_ Mamita... no me dejes aquí...- dijo la niña asustada. En medio de aquel bosque oscuro y aterrador.
_ No tengas miedo confía en mi pequeña, sólo espera aquí ¿Sí?- le indicó la madre, pero la mujer sabia muy bien que jamás vendría por ella- Escuches lo que escuches no te muevas de allí...
En ese instante da comienzo a mi caótica vida, conociendo a seres que nunca creí que existieran, un mundo de pesadillas, horror y misterio_ Conozcan mi vida, la vida de Bianca Scott.
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Capítulo. XIX. Seducción.
El cantar de las aves me hace abrir mis cansados parpados, estiro mi cuerpo con pereza, ya ha pasado una semana desde el compromiso, todo este tiempo estuve en mi habitación; hoy no será diferente. Me levanto y camino hasta el baño, darme una buena ducha hará que mi mente piense con más claridad.
La voz de Ann se hace escuchar por toda la habitación, tomo la toalla y salgo; ella me mira y llega a mi lado.
_ ¡Señorita por favor alístese! –me lleva a empujones.
_ Hoy no tengo el interés en salir. –digo sin ánimos. Ann sostiene mi rostro con ambas manos.
_ La señora Camyl y el señor Bastián se marchan hoy y usted como nuera debe estar presente. –hago una mueca de desagrado, al pensar que tengo que ver al idiota ese.
_ Bien lo haré. – camino hasta el armario y busco algo cómodo y mis ojos se posan en un vestido de mangas cortas de color celeste.
Me visto, luego me miro en el espejo y noto que aun llevo las extensiones, Ann llega por detrás.
_ ¿Desea quitárselas? –dice señalando mi cabeza.
_ No. Me gusta cómo me queda. –dejo salir una leve sonrisa.
_ Señorita cambie esa expresión tan sombría. –yo sólo me limito a bajar la mirada.
¿Cómo puedo disimular la rabia y tristeza? Mi corazón se siente tan vacío. Lo único que hago es seguir los pasos de Ann por el largo pasillo, al llegar a los escalones me sonríe.
_ Haga el intento por el señor que la aprecia. Usted no quiere que el señor Bastián se lleve esa expresión tan desolada.
Exhalo.
_ Tienes razón. –digo mostrando una falsa sonrisa; que parece que estoy a punto de llorar. Inhalo y exhalo tratando de calmar mis negativas emociones.
Arán y James están de lado mientras la muy perra de mi futura Suegra deja salir sus venenosas palabras; me tiene enferma. Camino hasta ellos.
_ Buen día ser Bastián. –le digo con una leve sonrisa. Él rápidamente me abraza.
_ Te echaré de menos mi bella niña. Dentro de unos mese vendremos para la boda.
Sus palabras son como espina para mí. Boda no quiero pensar en eso.
_ Lo estaré esperando. –indico con una sonrisa. Él es el único que me cae bien de esta familia de locos.
_ ¡Ya querido! –interviene Camyl. –espero no te pase lo mismo que la primera vez, sería muy miserable para ti. – finaliza con una sínica sonrisa.
Puedo ver como la cara de Arán se tensa ante sus palabras hirientes, en realidad no comprendo que quiso decir con eso, pero al parecer no es nada bueno que recordar. Después de despedirnos el silencio reina en la mansión.
Subo a la terraza y contemplo el inmenso jardín, el aire frío golpea mi cara con dureza… ¡Lucas! Ese nombre llega a mi mente, de inmediato me sobresalto al verme pensando en él. Al parecer Lucas es un mentiroso y mujeriego, de alguna manera mi pecho se siente herido. Debí verlo venir, algo tan bueno no podía ser cierto.
_ ¿Qué haces aquí? – escucho decir detrás de mí.
Al dar la vuelta me encuentro con la cara de Arán, tan inexpresiva como siempre. Suspiro.
_ ¿Tengo que creer lo de Lucas? –suelto esa pregunta que ronda mi cabeza. Él mi mira y sonríe.
_ ¿Tú que crees?
_ ¡Error! – digo. –responder con otra pregunta no es de inteligentes, al menos que evadas la verdad. –le respondo. Camino hasta llegar a su lado.
_ Yo no quiero ser la persona que mate tus ilusiones, pero no me dejas opción. – hace una pausa. –sí. Es verdad todos nosotros tenemos una mujer que será nuestra esposa en su debido momento y él no es la excepción Bianca. Tú y yo, ya no podemos dar vuelta atrás.
Que arrogante quiero golpearlo hasta que no pueda moverse más. No dejare que él juegue conmigo.
_ ¿Entonces debo de olvidarme de Lucas? –susurro muy cerca de su oído, él de inmediato retrocede. Mientras yo muestro una leve sonrisa.
_ Por supuesto. –responde sin inmutarse por lo sucedido.
Debo trabajar en algo, debo tentarle hacer que no deje de pensar en mí, juro que lo haré pagar por todas mis lágrimas derramadas. Lo observo. Él se dirige a uno de los viejos sillones de madera; yo lo imito.
