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Los Protegeré

Los Protegeré

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Venganza
Popularitas:393
Nilai: 5
nombre de autor: Leandro Martin Diaz

En un pequeño orfanato una niña no sabe que será una de los pocos sobrevivientes y quién era como su madre da la vida par aque ellos puedan escapar.
Decidida y con una promesa echa a la lus de luna, jura proteger a quienes sobrevivieron y a los que la necesiten.

NovelToon tiene autorización de Leandro Martin Diaz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 18: El Bosque Tiembla

Elia se abalanzó contra los encapuchados, su espada chocó contra el arma del primero.

¡CLANG!

El hombre retrocedió varios pasos.

—¡¿Qué demonios...?!

Elia no le dio tiempo.

Giró sobre sí misma y lanzó una patada que lo obligó a apartarse.

Una pequeña esfera de fuego apareció junto a su mano.

La lanzó.

¡BOOM!

El encapuchado levantó una barrera justo a tiempo.

Elia atravesó el humo.

Volvió a atacar.

¡CLANG!

¡CLANG!

Cada golpe era más rápido que el anterior.

Lena observaba desde atrás.

—¡Elia!

No respondió, solo veía a los hombres frente a ella.

Pero entre un ataque y otro, algo apareció en su mente.

Una mesa, un desayuno y Mara frente a ella.

—¿Otra vez tienes hambre?

Elia había asentido.

—Sí.

—Acabas de comer.

—Pero tengo más.

Mara había soltado una carcajada.

—¿Dónde guardas toda esa comida?

—Aquí.

Elia se había señalado el estómago, Mara había sonreído y le había servido un poco más.

El recuerdo desapareció y Elia volvió al presente justo cuando el encapuchado intentaba cortarla.

Ella se agachó, la espada pasó sobre su cabeza.

Elia giró y golpeó al hombre con el mango de su propia espada, el encapuchado cayó de rodillas.

—¡Maldita niña!

Elia levantó la mirada, la palabra "niña" hizo aparecer otro recuerdo.

Una tarde de lluvia, Mara estaba sentada junto a la ventana y Elia había permanecido a su lado.

—Quiero ser aventurera.

Mara había levantado una ceja.

—¿Tú?

—Sí.

—¿Y por qué?

Elia había respondido con total seriedad.

—Quiero proteger a los niños.

Mara había sonreído.

—Entonces tendrás que aprender muchas cosas.

—¿Magia?

—Magia.

—¿Espada?

—También.

Elia había sonreído.

—Lo aprenderé todo.

Mara había colocado una mano sobre su cabeza.

—No tienes que hacerlo todo de golpe.

El recuerdo desapareció.

Elia volvió a atacar, esta vez utilizó una flecha de fuego y el proyectil salió disparado.

El encapuchado la desvió, Elia creó otra y otra.

Tres flechas aparecieron a su alrededor.

—¡Atrás!

Gritó Soren.

Las flechas salieron disparadas, una golpeó el suelo, la otra pasó junto al encapuchado y la tercera impactó contra su barrera.

¡BOOM!

La defensa se agrietó, Elia avanzó.

El segundo encapuchado apareció por un costado.

—¡Cuidado!

Gritó Lena.

Elia giró y una espada descendió.

La bloqueó, la fuerza del impacto hizo que sus pies se hundieran ligeramente en la tierra.

El encapuchado sonrió.

—¿Creías que podías enfrentarnos sola?

Elia empujó su espada.

—No estoy sola.

Barek avanzó un paso.

—Eso es.

Pero Elia ya había vuelto a moverse, el encapuchado lanzó otro golpe.

Elia lo esquivó, entonces escuchó una voz en su cabeza.

Una voz mucho más suave.

—Ser fuerte no significa que tengas que hacerlo todo sola.

Mara, el recuerdo apareció mientras Elia saltaba sobre el ataque.

Por un instante volvió a verla, sentada junto a ella, sonriendo.

Acomodándole el cabello.

El recuerdo desapareció cuando Elia cayó al suelo.

Una lágrima recorrió su mejilla, pero no se detuvo.

El primer encapuchado volvió a atacar, Elia levantó la espada.

¡CLANG!

Sus armas quedaron cruzadas, dl hombre sonrió.

—¿Por qué sigues luchando?

Elia apretó los dientes.

—Porque ella nunca dejó de hacerlo.

Empujó y el hombre salió despedido.

—¿De quién hablas?

Elia lo miró.

Y entonces llegó el recuerdo que más quería olvidar.

La última vez que había visto a Mara.

