Entregada a un implacable líder de la mafia para saldar las deudas de su padre, elena debe firmar un matrimonio por contrato de un año sin imaginar que el peligro real será enamorarse de su comprador.
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Capítulo 18: La jaula de los espejos del mafioso
El trayecto en la camioneta blindada se sintió interminable. Elena, sumida en un estado de entumecimiento y dolor físico tras la pérdida de su embarazo, permanecía en el asiento trasero escoltada por dos hombres armados que no pronunciaron una sola palabra.
El vehículo descendió por un pasadizo subterráneo privado hasta detenerse frente a una pesada puerta metálica de seguridad.
Al bajar, el contraste la dejó sin aliento. Lejos del aire frío de la noche, se encontró en un entorno sofocante decorado con terciopelo carmesí, luces doradas tenues y espejos de marco recargado que cubrían las paredes. El suave aroma a perfumes costosos y tabaco dulce llenaba el aire, pero detrás de la opulencia se percibía un peligro denso y perturbador.
Sin darle explicaciones, los guardias la entregaron a Madame Odette, la encargada de La Maison Royale, el burdel VIP más exclusivo y hermético del imperio Vance.
—Mírenla... qué joya tan frágil ha enviado el señor Vance —murmuró Odette con una sonrisa helada, evaluando a Elena de pies a cabeza mientras la sujetaba del mentón—. Preparen la suite de cristal en el piso privado.
El señor Vance dejó instrucciones muy claras: debe estar lista para la subasta de la próxima semana. Los clientes más acaudalados de la ciudad pagarán fortunas por ella.
Las palabras de la mujer retumbaron en la mente de Elena como una descarga eléctrica. El horror la paralizó por completo. No la habían llevado a una prisión común ni a otra propiedad de la familia; Alexander la había arrojado al lugar más abyecto de su imperio para ser vendida al mejor postor entre hombres poderosos, pervertidos y sin escrupulos.
En su habitación, Elena se dejó caer al suelo en la penumbra. Se abrazó las rodillas, temblando mientras las lágrimas silenciosas empapaban su rostro. La traición de Alexander, su crueldad absoluta al culparla sin escucharla y la pérdida traumática de su bebé habían terminado por fracturar los últimos vestigios de su estabilidad emocional. Su mente, desgastada por semanas de encierro, violencia psicológica y miedo constante, comenzó a sumergirse en una oscuridad profunda y fragmentada.
Mientras tanto, en la mansión, Alexander se volvió una figura aún más terrorífica. Si antes era un hombre calculador e inflexible, la supuesta traición de Elena y la pérdida de su heredero terminaron por extirpar cualquier rastro de humanidad en su interior.
Se entregó por completo al trabajo con una furia despiadada. Ejecutó purgas dentro del consejo de la mafia, eliminó a dos familias rivales en ataques relámpago y gobernó su imperio con una tiranía desalmada que infundía terror incluso entre sus colaboradores más cercanos.
Sin embargo, a pesar de su frialdad matemática, la imagen de Elena herida y el eco del latido de ese niño seguían atormentando durante las noches en la mansión vacía, alimentando una rabia ciega que no lograba apagar.
Por su parte, Marcus caminaba con cautela. Aunque había logrado deshacerse de Elena y manipular a su jefe, la presencia cambiante y cada vez más peligrosa de Alexander lo mantenía al borde del abismo. Sabía que mientras Elena mantuviera la boca cerrada, su mentira seguiría en pie... pero no sospechaba que el informe genético secreto estaba a punto de ser procesado en el laboratorio privado del médico.