca falla es el del amor construido sobre la autenticidad.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 15

A la mañana siguiente, desperté en la casa de la abuela con el aroma de café y churros que se colaba por la puerta de la habitación. Me senté en la cama y recordé todo lo que había pasado la noche anterior – la confesión a la abuela, el pedido de mano de Gael, la promesa de una boda de verdad. Sentí una sensación de alivio y felicidad que no había sentido en mucho tiempo.

Me levanté y me dirigí a la cocina, donde encontré a Gael sentado en la mesa, hablando con la abuela mientras preparaba café. Cuando me vio, sonrió y se levantó para darme un beso suave en los labios.

“Buenos días, mi amor”, dijo con una sonrisa que iluminó su rostro. “La abuela está haciendo churros caseros – dice que son tus favoritos.”

“¡Qué maravilla!” respondí, abrazándolo brevemente antes de sentarme a su lado. La abuela me sonrió y me sirvió una taza de café con leche y un plato lleno de churros con chocolate caliente.

“Mija”, dijo la abuela, sentándose frente a nosotras. “He estado pensando en vuestra boda, y creo que deberíamos hacerla en primavera – en abril, cuando las flores ya están floreciendo en la iglesia. Así podremos decorarla con jazmín y rosas, como siempre soñaste.”

Me sonrojé y miré a Gael, que me cogió la mano bajo la mesa.

“Me encanta la idea”, dije. “Y además, en abril ya habremos empezado las jornadas de ‘Tecnología con Causa’ – podríamos invitar a algunos de los jóvenes que participen, para que formen parte de nuestro día especial.”

“Eso sería genial”, respondió Gael. “Quiero que nuestra boda sea más que una celebración – quiero que sea un símbolo de todo lo que creemos: la importancia de ayudar a los demás, de ser auténticos y de construir un futuro mejor.”

Mientras hablábamos, escuchamos el sonido de unos pasos en el pasillo – Sol bajaba las escaleras, vestida con unos pantalones cómodos y una camiseta de VerdeFuturo.

“Buenos días a todos”, dijo, sonriendo mientras se sentaba a nuestra lado. “Oigo que estáis hablando de la boda – ¿ya habéis decidido la fecha?”

“En abril”, respondí la abuela, sirviéndole café. “Y esta vez será una boda de verdad – sin más sustituciones, ¿vale?”

Sol se rió y asintió, mirándome con una expresión de felicidad.

“Claro que sí, abuela. Esta vez Luna será ella misma – como siempre debería haber sido.”

Después del desayuno, Gael tuvo que volver a Madrid para una reunión importante en SecureTech, así que cogimos el coche para llevarlo a la estación de tren. Mientras conducíamos por las calles de Sevilla, me senté a su lado cogiendo su mano, mirando cómo la ciudad se despertaba con el sol de la mañana.

“¿Estás nervioso por la boda?” pregunté.

“Un poco”, respondió Gael, sonriendo. “Pero más que nervioso, estoy emocionado. Quiero que todo salga perfecto – quiero darte la boda que te mereces.”

“Lo único que quiero es estar contigo”, dije, apretándole la mano. “El resto no importa – solo importa que seamos felices.”

Llegamos a la estación y nos despedimos con un beso largo y apasionado, prometiéndonos hablar por teléfono esa misma tarde. Luego Sol y yo volvimos a la casa de la abuela para ayudarla con algunas cosas de la casa – ella siempre decía que tener a la familia cerca era lo más importante.

Mientras limpiábamos el salón, Sol se acercó a mí y me cogió la mano.

“Luna”, dijo con voz seria. “Quiero disculparme de nuevo por todo – por haberte metido en este lío, por haberte obligado a ser yo, por no haberte contado la verdad a tiempo.”

“No hace falta que te disculpes, Sol”, respondí, abrazándola. “Tú me has enseñado mucho – me has enseñado a ser fuerte, a ser valiente, a luchar por lo que creo. Y gracias a ti, he encontrado a Gael, he encontrado mi lugar en VerdeFuturo… he encontrado a mí misma.”