El miedo, los niños, los gritos y Mara quedándose.

No huyo, no se escondió, los protegió.

Elia recordó sus ojos, su voz, recordó aquella última decisión y recordó que no había podido hacer nada.

El recuerdo terminó y entonces Elia abrió los ojos.

El mana explotó alrededor de su cuerpo.

—¡Ella se quedó para que los demás pudieran escapar!

Una corriente de agua se elevó desde el suelo.

—¡No huyó!

Una llama apareció sobre su hombro.

—¡No los abandonó!

Relámpagos recorrieron sus brazos.

Elia levantó la espada.

—¡Y ustedes se atreven a reírse de ella!

Los encapuchados retrocedieron, Lena se quedó inmóvil, Barek bajó lentamente el martillo y Soren observó la escena con preocupación.

Aquello ya no parecía una simple pelea, Elia estaba luchando con todo lo que tenía.

Pero no por demostrar su fuerza, no por ganar, estaba luchando por alguien que había perdido.

El primer encapuchado levantó ambas manos.

—¡No sabes nada de lo que ocurrió aquella noche!

Elia dio un paso hacia él.

—Entonces hablarás.

Su espada comenzó a cubrirse de agua y fuego al mismo tiempo.

—Después de que termine contigo.

Elia volvió a lanzarse contra ellos.

La espada cubierta de agua y fuego chocó contra el arma del encapuchado.

¡CLANG!

El impacto hizo retroceder a ambos.

El hombre apenas recuperó el equilibrio cuando Elia volvió a avanzar.

Una pequeña esfera de fuego apareció junto a su mano.

La lanzó a pocos metros.

¡BOOM!

El encapuchado levantó una barrera y la explosión iluminó los árboles, Elia atravesó el humo.

Su espada volvió a descender.

—¡Deja de atacarme así!

El hombre bloqueó, el segundo encapuchado apareció por un costado, Elia lo percibió.

Giró sobre sus pies y una descarga eléctrica recorrió su brazo.

El rayo golpeó el suelo delante del hombre y lo obligó a detenerse.

—¡Esta niña...!

Elia volvió a concentrarse en el primero.

Atacó con un corte horizontal.

El encapuchado lo desvió, Ella giró y utilizó el impulso para lanzar una segunda estocada.

Esta vez consiguió rozarle la capa.

—Está mejorando.

Murmuró Soren desde atrás.

Barek apretó el mango de su martillo.

—No solo está mejorando.

Miró el mana que comenzaba a rodearla.

—Está aumentando.

Lena también lo había notado.

—¿Su mana?

Soren asintió.

—Sí.

Elia todavía no se daba cuenta.

Sentía calor en el cuerpo.

Su respiración se había acelerado, pero algo dentro de ella parecía abrirse cada vez más.

Como si una reserva que hasta ese momento había permanecido parcialmente cerrada comenzara a liberar energía.

Elia levantó la espada, una corriente de agua recorrió la hoja.

Después apareció fuego y finalmente pequeñas chispas eléctricas.

Los tres elementos permanecieron alrededor de ella durante unos segundos.

El encapuchado retrocedió.

—¿Cuánto mana tiene esta niña?

Elia escuchó la pregunta pero no dijo nada, solo pensó en Mara y volvió a atacar.

En otra parte del bosque, bastante más lejos de Elia, Orven y Elira permanecían frente a Varek y Sareth.

Los cuatro se observaban en silencio, el terreno entre ellos estaba completamente destruido.

Árboles arrancados.

Tierra quemada.

Rocas partidas.

Elira dio un paso hacia delante.

—¿Son ellos?

Orven asintió.

—Sí.

Varek sonrió.

—Así que finalmente llegó alguien más.

Sareth observó a Elira.

—Interesante.

Elira levantó una mano.

—No pienso dejar que sigan causando problemas.

Orven la miró de reojo.

—No te confíes.

—No pensaba hacerlo.

Ambos reunieron mana.

La presión aumentó.

Varek dejó de sonreír.

Sareth adoptó una postura defensiva.

Por un instante, ninguno de los cuatro se movió.

Entonces Orven avanzó.

Elira hizo lo mismo.

Los dos estaban a punto de chocar contra sus adversarios.

Mientras tanto, en otra zona del bosque, un pequeño zorro de agua corría entre los árboles.

Darven iba detrás.

—No lo pierdan.

Rian apartó una rama.

—¿Está seguro de que este animal sabe dónde está Elia?

Bel respondió.

—Fue creado por ella. Si está siguiendo este camino, debe tener algún propósito.