_ Te lo advierto no pienso dejar de lado a la persona que me gusta. –su mirada se torna fría haciendo que el color de sus pupilas se vuelvan más doradas.
_ Bianca, no juegues conmigo. Serás mi esposa y por lo tanto debes respetar eso o tendré que tomar medidas poco ortodoxas contigo.
_ Querido ¿Eso es lo que creo? ¿Me amenazas? Que poca confianza tienes en ti.
Suspiro y desvíe la mirada a un lado. Las bellas flores se mecen por el fuerte viento de la mañana. Todavía puedo sentir la mirada de Arán sobre mí.
_ Que aburrido me parece tu romance con ese bastardo vampiro. –vuelvo la mirada hacia él.
_ Al menos no seré como María. –digo molesta. Se levanta y camina hasta mi lado.
_ No te atrevas a nombrarla con tu sucia boca. –sus palabras me duelen de algún modo, no sé por qué. Sin aviso me incorporo quedando casi a su altura y sin pensarlo mucho mi mano termina estampada en su mejilla.
Doy la vuelta, pero él me sujeta por la muñeca causando un dolor agudo.
_ ¡Maldita! – grita sin control.
Y de nuevo mi mano termina golpeándolo en el mismo lugar, mi cara arde de la rabia. Arán me da un empujón que me hace chocar contra el duro muro, y en menos de un segundo estaba acorralada por sus fuertes brazos, puedo sentir un leve aroma a rosas emanar de él.
Su mirada se clava en mi rostro.
_ Te haré sufrir mi querida Bianca. –dice con una voz aterradora.
De inmediato hago algo que yo jamás hubiera hecho en mis cinco sentidos. Tomo su cara entre mis manos y sin demora planto un beso corto, más bien diría un simple roce; me separo un poco de él y su mirada es de confusión y sin demora vuelvo a tomarlos, pero esta vez más íntimo.
Él parece no reaccionar ante mi beso y eso me hace sentir miserable, así que me giro para irme, pero siento como su mano sujeta mi cintura, haciendo que nuestros cuerpo queden tan cerca, su aliento cálido roza sobre mi cuello.
_ Así que te gusto. –dice interrumpiendo mis pensamientos. Mis ojos se abren al escucharlo hablar.
¿Gustarme? ¡No, no, no! Eso sí que no, pero… ya no sé qué pensar. Su rostro baja hasta el mío poseyendo mis pálidos labios, este beso es rústico, violento… es tan doloroso, intento zafarme de su agarre, pero es en vano, mis piernas van perdiendo las fuerzas ¿Dios que me pasa? Mi cuerpo reacciona de una manera impropia cuando estoy cerca de él.
Mis manos se mueven solas y terminan entre su plateado cabello, mientras sus brazos presionan mi cintura. Abro mi boca dejándole paso a su curiosa lengua, puedo sentir como recorre cada rincón de mi boca; algo caliente sube por mis piernas y llega a mi cabeza dejándome en la nada, aquella marca me arde como si mi piel estuviese expuesta ante el fuego.
Al verme casi perdida en ese delirante suceso, me alejo. Mi cuerpo tiembla y estoy buscando oxígeno para mis pulmones. Me lleno de valor y salgo a toda prisa de ahí. Al bajar la escalera me detengo y sin aviso mis piernas me abandonan dejándome caer al piso.
_ Te veré caer estúpido lobo. –dijo en voz baja.
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Un leve golpe en la puerta me hace volver a la realidad, al levantar la vista veo que es Ann.
_ Señorita aquí le traigo unos bocadillos; ya que usted no quiso bajar a cenar. –dice mientras coloca una taza con frutas y algo de pan tostado y un vaso de jugo.
Yo sólo me limito a verla servir, en cambio ella no deja de parlotear, dejo escapar un débil suspiro.
_ Coma algo. –escucho. Ann está muy cerca de mí. –usted no luce bien está un poco pálida, tome. –indica extendiendo el brazo con el plato repleto de frutas.
_ Gracias Ann.
Nunca pensé que mi vida sería tan deprimente, y lo más aterrador es que mi cuerpo actúa raro frente a Arán y eso lo odio.
_ ¿La señorita pretende seguir viendo al joven Lucas? – la voz de Ann me hace mirarla.
_ Quizás- digo sin muchas ganas. Ann suelta un grito ahogado. Toma mis manos.
_ Por favor detenga eso, déjelo hasta ahí. El joven Arán no merece ser tratado de esa manera y usted quedara mal parada si continua con ese capricho.
¿Capricho? Con que así lo ve ella. No puedo decir que amo a Lucas, pero tampoco lo odio, él es un buen chico… ese momento las palabras de Arán resuenan en mis oídos. –“Él tiene una prometida” –no sé qué pensar.
Ann ya se ha marchado, un silencio invade mi habitación, todo es tan oscuro y tranquilo que me asusta, sin demora después de ducharme entro en mi calentita cama, los ojos se van cerrando lentamente, permitiéndome caer en un profundo sueño.