Sol sonrió y se separó de mí, mirándome con orgullo.

“También quiero decirte algo más”, dijo. “He estado pensando en el departamento de diseño UX y contenido digital – quiero que sea completamente tuyo. Puedes contratar a tus propios equipos, decidir tus propios proyectos, incluso colaborar con otras empresas y creadores. Quiero que tengas toda la libertad que necesites para hacer las cosas a tu manera.”

Me quedé sin aliento, emocionada. Había sido siempre mi sueño tener un espacio donde pudiera crear sin límites, donde pudiera ayudar a otros a desarrollar su creatividad y su pasión por la tecnología.

“¿De verdad?” pregunté con voz temblorosa.

“De verdad”, respondió Sol con una sonrisa. “Tú te has ganado esto – con tu trabajo, tu dedicación y tu corazón. VerdeFuturo es mejor gracias a ti.”

Ese mismo día por la tarde, volvimos a Madrid. Cuando llegamos al apartamento, encontramos a Valen esperándonos en la puerta, con unas bolsas de compras en la mano y una expresión de emoción en la cara.

“¡No puedo creerlo!” dijo, abrazándome con fuerza. “Sol me ha contado todo – la boda, el departamento nuevo… ¡eres la más afortunada del mundo!”

“Lo sé”, respondí, sonriendo mientras entrabamos en el apartamento. “Pero también lo soy gracias a ti – siempre has estado ahí para mí, siempre me has apoyado.”

Valen puso las bolsas sobre la mesa y sacó una botella de vino y tres copas.

“Entonces celebramos”, dijo con una sonrisa. “Celebramos que la mentira haya terminado, que la verdad haya triunfado y que tu futuro sea más brillante que nunca.”

Mientras bebíamos vino y hablábamos de los planes para la boda y el nuevo departamento, escuché el sonido de la puerta abriéndose – Gael había vuelto más temprano de lo esperado. Se acercó a nosotros con una sonrisa y me abrazó fuerte, dándome un beso en la cabeza.

“Buenas noches, mi amor”, dijo. “He traído algo para ti.”

Sacó un pequeño cajita de madera de su bolsillo y se la entregó. La abrí con manos temblorosas y encontré dentro un anillo de plata con un diseño de circuito electrónico que se convertía en una flor – era precioso.

“Lo hice yo mismo”, dijo Gael, con una sonrisa un poco avergonzada. “He estado tomando clases de joyería en mi tiempo libre. Quería hacerte algo único, algo que representara lo que somos – tecnología y creatividad, lógica y corazón.”

Me quedé mirándolo, sin poder creer lo hermoso que era. Me puse el anillo en el dedo y me acerqué a él para darle un beso largo y apasionado.

“Me encanta”, dije con voz emocionada. “Es perfecto – justo como tú.”

Valen y Sol nos miraron con sonrisas, mientras bebíamos otro trago de vino y seguíamos hablando hasta bien entrada la noche. Mientras el fuego de la chimenea calentaba el salón y las luces de la ciudad brillaban por la ventana, me di cuenta de que había conseguido lo que siempre había soñado – ser feliz siendo ella misma.

A la semana siguiente, empecé a trabajar en el nuevo departamento de VerdeFuturo. Contraté a tres jóvenes diseñadores que había conocido en mis cursos online, y empezamos a planificar los primeros proyectos – una app para ayudar a las escuelas a enseñar tecnología a niños pequeños, una plataforma para conectar a creadores jóvenes con empresas que necesitaran su trabajo, y una serie de vídeos educativos sobre empoderamiento femenino en el mundo digital.

Gael y yo seguíamos trabajando juntos en las jornadas de “Tecnología con Causa” – habíamos alquilado un espacio grande cerca de la plaza Mayor de Madrid, y las inscripciones habían superado todas nuestras expectativas. Cientos de jóvenes se habían apuntado a los cursos de diseño UX, ciberseguridad, programación y contenido digital – muchos de ellos chicas que antes no se atrevían a meterse en el mundo de la tecnología.

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