Mara miró al pequeño zorro.

—Está reaccionando a algo.

El animal se detuvo, levantó la cabeza y después continuó.

Darven aceleró.

—Entonces estamos cerca.

Habían avanzado bastante desde que siguieron la criatura.

Ya podían percibir algo extraño en el aire.

Una presión mágica, Rian se detuvo durante un instante.

—¿Lo sienten?

Bel asintió.

—Sí.

Mara miró hacia los árboles.

—Hay alguien luchando cerca.

Darven apretó la espada.

—Entonces no estamos lejos de Elia.

El zorro continuó corriendo, Elia volvió a sentir que algo dentro de ella cambiaba.

Su corazón latía con fuerza, el mana aumentaba.

Más.

Más.

El agua que había creado comenzó a rodearla sin que tuviera que concentrarse tanto.

El fuego se mantenía encendido con mayor facilidad, las chispas eléctricas recorrían sus brazos.

Soren abrió los ojos.

—Eso no es normal.

Barek lo miró.

—¿Qué ocurre?

—Su reserva acaba de aumentar.

Lena observó a Elia.

—¿Cuánto?

Soren tardó unos segundos en responder.

—No estoy seguro.

Entonces sintió otra expansión.

El aire vibró.

Las hojas comenzaron a elevarse.

Elia levantó la cabeza.

Por primera vez, pudo sentir claramente una segunda reserva de mana dentro de ella.

No era simplemente que tuviera más energía, era como si hubiera cruzado un límite.

Una barrera interna.

Su respiración se detuvo.

—¿Qué...?

Elia llevó una mano al pecho.

Durante un instante sintió dos corrientes distintas.

La primera era familiar, la segunda era nueva.

Más profunda.

Más abundante.

Su mana acababa de alcanzar un segundo nivel.

Elia no sabía cómo había ocurrido.

Pero lo sintió y sintió algo más.

Podía seguir luchando.

Sin agotarse.

Todavía no.

El encapuchado aprovechó su distracción y se lanzó contra ella.

—¡Ahora!

Elia levantó la espada.

¡CLANG!

Bloqueó el golpe.

Esta vez no retrocedió.

El hombre abrió los ojos.

—¿Qué...?

Elia empujó, el encapuchado salió despedido.

Elia se quedó mirando sus propias manos.

Ahora comprendía que algo había cambiado.

No sabía qué significaba, no sabía cómo había conseguido alcanzar aquel nuevo nivel.

Pero podía sentir el mana fluyendo con una fuerza que nunca había experimentado.

Y todavía tenía delante a los responsables de aquellas palabras, Elia volvió a levantar la espada.

—Ahora sí.

El agua comenzó a girar alrededor de sus pies, el fuego se elevó por su brazo.

Los relámpagos recorrieron su espada.

A poca distancia, los aventureros continuaban siguiendo al pequeño animal mágico.

Más lejos, Orven y Elira estaban a punto de iniciar su propio combate.

Tres grupos, tres batallas.

El agua continuaba girando alrededor de los pies de Elia.

Las llamas se mantenían sobre sus brazos y pequeñas descargas recorrían la espada.

A varios metros de allí, el pequeño zorro de agua continuaba avanzando entre los árboles, seguido por Darven, Rian, Bel, Mara y compania.

Pero mucho más lejos, otra batalla estaba a punto de comenzar, Orven sostuvo su espada con firmeza.

Elira permanecía a su lado, frente a ellos Varek y Sareth habían dejado de sonreír.

Durante unos segundos nadie se movió, el viento pasó entre los árboles destruidos.

Entonces Varek desapareció, Orven levantó la espada.

¡CLANG!

El impacto resonó por el bosque, Elira reaccionó inmediatamente cuando Sareth apareció frente a ella.

Su armadura mágica absorbió parte del golpe, pero aun así tuvo que retroceder.

—No te separes demasiado.

Advirtió Orven.

—Lo sé.

Elira giró sobre sí misma y respondió con un corte.

Sareth lo esquivó por poco.

Una corriente de energía salió despedida de la espada de Elira y partió varias ramas detrás de él.

—Nada mal.

Dijo Sareth.

—Todavía no has visto nada.

Elira volvió a avanzar, mientras tanto , Orven, intercambiaba golpes con Varek.

La diferencia de experiencia era evidente, Orven no desperdiciaba movimientos y cada paso tenía un propósito.

Cada defensa preparaba el siguiente ataque, Varek intentó sorprenderlo con una descarga oscura.

Orven levantó una barrera y la energía chocó contra ella, y se dispersó.

