Cuando U-jin partió al extranjero para convertirse en una abogada impecable y Jeong decidió quedarse a construir desde cero su sueño entre harinas y hornos, ambas creyeron que el tiempo se encargaría de diluir lo que sentían. Durante años, sus vidas transcurrieron en universos paralelos: U-jin conquistando el exigente mundo de las leyes con elegancia y determinación; Jeong convirtiendo su pequeña pasión en la cafetería y repostería más aclamada de la ciudad, mientras intentaba descifrar un vacío en su corazón que ningún éxito lograba llenar.
NovelToon tiene autorización de yangmi_pushia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El precio de las apariencias
El tintineo de las copas de cristal de roca marcaba el ambiente festivo en el restaurante de lujo del centro financiero. Los socios del bufete y los abogados principales celebraban el rotundo éxito del caso corporativo que U-jin había liderado con maestría. La victoria no solo garantizaba un prestigio enorme para la firma, sino que posicionaba a U-jin como una de las abogadas más prometedoras de la ciudad.
U-jin vestía un traje sastre en tono crema que resaltaba su postura refinada. Sonreía con cortesía y agradecía las felicitaciones de sus colegas, sosteniendo su copa de vino blanco. Sin embargo, por dentro, su mente seguía a tres calles de allí, contando las horas para liberarse de los compromisos y buscar a Jeong.
La velada fluía con normalidad hasta que la conversación en la mesa principal dio un giro inesperado. Uno de los socios sénior, un hombre maduro de mirada severa, cortó su corte de carne y bajó la voz con tono confidencial.
—¿Se enteraron de lo que pasó en la firma rival del norte? —preguntó, captando la atención de los presentes—. Terminaron el contrato de una de sus asociadas jóvenes. Resulta que salieron a la luz rumores sobre su vida privada... una relación con otra mujer.
—Una decisión sensata —asintió otro de los abogados, limpiándose las manos con la servilleta—. En este medio, la reputación lo es todo. Los clientes de grandes corporativos buscan solidez y valores tradicionales. Una abogada juzgada por ese tipo de cosas pierde la confianza de los inversionistas. Nadie quiere poner millones en manos de alguien con una vida tan desordenada.
Un murmullo de acuerdo recorrió la mesa. Varios colegas comenzaron a lanzar comentarios despectivos, entre risas disimuladas y prejuicios amargos, etiquetando la orientación sexual como un defecto profesional insalvable.
U-jin sintió cómo el aire se le congelaba en los pulmones. El pulso le comenzó a martillar en las sienes y la calidez del vino se transformó en un nudo helado en el estómago. Bajo la mesa, apretó la servilleta de lino entre sus dedos hasta que los nudillos se le pusieron blancos. La imagen de Jeong —de su toque delicado, de la firmeza de sus manos, de la devoción con la que la había sostenido en la penumbra— cruzó por su mente como un escudo, pero el peso del entorno corporativo la asfixiaba.
De pronto, el socio sénior giró la cabeza hacia ella, fijando sus ojos inquisitivos en su rostro.
—U-jin, tú que te formaste en el extranjero y tienes una visión tan clara del negocio... ¿estarías dispuesta a trabajar o asociarte con gente así? Sabes que en este bufete la imagen es lo primero y no toleramos distracciones que arruinen la cartera de clientes.
La mesa guardó silencio. Todos los rostros se giraron hacia ella, esperando la respuesta de la abogada estrella.
U-jin sintió una presión aplastante en el pecho. La mirada de sus superiores, el miedo a ver destruida la carrera que tanto le había costado construir y el pavor a ser rechazada en su propio entorno la paralizaron por un instante. Guardó sus verdaderos sentimientos en el fondo más oscuro de su alma y, tras una pausa imperceptible, dibujó una sonrisa fría, profesional y calculada.
—Por supuesto que no —dijo U-jin, con una voz impecable que no dejó entrever ni una sola grieta de duda—. Para mí la carrera y el prestigio profesional están por encima de todo. A mí me gustan los hombres, y jamás caería en algo tan desagradable que ponga en riesgo mi trabajo o mi reputación.
Las risas de aprobación y los asentimientos satisfechos volvieron a llenar la mesa. Los socios brindaron por su "madurez y criterio", mientras U-jin daba un trágico sorbo a su copa, sintiendo cómo esas palabras quemaban su garganta y traicionaban de golpe lo más puro que acababa de descubrir en su vida.