_ ¡Shhhh! La despertaran. Si es mejor dejarla dormir.
Una voz se cuela en mi mente, entre abrí mis agotados parpados una figura reposa en mi ventana rápidamente me levanto y salgo de mi cómoda cama, mis pies se mueven por voluntad propia.
Alguien desconocido esta justo mirando por mi ventana ¡Lucas! Dije mentalmente. ¡Eso no puede ser! ¿Cómo pudo entrar aquí? Llego hasta el sillón y lo miro detenidamente es… es… él.
_ ¿Lucas? –dice mi boca imprudente como siempre. –él se gira y me dedica una sonrisa extraña, nada parecido al Lucas de esos días. – ¿Qué haces aquí? –articulo sin problema.
Él se da la vuelta y llega a mi lado, su mirada es profunda y el color de sus pupilas me aterran la verdad, ese color rojo brillan entre la escaza luz que se filtra por la ventana.
_ No puedo más. –dice en un susurro. –necesito más de ti. –al estar a mi lado coloco su cara entre mi delgado cuello. –extraño tu delicioso olor. Una mezcla entre lo conocido y lo prohibido.
Su aliento quema esa parte de mi piel. Intento moverme, pero no puedo mis pies ya no responde a mi cerebro. Sus manos suben hasta los botones de mi camisón, va desabrochando uno por uno. ¡Dios ayuda! Pido a gritos en mi mente. Logro bajar la parte superior del camisón hasta la mitad de mis brazos, con su otra mano acaricia mi rostro, descendiendo hasta mis temblorosos labios.
_ Tranquila no tengas miedo. –avisa adivinando mis pensamientos. –sólo quiero un poco de esa deliciosa sangre tuya. –su boca se posa en mi cuello succionando un poco, después su lengua recorre en círculos esa zona afectada y un punzante dolor me traspasa. Un grito ahogado sale de mi garganta.
Un sonido sordo se escucha a mi espalda, sacándome de ese trance hipnótico en el que me encontraba.
_ ¡Déjala! – escucho decir a Arán.
_ ¡Señorita! –grita James.
_ ¿Lucas que haces? –le digo casi sin voz. Él me mira arrepentido, y sin aviso James lo aleja de mi lado.
_ ¡Cómo te atreves a tocarla maldito vampiro! – vocifera James, plantando un golpe en el rostro de Lucas.
Siento unos brazos sujetarme fuertemente. Arán. Ese aroma me envuelve de nuevo, sus manos llegan hasta mi desnudo pecho y lo cubre; sin querer su mano roza mi marca, produciendo una sensación de calor y frío.
_ ¡Arán! –susurro débilmente, mientras me aferro a su camisa. –no me dejes sola.
Puedo sentir la mirada de Lucas sobre mí, estoy segura que me escucho perfectamente, pero en este momento no me importa nada que no sea ese chico lobo. Sin demora me saca de ahí. Entramos a su alcoba, me dejo caer poco a poco en el sillón.
Dio una mirada rápida a mi cuello sangrante, esa herida me duele horrible, algunos quejidos salen de mi boca no, lo puedo evitar es insoportable. Arán llego y coloco un poco de alcohol en mi herida y después la venda. Él se levanta para irse al otro extremo y yo lo sujeto del brazo obligándolo a sentarse de nuevo; nuestras miradas se cruzan, su mano suben a mi cara.
Un ruido hace que él se levante.
_ ¡Señorita! ¿Está bien? –dice Ann preocupada. Se acerca a mí presionando su cuerpo con el mío.
_ Estoy bien. –digo rápido.
_ Gracias a Dios. –aparta sus brazos de mi cuerpo y me sonríe aliviada.
_ ¡Lucas! –digo colocándome de pie. Ann me sujeta del brazo.
_ No vaya. –me ordena.
Yo miro a Arán y éste me da la espalda. Sé que está molesto, pero no es mi culpa que Lucas haya entrado a mi habitación así y más a estas horas de la noche.
_ Ann déjanos a solas. –esas palabras me dan escalofrío al igual que su distante mirada.
Ann sale sin decir nada, por dentro grito que no me deje sola con este loco.
_ ¿Qué hacía él en tu habitación? –eso es ser directo, le miro confundida.
_ No lo sé, yo sólo abrí mis ojos y él estaba parado en la ventana. –me defiendo.
_ ¡No te atrevas a revolcarte con ese asqueroso vampiro en mi propia casa! –vocifero.
¿Pero qué le sucede? ¿Hacer qué? Me levanto y camino hacia donde él esta.
_ No te atrevas a ofenderme. –digo indignada. Arán me observa distante. –él... –intento decir algo más pero nada sale. –no me crees. –digo bajando la mirada.
Suspiro y lo abrazo por detrás.
_ Dormiré contigo esta noche. –su cuerpo se tensa.
_ No probare las sobras de otro. –dice tajante.
_ Te odio. –digo vagamente.