—Sigues siendo rápido.

Comentó Varek.

—Y tú sigues hablando demasiado.

Orven desapareció, Varek apenas consiguió reaccionar y una espada apareció frente a su rostro.

La bloqueó, el choque produjo una onda de presión que levantó polvo y hojas.

A unos metros, Elira aprovechó la distracción, concentró mana en sus piernas.

Su armadura brilló, se impulsó hacia Sareth y apareció a su espalda.

—Te tengo.

Sareth giró.

—Eso crees.

Ambos cruzaron sus espadas.

El choque los separó, Elira cayó de pie, Sareth igual y los dos se observaron.

—Eres mejor de lo que esperaba.

Admitió él.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Lo tomaré como uno.

Sareth sonrió, entonces su mana aumentó, Elira sintió inmediatamente la diferencia.

—Orven...

—Lo sé.

Varek también había liberado más poder.

La presión mágica comenzó a extenderse por el bosque.

Las ramas temblaron, las piedras pequeñas se desplazaron y Orven entrecerró los ojos.

—Así que estaban conteniéndose.

—Nosotros también.

Respondió Varek.

Los cuatro volvieron a moverse.

Esta vez el combate fue mucho más rápido.

Espadas chocando, barreras apareciendo y desapareciendo.

Descargas mágicas atravesando el espacio entre los árboles, Elira consiguió golpear a Sareth en el hombro, pero él utilizó el impulso para girar y lanzar una onda que la obligó a cubrirse.

Orven bloqueó dos ataques consecutivos de Varek, pero un tercero consiguió hacerlo retroceder.

—¿Qué están buscando?

Preguntó Orven.

Varek sonrió.

—No estamos aquí por ti.

Orven frunció el ceño.

—Entonces, ¿por quién?

Varek no dijo mas y aquella falta de respuesta confirmó algo que Orven llevaba tiempo sospechando.

Aquella batalla era una distracción, pero antes de que pudiera seguir preguntando, una sensación extraña recorrió su cuerpo.

Orven se detuvo por una fracción de segundo, Elira lo notó.

—¿Qué ocurre?

Orven no dijo nada, había sentido una presencia.

Lejana pero familiar, su expresión cambió y no era simplemente una gran cantidad de mana.

Era una firma que conocía, una energía que había visto crecer durante meses.

—No...

Elira miró hacia él.

—¿Orven?

Orven levantó lentamente la cabeza a través de los árboles, muy lejos de allí, una presión comenzó a extenderse.

No parecía pertenecer a ninguno de los cuatro que estaban luchando.

Era diferente, más inestable, más emocional y estaba creciendo rápidamente.

Elia seguía frente a los dos encapuchados, uno de ellos la observaba con una sonrisa.

—¿Quieres saber qué ocurrió realmente con esa mujer?

Elia se quedó quieta, Lena levantó la cabeza.

—No le hagas caso.

Pero el hombre continuó.

—Era mucho más valiente de lo que esperaba.

El segundo encapuchado soltó una risa.

—Sí. Intentó protegerlos hasta el final.

Elia apretó la espada.

—Cállate.

—¿Por qué? ¿No quieres saberlo?

El hombre inclinó la cabeza.

—Se resistió.

El otro se rio.

—Y aun así no pudo salvarse.

Elia respiró profundamente, el agua alrededor de sus pies comenzó a moverse con violencia.

—Cállate.

—Podría contarte cuánto sufrió antes de morir.

Lena dio un paso hacia delante.

—¡No sigas!

Pero Elia levantó una mano, no para detener al encapuchado sino para impedir que Lena se acercara.

Sus dedos temblaban, los recuerdos de Mara comenzaron a aparecer nuevamente.

Su sonrisa, su voz, los días tranquilos, la promesa y finalmente aquella noche.

Elia bajó la cabeza.

—Ella...

Su voz se quebró.

—Ella solo quería protegernos.

El encapuchado sonrió.

—Y no fracasó.

Algo cambió, el aire dejó de moverse y durante un instante, todo quedó completamente silencioso.

Después el mana de Elia explotó, una presión invisible recorrió el bosque.

Las hojas se levantaron, los árboles crujieron, los animales huyeron y los aventureros que seguían al pequeño zorro se detuvieron.

Darven abrió los ojos.

—¿Qué fue eso?

Rian sintió un escalofrío.

—Mana.

Mara Veyra miró hacia adelante.

—Eso no puede ser normal.

El pequeño zorro se detuvo, su cuerpo de agua comenzó a temblar y entonces muy lejos de allí, Orven sintió aquella misma presión.

Sus ojos se abrieron, ahora estaba seguro conocía esa energía y esa presencia.

—Elia...

Elira lo miró.

—¿Es ella?

Orven no dijo nada, la presión volvió a aumentar.

Esta vez fue mucho más intensa, Orven sintió algo que jamás había percibido en Elia.

No era simplemente ira, era una furia descontrolada y una sed de sangre tan intensa que atravesaba el bosque como una advertencia.

Elia levantó lentamente la cabeza, sus ojos habían perdido su color y ahora eran completamente blancos.

El agua flotaba a su alrededor, el fuego ardía sin consumir nada, los relámpagos recorrían su cuerpo y los dos encapuchados dejaron de reír.

Por primera vez, parecían inseguros, Elia no dijo nada solo los miró y Orven apretó la espada.

—Tenemos que ir allí.

Varek apareció frente a él.

—No tan rápido.

Orven lo miró y su expresión había cambiado.

Ya no estaba concentrado únicamente en la batalla, ahora sabía que Elia estaba en peligro y sabía que si no llegaba a tiempo, aquella furia podía terminar destruyendo mucho más que a los enemigos que tenía delante.

—Apártate.

Varek sonrió.

—Oblígame.

Orven levantó lentamente su espada, Elira se colocó a su lado y mientras la presencia de Elia seguía creciendo en algún lugar del bosque, los cuatro volvieron a enfrentarse.

—Oblígame.

La sonrisa de Varek apenas terminó de formarse cuando Orven desapareció frente a él. El choque de las espadas se escuchó entre los árboles y una onda de presión levantó polvo, hojas y pequeños fragmentos de corteza.

Varek consiguió mantenerse en pie, pero sus pies dejaron dos surcos profundos en la tierra mientras retrocedía varios metros.

Orven no le dio tiempo para recuperar la posición, avanzó con una velocidad que hizo que Elira apenas pudiera seguirlo con la mirada y descargó otro golpe, esta vez acompañado por una corriente de mana que hizo vibrar la hoja.

Varek lo bloqueó y el impacto sacudió el bosque.

—Sigues preocupándote demasiado por ella.

Dijo Varek mientras detenía el siguiente ataque.

—Incluso ahora puedes sentirla, ¿verdad?

Orven no respondió, sus ojos permanecían fijos en su adversario, pero una parte de su atención seguía dirigida hacia la presencia de Elia que había percibido a la distancia.

Aquella energía continuaba creciendo y cada segundo que pasaba le producía una sensación más incómoda.

Elira, por su parte, ya no estaba esperando instrucciones, su armadura mágica cubría su cuerpo como una segunda piel y pequeñas líneas de energía recorrían sus brazos y piernas. Sareth intentó alcanzarla con un corte diagonal, pero ella se inclinó hacia atrás y dejó que la espada pasara por encima de su cabeza.

Aprovechó el movimiento para girar y lanzar una descarga que atravesó el espacio entre ambos.

Sareth levantó una barrera.

El relámpago golpeó la defensa y la hizo estallar en una lluvia de fragmentos de energía.

—Nada mal.

Murmuró.

Elira apareció delante de él antes de que pudiera terminar de hablar. Su espada chocó contra la suya y esta vez, Sareth fue quien tuvo que retroceder.

Elira continuó presionándolo con movimientos rápidos, alternando ataques físicos con pequeñas ráfagas mágicas que obligaban a su enemigo a cambiar constantemente de posición.

—No voy a dejar que llegues hasta Orve.

Dijo.

Sareth sonrió.

—No necesito llegar hasta él.

Una corriente de mana oscuro apareció alrededor de su cuerpo.

Elira sintió el cambio y retrocedió inmediatamente.

Sareth golpeó el suelo con una mano.

La tierra se abrió.

Una grieta avanzó hacia Elira como una serpiente y ella saltó justo antes de que alcanzara sus pies.

Al caer, utilizó la propia energía de su armadura para impulsarse hacia un árbol, apoyó un pie contra el tronco y cambió de dirección en pleno movimiento. Su espada descendió desde un ángulo inesperado.

Sareth consiguió bloquearla, pero el impacto hizo que su rodilla tocara el suelo.

—Ahora sí estás peleando en serio.

Dijo Elira.

—Tú también.

A unos metros, Orven y Varek volvieron a separarse después de otro intercambio, Varek tenía una pequeña herida en el brazo, pero no parecía preocupado.

Al contrario, su expresión había adquirido una tranquilidad extraña.

—Siete círculos.

Murmuró Orven.

Varek levantó la mano.

El cielo sobre aquella parte del bosque comenzó a oscurecerse.

Las nubes se reunieron rápidamente y una presión eléctrica descendió sobre los árboles.

Orven no esperó.

—Elira, aléjate.

Ella entendió inmediatamente y Sareth también.

Los dos se separaron justo cuando un enorme relámpago descendió desde las nubes.

El impacto hizo temblar el suelo.

Varek extendió ambas manos y creó una esfera protectora alrededor de su cuerpo.

El rayo golpeó la barrera y la energía se extendió por los árboles cercanos, iluminando todo el bosque durante un instante.

Cuando la luz desapareció, Varek seguía de pie, aunque la barrera se había agrietado.

Orven ya estaba delante de él.

Su espada chocó contra la esfera.

Una vez.

Dos.

A la tercera se quebró.

Varek salió despedido y atravesó varios metros de vegetación antes de detenerse contra un tronco.

Se levantó lentamente y se limpió la sangre que había aparecido en la comisura de sus labios.

—Así que finalmente dejaste de contenerte.

Orven avanzó.

—No tengo tiempo para esto.

—Precisamente por eso vas a perder.

Varek levantó la mano y al mismo tiempo, Sareth apareció junto a él.

Elira se dio cuenta de inmediato de lo que estaban haciendo.

—¡Orven!

Ambos encapuchados unieron sus manos y el mana comenzó a concentrarse entre ellos.

El aire se volvió pesado y una esfera de energía comenzó a crecer, alimentada por las dos reservas mágicas.

Orven observó la técnica durante apenas un segundo.

—Apártate.

—¿Qué?

—Ahora.

Elira obedeció.

Orven clavó la espada en el suelo y extendió una mano, el mana comenzó a acumularse alrededor de su cuerpo, primero como una corriente tenue y después como una presión cada vez más intensa. La tierra bajo sus pies empezó a resquebrajarse.

—Magia de siete círculos...

Elira abrió los ojos.

No había terminado de escuchar el nombre cuando la energía de ambos bandos chocó.

El bosque entero pareció contener el aliento.

La esfera de Varek y Sareth salió disparada.

Orven respondió con una enorme corriente de energía que atravesó el terreno.

¡BOOOOM!

La colisión sacudió la zona.

Árboles enteros se doblaron bajo la onda expansiva y las hojas salieron despedidas en todas direcciones, Elira tuvo que cubrirse el rostro mientras retrocedía varios metros.

Más lejos, un grupo de aventureros que avanzaba siguiendo al pequeño animal de agua se detuvo al sentir el impacto.

Darven miró hacia los árboles.

—Eso estuvo mucho más cerca.

Rian respiró profundamente.

—La energía viene de dos direcciones.

Bel señaló al pequeño zorro.

—¿Y él?

El animal había vuelto a moverse.

Mara Veyra lo siguió con la mirada.

—No se detendrá hasta encontrar a Elia.

Darven apretó el paso.

—Entonces nosotros tampoco.

Los cuatro continuaron avanzando y cada vez estaban más cerca.

Mientras tanto, en el lugar de la explosión, Orven salió entre el humo con la espada todavía en la mano.

Elira apareció unos metros detrás de él y observó cómo Varek y Sareth también se levantaban.

Ninguno había caído.

Varek respiró lentamente.

—Esto empieza a ser interesante.

Sareth se colocó nuevamente en posición.

Orven miró hacia ellos y después, durante un instante, hacia la dirección donde sentía la presencia de Elia.

Su preocupación volvió a crecer.

—Tenemos que terminar esto.

Elira se colocó a su lado.

—Entonces terminémoslo.

Varek sonrió.

—Inténtenlo.

Los cuatro volvieron a moverse al mismo tiempo.

Orven y Varek chocaron de frente, mientras Elira y Sareth desaparecían entre los árboles en una ráfaga de energía.

El estruendo de sus armas volvió a extenderse por el bosque, y los aventureros que seguían al pequeño zorro continuaron acercándose cada vez más al lugar donde se encontraba Elia.

Orven y Varek volvieron a encontrarse en medio del bosque. Esta vez ninguno intentó medir al otro, sus espadas chocaron con una violencia que hizo vibrar el suelo y cuando se separaron, ambos volvieron a avanzar al mismo tiempo.

Varek lanzó un corte directo al cuello, Orven inclinó la cabeza y la hoja pasó a escasos centímetros.

Orven respondió con un golpe al costado, pero Varek cruzó el antebrazo y bloqueó el impacto con una protección mágica. El choque los separó y abrió un hueco entre los dos.

Varek recuperó la postura y sonrió.

—Ya no estás jugando.

—Nunca estuve jugando.

Orven desapareció de su campo de visión, Varek apenas alcanzó a levantar la espada antes de recibir el siguiente golpe.

El impacto lo obligó a retroceder, pero en lugar de detenerse utilizó el impulso para girar y lanzó una patada que Orven bloqueó con el brazo, Varek intentó aprovechar la distancia corta y atacó nuevamente, ambos intercambiaron golpes a una velocidad que hacía difícil distinguir cada movimiento.

Espada contra espada, codo contra antebrazo y rodilla contra una barrera mágica, ninguno conseguía dominar completamente al otro.

Varek intentó clavar la espada, Orven desvió la hoja, sujetó su muñeca y lo hizo girar sobre sí mismo antes de lanzarlo contra el suelo, Varek consiguió apoyar una mano y detener la caída, pero Orven ya estaba encima de él.

Una descarga eléctrica recorrió la espada y cayó hacia abajo.

Varek creó una barrera justo a tiempo y el impacto abrió un cráter.

La tierra se levantó alrededor de ambos y varios árboles se inclinaron por la presión.

Varek salió de la nube de polvo con una expresión mucho más seria.

—Entonces tendremos que dejar de contenernos.

Extendió ambas manos.

El cielo comenzó a oscurecerse, no eran simples nubes, el mana de Varek se extendió por encima del bosque y empezó a absorber la luz que atravesaba las ramas.

Decenas de círculos mágicos aparecieron sobre el terreno, superpuestos unos sobre otros.

Orven levantó la mirada.

—Magia de octavo círculo...

Varek sonrió.

—Prisión del Abismo.

Los círculos descendieron y columnas de energía oscura cayeron alrededor de Orven cerrando el espacio como una gigantesca jaula.

El terreno comenzó a hundirse bajo la presión.

Orven permaneció inmóvil durante unos segundos, después cerró los ojos y su mana empezó a expandirse.

Primero fue una corriente, luego una presión y finalmente una enorme cantidad de energía envolvió su cuerpo.

—Magia de noveno círculo.

Los ojos de Varek se abrieron, Orven levantó una mano.

—Dominio del Cielo.

La oscuridad desapareció.

Una luz intensa atravesó las nubes y una red de energía se extendió sobre el bosque.

Las columnas creadas por Varek comenzaron a romperse una tras otra hasta que la prisión completa colapsó.

La explosión fue tan poderosa que la onda expansiva atravesó los árboles durante cientos de metros.

En otra zona del bosque, Elira levantó la cabeza al sentir el impacto.

—Ese fue Orven.

Sareth aprovechó la distracción y lanzó un ataque, pero Elira alcanzó a bloquearlo.

—No mires hacia otro lado.

—Ya lo sé.

Elira volvió a concentrarse y Sareth sonrió, y aumentó su mana.

—Entonces pelea.

Ambos se lanzaron al mismo tiempo.

Las espadas chocaron en el aire.

Elira giró y utilizó una corriente de viento para cambiar de dirección, Sareth respondió con una descarga que destruyó el árbol donde ella había estado un instante antes, Elira cayó sobre otra rama, se impulsó nuevamente y apareció frente a él.

Su espada descendió pero Sareth la bloqueó.

El impacto hizo que ambos cayeran al suelo, Elira rodó, se levantó y extendió ambas manos.

Varios círculos mágicos aparecieron detrás de ella.

Sareth frunció el ceño.

—¿Otra vez?

—Todavía puedo hacerlo.

El aire comenzó a vibrar.

—Magia de octavo círculo: Lanza Celestial.

Una gigantesca columna de energía descendió desde las nubes.

Sareth levantó una barrera, la magia impactó y la luz cubrió los árboles.

La barrera comenzó a agrietarse, Sareth reunió todavía más mana y consiguió sostenerla durante unos segundos, pero Elira aumentó la potencia del hechizo.

La defensa finalmente cedió.

La explosión recorrió el bosque.

Los árboles se doblaron y una enorme nube de polvo se elevó hacia el cielo.

A varios cientos de metros de allí, Orven sintió aquella explosión.

Giró ligeramente la cabeza.

—Elira...

Varek aprovechó el instante para atacar, Orven bloqueó el golpe, pero la fuerza lo hizo retroceder.

—No puedes preocuparte por todos al mismo tiempo.

Dijo Varek.

Orven volvió a mirarlo.

—No necesito hacerlo.

Su espada brilló.

—Solo necesito terminar contigo.

Mucho más cerca de Elia, los aventureros seguían avanzando detrás del pequeño zorro de agua. La explosión que acababan de sentir hizo temblar el suelo bajo sus pies.

Darven se detuvo un instante.

—¿Eso vino de donde está Orven?

Mara miró hacia las copas de los árboles.

—Probablemente.

Otra explosión iluminó el cielo a lo lejos.

Esta vez provenía de una dirección diferente, Rian abrió los ojos.

—¿Otra?

Bel apretó el arma.

—No es una sola batalla.

Darven miró al pequeño animal.

—Y nosotros estamos justo entre ellas.

El zorro de agua continuó corriendo sin detenerse, Darven sonrió con tensión.

—Entonces estamos cada vez más cerca de Elia.

Aceleraron.

En el claro, Elia seguía frente a los dos encapuchados.

Su segundo nivel de mana continuaba abierto y la energía alrededor de su cuerpo parecía volverse más densa con cada segundo.

Agua, fuego y rayos se manifestaban casi al mismo tiempo, mientras sus ojos completamente blancos permanecían fijos en los enemigos.

Uno de los encapuchados levantó una barrera.

Elia extendió una mano y una docena de pequeñas esferas de fuego aparecieron a su alrededor.

Con un movimiento de sus dedos, todas salieron disparadas, las explosiones fueron una detrás de otra hasta que la defensa comenzó a ceder.

El segundo enemigo intentó aprovechar el humo para acercarse pero una criatura de agua apareció delante de él.

La destruyó de un golpe, pero otra surgió detrás, la golpeó también y una tercera se convirtió en una corriente que rodeó sus piernas.

—¡¿Cuántas invocaciones puede mantener?!

Elia creó una espada de agua en su mano izquierda mientras mantenía la verdadera en la derecha.

Avanzó y el encapuchado atacó, Elia bloqueó, giró sobre sí misma y utilizó la segunda espada para golpear su defensa desde otro ángulo.

El hombre retrocedió, Elia volvió a avanzar, cada movimiento era más rápido y cada golpe llevaba más fuerza.

Entonces una nueva explosión sacudió el bosque, Elia se detuvo durante una fracción de segundo.

Miró hacia el cielo.

A lo lejos, una enorme columna de luz había atravesado las copas de los árboles.

No sabía quién había lanzado aquel hechizo, pero aquella energía era diferente a la de sus enemigos.

Los aventureros que se acercaban también la habían sentido y Darven apretó el paso.

—¡Ya casi estamos!

Elia volvió a mirar a los encapuchados.

Uno de ellos soltó una pequeña carcajada.

—Parece que tus amigos también están luchando.

El otro levantó su arma.

—Quizá deberíamos terminar contigo antes de que lleguen.

Elia bajó lentamente la espada, entonces el fuego comenzó a crecer alrededor de ella, el agua se elevó desde el suelo.

Varias chispas descendieron desde las nubes.

—No van a llegar tarde.

La presión de su mana volvió a aumentar.

En la otra parte del bosque, Orven y Varek chocaron nuevamente.

El impacto produjo una explosión que recorrió los árboles.

Casi al mismo tiempo, una segunda detonación llegó desde la dirección donde se encontraba Elia.

Orven sintió ambas, una pertenecía a Elira.

La otra...

A Elia.

Por primera vez, su expresión mostró verdadera preocupación.

—Su mana sigue aumentando.

Varek sonrió.

—Y tú sigues perdiendo la calma.

Orven levantó la espada.

—No confundas preocupación con miedo.

Su mana comenzó a expandirse otra vez.

El terreno bajo sus pies se resquebrajó, Varek también liberó su poder.

En la distancia, Elira volvió a levantar su espada mientras Sareth emergía del humo.

Y mucho más cerca de Elia, los aventureros finalmente atravesaron la última línea de árboles.

Darven fue el primero en ver el claro.

—¡Ahí!

Todos levantaron sus armas.

Pero antes de que pudieran avanzar, una nueva explosión surgió frente a ellos.

El bosque entero se iluminó.

La onda expansiva los obligó a cubrirse y Mara entrecerró los ojos.

—Tenemos que entrar ahora.

Darven asintió.

—Vamos.

Mientras los aventureros avanzaban hacia Elia, otra gigantesca explosión retumbó en algún lugar lejano del bosque.

Orven la sintió, Elira también y Elia, todavía rodeada por sus enemigos, levantó lentamente la mirada mientras su mana continuaba creciendo.

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